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La mitad de los adolescentes del Inisa tienen familiares presos y un 25% pasa más de 18 horas diarias en la celda
El censo de 2025 revela que el 85% ingresa a la privación de libertad sin haber completado el ciclo básico, pero la asistencia a clases con docentes aumentó al 89%
Un nuevo censo de adolescentes privados de libertad en el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) muestra un sistema con algunos avances en las condiciones materiales de los centros y un mayor acceso al sistema educativo, pero con problemas estructurales que persisten, como largas horas de encierro y una fuerte reproducción de los contextos de vulnerabilidad. Además, revela una mayor presencia de adolescentes privados de libertad por delitos graves.
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El estudio, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y Equipos Consultores en 2025 y publicado en marzo de 2026, relevó a 258 adolescentes —sobre un universo estimado de 329— y permite comparar la evolución de algunos indicadores respecto a mediciones anteriores, de 2018 y 2021.
“Constituye un insumo fundamental para fortalecer la gestión institucional basada en evidencia”, dice el prólogo que fue elaborado por el directorio del organismo, y señala que asumen el censo “como una herramienta de transparencia, rendición de cuentas y aprendizaje institucional” que permite “identificar avances y nudos críticos” y las líneas de trabajo prioritarias.
Mismos perfiles
Según surge del censo, la edad promedio de la población de adolescentes privados de libertad del Inisa es de 17 años y un 98% son varones. La distribución por rango etario muestra que un 40% tiene entre 16 y 17 años, un 33% tiene 18 años o más, y un 13% tiene hasta 15 años. Antes de ingresar, casi la mitad vivía en Montevideo, un 17% en Canelones y un 36% en el resto del país.
En términos educativos, el 85% no había completado el ciclo básico antes de ingresar al sistema. Incluso, entre los mayores de 18 años solo una cuarta parte lo había terminado o había cursado bachillerato. No obstante, “en un contexto general de bajo nivel de educación formal” los datos muestran una “leve mejora”, porque en comparación con 2021 hubo una baja en la proporción de adolescentes privados de libertad que solo llegaron a cursar educación primaria (del 24% al 16%).
El informe también habla de trayectorias de los adolescentes marcadas por la vulnerabilidad, una realidad que se mantiene a lo largo de las diferentes ediciones del censo. La mitad tiene familiares actualmente privados de libertad y dos de cada tres los tuvieron en el pasado, mientras que el 13% pasó por el sistema de atención 24 horas del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay y un 16% tiene familiares que viven o vivieron allí. “Estos datos son similares a los obtenidos en la encuesta de 2021, y estos niveles de experiencias de internación son muchísimo más altos que en el total de la población adolescente del país”, señala el documento del censo.
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A su vez, la mitad de los adolescentes privados de libertad tuvieron algún tipo de vínculo anterior con el sistema penal juvenil, una cantidad que “es levemente mayor” a la registrada en los censos anteriores. Sin embargo, desde la medición de 2018 hubo un cambio en la composición de los adolescentes que tuvieron sanciones: los que habían tenido sanciones no privativas de libertad aumentaron de un 9% a un 27% y las que implicaron privación de libertad bajaron de 24% a 9%.
Menos rapiñas, más homicidios
Uno de los cambios más notorios que evidencia el censo es la modificación en el tipo de infracciones. La proporción de adolescentes privados de libertad por rapiña cayó de 72% en 2018 a 37% en 2025, mientras que aumentaron los casos por homicidio de 19% a 27%, y por delitos vinculados a la venta de drogas de 2% a 19%. También crecieron las causas por violación o abuso sexual (de 0% a 8%) y hurto (de 6% a 10%).
En relación con el encierro, el tiempo dentro de la celda se mantiene como uno de los principales problemas y es presentado en el estudio como uno de los “desafíos estructurales persistentes”.
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“Se registra una cantidad de horas de encierro en celda excesivamente alta y que supera por mucho las horas de sueño y descanso”, señala.
La mitad de los adolescentes pasan 15 horas y media por día encerrados, y una cuarta parte permanece más de 18 horas diarias en su celda. Aunque el promedio mejora levemente respecto a 2021, persisten fuertes diferencias entre centros: algunos registran nueve horas de encierro diario y otros llegan a 20.
Solo el 16% de los adolescentes pasan menos de 12 horas en la celda.
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Más acceso a educación y actividades
Uno de los avances más claros es el aumento en la participación en la educación formal durante la internación, porque el 89% de los adolescentes del Inisa asisten a clases con docentes de primaria o secundaria, lo que representa un aumento de casi 20 puntos porcentuales respecto a 2021.
Además, nueve de cada 10 participaron en talleres o actividades educativas, de capacitación laboral, deportivas, artísticas o recreativas en el último mes, aunque el promedio descendió de 3 a 2,5 actividades.
En contraste, el acceso al trabajo sigue siendo muy limitado, porque apenas uno de cada 10 adolescentes realizó actividades laborales remuneradas.
El informe del censo también registra mejoras en la evaluación de limpieza, alimentación e infraestructura, así como mayor disponibilidad de calefacción y refrigeración de espacios comunes. Pese a eso, la mayoría de los centros presentan problemas estructurales, como humedades, grietas y caída de revoques, además de goteras en algunos casos.
Otro elemento relevante es que 48% de los adolescentes tuvieron que hacer sus necesidades dentro de la celda en el último mes (61% en centros de Montevideo y 36% en centros de Canelones), una cantidad que descendió seis puntos porcentuales respecto a 2021. Entre los adolescentes que tuvieron que hacer sus necesidades en la celda, ocho declararon no disponer de inodoro dentro de la celda. Por otra parte, todos los adolescentes encuestados expresaron poder ducharse de manera diaria.