Corría el 2011 cuando Phoebe Philo, en aquel momento directora creativa de Céline, presentaba su más reciente colección compuesta por piezas elegantes en una paleta clásica de colores neutros, azules y marrones. Luego de que las modelos hicieran sus pasadas, como es costumbre en los desfiles, la diseñadora salió de bambalinas a saludar. Philo vestía una sencilla pero refinada polera gris oscuro, pantalones negros a la cadera y unas zapatillas blancas. El contraste de las prendas formales con el calzado deportivo resultó revolucionario y así los championes empezaron su transición a objeto chic. Es que cuando Phoebe Philo habla, el mundo de la moda escucha con atención.
Pero no solo para conocedores de la moda las zapatillas se convirtieron en la epítome del estilo, sino que llegó a ser una cuestión masiva. Sí, se las puede ver a las afueras de las semanas de la moda o en las pasarelas, pero también en las calles o en las oficinas. Hoy los championes trascendieron sus orígenes deportivos y existen muy pocos ámbitos –tal vez en los estudios de abogados o en una boda– en los que las zapatillas no estén dentro del código de lo aceptable.
EL CALZADO MÁS POPULAR. En cierto sentido, los championes atravesaron un resignificación similar a los jeans, que pasaron de ser una prenda utilitaria usada por mineros y cowboys a ser el uniforme no oficial de subculturas como el punk en los 70 a, luego, dar el salto a la masividad hasta convertirse en una prenda omnipresente, usada a diario en prácticamente todos los ámbitos. En el caso de las zapatillas, la historia comenzó sobre 1890, cuando se crearon los primeros modelos, que consistían en una simple suela de goma con una capellada de lona —que al parecer no eran demasiado cómodos— y que luego se fueron perfeccionando. Dos de las marcas pioneras en este tipo de calzados fueron Keds y Converse, que continúan produciéndolos en la actualidad. En 1917, Converse lanzaría el modelo que lo cambiaría todo: los All Stars, que hasta el día de hoy permanecen prácticamente inalterados. Su silueta es fácilmente reconocible: clásica, práctica y versátil. Es la zapatilla más vendida de la historia (hoy en día en manos de Nike).
Al mismo tiempo que surgían los primeros modelos de championes, nacía el básquetbol en Springfield, Massachusetts, un deporte que luego estaría íntimamente vinculado al desarrollo del calzado deportivo a lo largo de la historia. En su tiempo libre, Charles Chuck Taylor jugaba al básquetbol de forma semiprofesional, lo que lo convirtió en una persona popular en su estado. Aunque el deporte era un hobby, en realidad trabajaba como vendedor para Converse y como tal usaba los All Stars en la cancha. Pero el modelo le resultaba un poco incómodo, entonces, aprovechando sus contactos en la compañía sugirió algunas modificaciones, como una plantilla de goma para tener más amortiguación, y dos orificios para permitir que el pie respire. En 1921 nacieron las Chuck Taylor All Stars, las primeras zapatillas “auspiciadas” por un famoso. Para la década de los 50 se habían convertido en el estándar para jugadores de básquetbol en los colegios, universidades y en las ligas profesionales. Más adelante, al pasar al ámbito artístico, formaron parte del uniforme de Kurt Cobain, George Harrison, Ramones, Slash, Rocky Balboa y The Strokes, entre otros.
Mientras tanto, en Alemania, en 1924, surgiría otra empresa que se convertiría en la gran competencia de Converse: Adidas, creada por Adi Dassler con el objetivo de hacer el mejor calzado para deportistas. En los Juegos Olímpicos de 1936, Dassler visitó al atleta estadounidense Jesse Owens y lo convenció de que corriera con uno de sus modelos, lo que se convirtió en el primer patrocinio para un atleta afroamericano. Owens ganó cuatro medallas de oro con el calzado de Adidas, que llevaba las cuatro rayas que luego se transformarían en un icono de la compañía. Años —y peleas— después, el hermano de Adi, Rudolf, creó Puma.
Hasta la primera mitad del siglo XX, los championes estuvieron circunscriptos a los deportistas, pero sobre la década de los 60 algunos jóvenes comenzaron a adoptarlo como un elemento de moda, sobre todo después de ver a la estrella de la época, James Dean, protagonista de Rebelde sin causa, usándolos. En los 70 empezó el furor de la gimnasia aeróbica en casa y se afianzó el concepto de que “cualquiera puede ser deportista”, generalizando el uso de ese tipo de indumentaria, desde el calzado hasta los pantalones de jogging. Nike, una joven empresa, detectó esta nueva moda y de la mano de la celebridad Farrah Fawcett lanzó los Cortez, que fueron un éxito de ventas.
