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    Entrevista - Diego Montero

    NOMBRE: Diego Montero • EDAD: 61 • OCUPACIÓN: arquitecto • SEÑAS PARTICULARES: es argentino, trabajó en África, navega un láser y tiene una Harley Davidson

    —Tiene tres hijas mujeres: Amparo (22), Azucena (19) y Antonia (17). ¿Es casualidad que todas empiecen con a?

    —Empezamos por orden y cuando nos gustaba un nombre parábamos. Pero todas tienen un segundo nombre: Amparo Guadalupe, Azucena Cándida y Antonia Trinidad.

    —¿Es cierto que estando en Botswana solo con Azucena casi se los comen los leones?

    Había una manda de leones cerca y al guía se le había quedado el Jeep en un pozo, con una rueda en el aire y el walkie talkie sin señal. Agarró tres palitos y nos decía que nos quedáramos en el auto. Así no íbamos a salir nunca más. Al final había un tronco, bajé a buscarlo, hicimos palanca y lo sacamos. Y los leones estaban en un bosquecito más adelante. Habían comido recién, así que ni se movieron.

    —¿Qué hacía en África?

    Siempre quise conocer la África negra y de casualidad me llamaron por un proyecto en Mozambique, una concesión de varias personas donde había que diseñar unas casas. Fui por cuatro años casi una vez por mes.

    —¿Es muy “cuida” de sus hijas?

    —No. Hablamos mucho de todo un poco. Lo importante es que ellas sepan tomar decisiones propias. Entonces no es necesario ser cuida.

    —Usted y su mujer, la artista plástica y decoradora Laura Sanjurjo, son argentinos, pero viven en Punta del Este desde los 90. ¿Con qué detalles puntuales la sorprende y reconquista luego de 26 años de casados?

    —Hablo mucho con mi mujer y mis hijas, compartimos mucho. Una amiga nos dijo sorprendida una vez: “¡ustedes todavía tienen cosas de que hablar”! Y sí, si no, ¿qué sentido tiene estar juntos?

    —Antes de estudiar arquitectura usted pintaba, y ahora expone fotos, pinturas y esculturas en la galería del paseo. ¿Qué lo hizo volver a pintar?

    —Nunca dejé; en todas mis presentaciones (de proyectos arquitectónicos) uso la pintura. Es un método de trabajo, porque al poner el énfasis en lo que querés, cuando lo pintás, le das mucha más intención.

    —Esa muestra en Galería del Paseo forma parte del proyecto artístico Ghierra Intendente, que se ocupa de aquellos temas urbanos que, por lo general, no forman parte de la discusión del sistema político. ¿Cómo se define ideológicamente?

    —Todos tenemos que vivir más o menos bien si queremos vivir en un mundo agradable. Y hay que hacer el esfuerzo para que todos puedan vivir dignamente. El grave problema es que descubrieron políticamente que si dividen, entonces unos eligen a unos y otros a otros. Para mí no hay que dividir sino juntar, que todos hagamos un esfuerzo para que todo salga bien. Ideológicamente yo sería de izquierda, pero no me gusta ese discurso que polariza de un lado o del otro. O sería un centro, pero no capitalista, porque creo que algo hay que repartir.

    —Hizo varias master class de urbanismo del prince of wales's institute of architecture, en Alemania, Australia y Nueva Zelanda, y ahora está invitado a dar una charla en la próxima edición, que lleva el título “what makes you tic”, en referencia al tictac del reloj. ¿Qué lo impulsa a moverse?

    —Mi charla estará basada en la banalidad de la vida, porque en realidad todos los esfuerzos que hacemos son al cuete. Para lo único que estamos acá es para que siga la especie, todo el resto son inventos que nos hacemos. Esos inventos deben ser para que todos lo pasemos lo mejor posible.

    —¿Qué lo hace enojar?

    —Me defrauda que no cuiden Montevideo ni Punta del Este. Gorlero es un desastre; dejan que se desarrolle una calle más abajo (la calle 20) y después van a pasar a la otra calle de más abajo. Así van arruinando todo por etapas, porque nadie lo piensa. En la exposición (Ghierra Intendente), mi trabajo es justo sobre eso. O la ruta que va desde la Boya hasta José Ignacio, que se la llevó el mar porque dejaron que quienes no tenían plata para la calefacción cortaran las acacias. Con eso se afectó a los médanos, y se voló todo al diablo. Ahora tienen que poner varios millones de dólares para arreglar la ruta. En vez de hacer un plan a largo plazo están solucionando las cosas a los ponchazos.

    —¿Ese tipo de cosas no lo llevan a regresar a argentina?

    —No, Argentina es mucho peor. No comparemos nada con nada; son las situaciones de cada lugar.

    —¿Qué tanto va a la playa?

    —Vivimos en la laguna de José Ignacio, sobre el agua. Es lindísimo el lugar y me quedo ahí.

    —Y navega, ¿Cierto?

    —Sí, tengo un barquito, un láser, pero salgo en la laguna nomás.

    —En su casa, ¿cuál es su habitación preferida y por qué?

    —El living/comedor/cocina, porque allí estamos todos juntos.

    —Tiene una moto Harley Davidson. ¿Cuál fue el último road trip que hizo?

    —Es una Harley Davidson Sportster, la “bicicleta” de las Harley, y la tengo “raw”: muy reducida, con tanque pequeño y asiento para uno. La uso por aquí, donde los recorridos son bastante grandes. Me encanta como máquina para mí, pero odio las convenciones de motoqueros.

    —¿Qué más hace para relajarse luego de demandas o cambios de humor de clientes complicados?

    —Los clientes en general no me estresan. No me vuelvo demasiado loco con eso. El problema cuando sos profesional independiente es que tenés que planificar para adelante; eso es lo más problemático de todo. Hay bajones económicos en los que no se hace nada o se hace poco, hay nuevas generaciones que aparecen, entonces tenés que reinventarte cada tanto.

    —Lleva más de cien residencias particulares construidas en el departamento de Maldonado, además de emprendimientos comerciales como el Hotel Garzón. ¿Proyectos para 2017?

    —Hace dos años que estamos con un proyecto grande de urbanismo en Ibiza y Formentera, que incluye una plaza pública, un área comercial y viviendas. Acá estoy con un restaurante en Carrasco y terminando una casa en José Ignacio.