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Es una polémica que trasciende al medio en el que tiene lugar: ¿Hasta qué punto un discurso de “fantasía” puede ser catalogado como una ofensa o un delito pasible de ser castigado? El dilema involucra cientos de casos en los que entran en colisión la libertad de expresión, la privacidad y los atentados al honor y la seguridad personal.
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Esta vez el debate surgió luego que un policía en Nueva York fuera enjuiciado a fines de febrero al descubrirse que mantenía cientos de charlas online en las que declaraba sus gustos por secuestrar, matar y comerse mujeres.
Gilberto Valle es un agente de la Policía de Nueva York pero nunca hizo lo que proclamaba online. Sin embargo a partir de ahora será conocido durante mucho tiempo como el “policía caníbal”, luego que los fiscales del caso le quieren procesar por “premeditación y planificación para raptar, violar, asesinar y canibalizar un número muy real de mujeres”, entre las que figura su propia esposa.
Pero mientras las mujeres eran reales la pregunta que plantea la polémica es: ¿salieron los planes alguna vez del pensamiento y la expresión de Valle? En todo caso, ¿No podría tratarse de una arista más del derecho a expresarse libremente, aunque sea en salas de chat en Internet?
Los fiscales argumentan que en el caso la evidencia (historiales de chat con decenas de otras personas que compartían sus gustos en la web) marca una “clara predeterminación”. Los abogados defensores sostienen que era una mera fantasía y que nunca pretendió pasar de eso.
El caso plantea entonces si las conversaciones privadas que uno mantiene por Internet son pasibles de ser usadas como única evidencia para condenar a una persona. En el caso de Valle las posiciones se dividen a uno y otro lado de la borrosa línea que separa la realidad de la fantasía.
Secuestro y caníbales.
La evidencia revela que Valle había discutido sus supuestas intenciones con gran detalle y durante varios meses con individuos que compartían su forma de pensar en salas y foros virtuales.
Con uno, Michael Van Hise, llegó a contactarse para entregarle una mujer atada y amordazada en determinada fecha por la suma de U$S 5.000. Sin embargo, el hecho nunca llegó a concretarse. Van Hise también enfrenta cargos.
Valle también chateaba con un contacto británico: “Moody Blues” era su apodo. Con ese individuo el policía discutió los planes para raptar y comerse a su compañera de trabajo Kimberly.
“Moody Blues” se presentaba a sí mismo como un experimentado caníbal que ya había matado y comido a dos mujeres. En sus charlas se mostraba ansioso de llegar a Estados Unidos para participar en el crimen que planeaba con Valle.
A principios de marzo arrestaron al usuario, se trataba de Dale Bolinger, un enfermero de 57 años de la ciudad inglesa de Kent, quien también argumenta que era todo fantasía “uno va online y dice estupideces y charla sobre estupideces, pensando que es gracioso”, dijo a los medios en su declaración.
Posiciones de ambos lados.
El juicio ha disparado decenas de debates periodísticos. El diario estadounidense “The New York Times” habilitó el miércoles 6 un blog de comentarios sobre el tema con una base de seis columnas de opinión a favor y en contra de encarcelar al policía.
“¿Cuál es la diferencia entre la protección del discurso y amenazas que requiere acción legal? fue la interrogante sobre la que los columnistas debatieron al respecto.
“Quizás el argumento más famoso para limitar la Primera Enmienda (que garantiza las libertades civiles de asociación, expresión, culto y discurso) fue la del Juez Oliver Wendell, que en 1919 sostuvo que incluso la protección más irrestricta de la libertad de expresión no cubría a un hombre que deliberadamente mintiera y gritara “fuego” en un teatro repleto, sostuvo Sarah Chayes, la columnista en representación de la Fundación Carnegie, una ONG que promueve los derechos civiles y la paz a nivel internacional.
Para Chayes, “incitar a la violencia puede cruzar la línea”. Sostuvo que en este caso “puede ser debatible”, pero en el ejemplo del video parodiando a la religión musulmana que se difundió recientemente “bien puede encuadrarse afuera del discurso protegido”.
“Una verdadera amenaza debe ser procesada”, opinó en su columna Dan Emmett, un ex agente en el Servicio Secreto encargado de proteger al presidente de Estados Unidos. Basado en su experiencia explicó en su columna que el presidente recibe cientos de amenazas y que todas son tomadas muy en serio, pero que apenas unas pocas llevan al procesamiento del autor “cuando se entiende que sí dispone de los medios para hacerlo”.
En este caso existe una ley que habilita a penar a todo aquel que amenace al presidente, pero Emmett señala que tal normativa “debe ser interpretada con la Primera Enmienda de la Constitución en mente”.
“Uno quiere proteger al presidente, pero también la libertad de expresión”, agregó. Sobre el caso del caníbal el ex agente deja librado el caso al “buen juicio” de los fiscales, aunque reconoce que tienen el “enorme poder de privar a una persona de su libertad solo por sus dichos”.
El consejero legislativo y asesor de la Unión Americana de Libertades Civiles, Gabe Rottman, sostuvo que en Estados Unidos “tenemos el derecho de decir y pensar cosas muy perturbadoras”.
“La Primera Enmienda nos exige que toleremos lo muy malo en orden de proteger lo impopular, pero bueno”, dijo Rottman, para agregar que en el caso Valle debería existir “evidencia sustancial de que fuera a realizar de verdad los actos”.
Mientras, el editor y politólogo Jeffrey Feldam es de la idea de que Valle debe ser condenado: “Cuando un oficial de policía va online para comentar sus fantasías sobre raptar y canibalizar a mujeres no es solo perturbador. Es una amenaza a nuestra cultura política, al espacio público y nuestro sistema de gobierno”, sostuvo.
Agregó que no es un caso aislado y que la fuerza pública está “para garantizar la convivencia”, ante lo cual “la violencia retórica por oficiales públicos debería ser vista como un problema cívico con remedios legales: la corte debería intervenir activamente para frenarlo”, dijo.