Sin embargo, el salto definitivo a la masividad se dio recién en la década de los 80 y el básquetbol volvió a tener un rol determinante. Adidas lanzó sus primeros modelos de cuero y gamuza en una gran variedad de colores y rápidamente fueron adoptados por jugadores profesionales y entusiastas del deporte. Nike, por su parte, se arriesgó con una colaboración con una estrella incipiente de la NBA: Michael Jordan. En 1984 lanzaron los Air Jordans, que se convirtieron en un éxito inmediato. Estos championes —codiseñados por Tinker Hatfield, histórico diseñador de Nike— se convirtieron en modelos de culto, con 33 nuevas versiones y coleccionistas alrededor del mundo. En 1986 el hip hop se volvió un elemento central para el marketing de los championes: el grupo Run-DMC publicó la canción My Adidas, una oda a los Adidas Superstar, que al ser cantada en vivo incentivaba a los espectadores a levantar su par de Adidas en el aire. Esto marcó el comienzo de una fructífera relación entre los artistas y las marcas deportivas. Muchos señalan esta década y a la siguiente como la época dorada de los championes, en la que nació una subcultura de fanáticos, dispuestos a hacer largas colas con tal de conseguir el último lanzamiento de su marca favorita. El rédito económico del nicho y la competencia entre las principales marcas (Adidas, Puma, Reebok y Nike) hicieron esta era prolífica en cuanto a rediseños y avances tecnológicos.
UN NUEVO FUROR. Durante los siguientes 30 años, el mercado de los championes continuó creciendo de forma estable, con un mercado repartido entre las principales marcas de indumentaria deportiva. Sin embargo, sobre el 2010 se dio un quiebre. Diseñadores como Hedi Slimane y Raf Simons, que atravesaron su adolescencia en los 80, llegaron a ser directores creativos de grandes maisones y con ellos las zapatillas empezaron a colarse en las colecciones, desafiando los límites de qué es el lujo. Paralelamente, el athleisure —el híbrido entre la moda y la indumentaria deportiva— se convertía en una cuestión más popular, haciendo de las calzas una prenda aceptable afuera del gimnasio. Incluso algunos relacionan este fenómeno con el desarrollo de la cuarta ola feminista. Las mujeres, hartas de la moda restrictiva, empezaron a optar por diseños que acompañaran una vida activa. Esta nueva manera de entender la vestimenta, en la que se prioriza la comodidad tanto o más que la estética, también se empezó a ver reflejada en las colecciones de las principales firmas.
En enero de 2014, Karl Lagerfeld —conocido fundamentalista en contra de las calzas— montó un show de alta costura en un set espectacular en el Grand Palais de París protagonizado por dos grandes escaleras, bajo las cuales se encontraba una orquesta clásica. Las modelos, luciendo conjuntos de miles de dólares, desfilaron con championes en los pies. Los había de encaje, con brillos y hasta con plumas. Fueron 64 pares y cada uno llevó un aproximado de 30 horas de trabajo. Lagerfeld se sumergió en la moda de los championes a todo o nada.
Otro hito fue el lanzamiento de los Balenciaga Triple S en su colección de Invierno 2017. El modelo dio inicio a una nueva silueta, los “championes robustos” o “zapatillas de viejo”, con una suela desproporcionadamente grande en relación con la capellada, una paleta estridente y aspecto gastado. El diseño toma elementos de los diseños de los 90, apostando inteligentemente a la memoria afectiva del público de la marca, que creció en esa década. Aunque ese guiño al pasado es llevado al extremo por Demna Gvsalia, director creativo de la marca, que los convierte casi una burla a la industria. Los Triple S son una monstruosidad que tenía todo para no funcionar y, sin embargo, se convirtieron en un éxito de ventas replicado hasta el cansancio por otras marcas.
Las ventas globales de zapatillas deportivas subieron 10% en 2018 con respecto al año anterior, alcanzando los 3,5 mil millones de euros, siendo la categoría de indumentaria con mayor crecimiento de acuerdo con la consultora Bain & Co. Tanto las compañías deportivas como las marcas de moda rápida y las maisons de lujo se sumaron a esta tendencia, proponiendo modelos que van desde los 15 a los 3.000 dólares, como los de Christian Louboutin o Gucci.
Josh Lauber, CEO de StockX (una plataforma que pretende ser algo así como el índice Nasdaq de la moda), explica: “Todas las marcas están haciendo championes porque entran en todos los casilleros: son retro, artísticos, son cómodos y tienen un componente de moda. Democratizan a la celebridad. Yo no puedo volar en el jet de Jay-Z o comprar su mismo auto, pero puedo usar el mismo calzado”
TENDENCIAS
Robustos
Después del hit de los Triple S creados por Demna Gvsalia para Balenciaga, los championes grandes se convirtieron en una silueta ineludible. Por su tamaño, son los protagonistas del atuendo, modernizándolo casi instantáneamente.
Blancos
Para quienes prefieren la sutileza en lugar del maximalismo de los llamados dad shoes, una buena opción es ir por un modelo clásico en blanco.
Coloridos
Las combinaciones de coloresinusuales están de moda —gracias, en parte, a Valentino— y esta máxima también aplica a los championes.
NUESTRA TAPA
Los influencers o blogueros de moda fueron de los primeros en abrazar la moda de los championes y es común verlos a las afueras de los desfiles con conjuntos que contrastan lo formal con lo deportivo. La fotógrafa uruguaya Romina Introini (@romilux) retrató a la española Aída Domenech, más conocida como Dulceida, luciendo el popular modelo de la marca de lujo Louis Vuitton, Archlight, que ronda los 1.000 dólares. Domenech es de las blogueras españolas más famosas, con más de 2,6 millones de seguidores en Instagram.