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Nombre: Juancho Posadas • Edad: 41 • Ocupación: Surfista, jugador de quad rugby • Señas particulares: Hace 11 años tuvo un accidente haciendo surf y desde ese momento está en silla de ruedas; tiene más de 200 camisetas deportivas; el campo es su vida •
Fue medalla de bronce en la categoría Assist del primer mundial de surf adaptado en California. ¿Qué lo llevó a competir? En realidad, iba a ir al Mundial de Rugby y aprovechar para ver el Mundial de Rugby en silla que se juega al mismo tiempo. Pero cayó la gente de la Unión de Surf del Uruguay y me lo propuso. Tenía roto el motor (de la tabla), mis prácticas fueron arriba de la tabla, moviéndome con pelotas. La verdad es que pude entrenarme poquísimo.
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¿Le costó volver al mar luego del accidente? No, al revés. Lo extrañaba.
También es capitán de la Selección Uruguaya de Quad Rugby (rugby en silla de ruedas). ¿Siempre fue deportista? Sí, era bastante tronco para los estudios. Tenía facilidad para los deportes: jugué al rugby, al fútbol, al tenis, hice buceo, sky y surf.
Estudió derecho, tuvo un bar, vendió teléfonos, hizo vestuarios para una radio, tuvo una cancha de fútbol cinco y vivió en el campo. ¿Qué fue lo que más disfrutó? Depende de la edad. Ahora si me decís de tener un bar me mato, a los 20 no. Y a los 20 no disfrutaba tanto de trabajar en el campo como ahora, que es mi vida. No lo cambio por nada.
Es hijo de dos personas muy conocidas (el exministro de Economía y abogado Ignacio de Posadas, y de Malena Secco), que parecen ser exigentes. ¿Le costó mucho ser el rebelde?Creo que les costó más a ellos que a mí. A mí me daban libertad, como padres la deben de haber sufrido. Pero no era un tema de rebeldía, era buscar dónde me encontraba más cómodo y más feliz.
Su padre es bastante políticamente incorrecto y no se guarda lo que piensa aunque eso no le guste a mucha gente. ¿Heredó eso de él? Cada vez me vuelvo más parecido a él. De la manera más diplomática posible trato de decir siempre lo que pienso. No es que pasa uno y le digo lo que pienso, trato de no meterme. Pero si me preguntan cada vez me cuesta más no ser sincero.
Él y su madre son muy religiosos. ¿Usted también? No tengo relación con la Iglesia, creo en Dios. Después del accidente tuve más contacto con la Virgen, de hecho la tengo tatuada, porque la sentí. En el CTI vos dormís cuatro horas y estás 20 horas sin moverte, más en mi caso, que no movía nada, y me ayudó pila.
¿Qué otros tatuajes tiene? Varios. Uno del Indio Solari, otro de (Bob) Marley, de animales, uno de África, de un león, tengo alas en los tobillos, un caballo de mar que es símbolo de fidelidad. Tengo ganas de hacerme alguno más.
Viaja mucho y conoce buena parte del mundo. ¿A qué lugar no se cansa nunca de volver? Probablemente Pipa, en Brasil, por más que con la silla de ruedas es dificilísimo. Siempre que puedo me pego una escapada. Me quedé con ganas de quedarme más tiempo en Australia. Y me encantaría en algún momento arrancar para Asia, a la parte de Vietnam y Tailandia.
Luego del accidente volvió a la casa de sus padres y tiempo después retornó a vivir solo. ¿Qué fue lo que más le costó? Me vine a vivir con quien era mi novia en ese momento. Me costó todo. Las pasadas de la silla, ordenar las cosas, hacer la cama. Si bien tengo una persona que me da una mano, las limitaciones eran enormes. Me andaba una sola mano, fue complicado.
¿Cómo es la relación con sus dos hermanas y su hermano? Alucinante, la única macana es que viven todos afuera y los extraño. Me ayudan muchísimo.
¿Cómo es un día en su vida? En Montevideo me despierto siete y media, desayuno y a las ocho y poquito empiezo fisioterapia. Paro a las once, salgo a empujar la silla una horita por la calle. Después almuerzo y de tarde depende de lo que tenga. Lunes, miércoles y jueves de siete a diez tengo práctica de rugby. Estoy una semana acá y otra en el campo. Ahí me levanto antes, armo el mate, salgo por el campo hasta media mañana. Ahí como algunas tostadas, vuelvo a salir. Almuerzo, duermo siesta, vuelvo a salir.
Tiene ocho ahijados. ¿Hace regalos y se acuerda de los cumpleaños? Si viajo traigo regalos para todos, pero soy espantoso con las fechas. Por eso los padres me avisan de los cumpleaños el día anterior.
¿Cómo es su relación con Cabo Polonio? Lo descubrí a los 15 años por Alfonso Rey, que era el novio de mi hermana más grande. Yo venía de Carrasco, de veranear en Punta del Este, y me gustó mucho el contraste. Con el tiempo, con unos amigos terminamos comprando un rancho. Lo alquilo en enero, porque ahí vienen mis tres hermanos y vamos a Punta Colorada, a lo de mis viejos. Voy en febrero.
Ahora está soltero pero ha tenido novias. ¿Le costó conquistar luego del accidente? Siempre me puse el overol, laburé (risas). No hay como la barra del boliche, después fue normal. La mujer tiene mucho más sensibilidad que el hombre, la mujer no siente la silla. Nosotros somos mucho más tímidos. Lo hablo mucho con Ale Forlán, que somos amigos: el hombre, por más que le guste una mujer, es más parco para ir a encarar.
Dicen que con la ropa es un desastre… Sí, siempre fue así. Me visten mis hermanas, me visto para abrigarme. Tengo un amigo que trabaja en una tienda que cuando se me rompe el pantalón le pido que me mande uno.
¿Cuál es su mayor excentricidad? Las remeras. Es mi único vicio de ropa. Debo tener como 90. Y tengo una colección de camisetas de distintos deportes. Son como 200. Tengo la de (Lionel) Messi, la de (David) Beckham, de jugadores de acá, una del Barcelona firmada por Messi (Andrés) Iniesta y Xavi. Como soy íntimo amigo de Andrés Fleurquin, fui padrino de casamiento, la que más quiero es la que usó él en Uruguay. También tengo de rugby y de básquetbol.