¿Qué origen tiene su apellido?
¿Qué origen tiene su apellido?
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs vasco. Hace dos o tres años fuimos con mi señora al pueblo de los Inda, inclusive hay unas lápidas en la iglesia donde aparece nuestro nombre, pero en lugar de la i latina con la y griega. Nuestros antepasados están ahí.
¿Qué heredó de su padre y qué heredó de su madre?
De mi padre el ingenio para salir de situaciones, la forma de optimizar los recursos, y de mi madre creo que heredé las ganas de llegar al objetivo, saber hacia dónde avanzar y llegar a donde quería llegar.
Es arquitecto jubilado. ¿Le costó tomar la decisión de jubilarse?
Siempre seguí relacionado con la arquitectura y con el patrimonio. La última obra que realizamos en el estudio fue el reciclaje del ex Ministerio de Defensa que hoy es el MAPI (Museo de Arte Precolombino e Indígena). Es una obra de arquitectura con mucho de patrimonio, con mucho de reformulación y revalorización de la obra. Eso fue en 2002. Y me jubilé porque en el estudio nos quedamos prácticamente sin trabajo por la crisis. Tenía otras líneas de trabajo en temas de patrimonio, o de la ciudad, como asesor, interviniendo en comisiones, así que no fue un salto demasiado impactante.
¿Cuál es su edificio favorito de Montevideo?
El edificio Centenario de De los Campos, Puente y Tournier, en Ituzaingó y 25 de Mayo. Es uno de los primeros edificios renovadores o de arquitectura moderna que se realizan en Montevideo, con una calidad que casi supera a los propios maestros de la arquitectura moderna. Logra con un lenguaje absolutamente contemporáneo, ubicarse en la manzana de una forma increíblemente audaz y al mismo tiempo respetuosa del entorno y del pasado. Es un edificio extraordinario.
¿Es adepto a la práctica de caminar mirando hacia arriba?
Sí. Es que los arquitectos vamos mirando hacia adelante pero también vamos mirando por el rabillo de los ojos hacia los costados. No miramos para atrás simplemente porque no tenemos ojos en la nuca. Y cómo nos gusta descubrir una obra, una fachada, un balcón, darnos cuenta de quién puede ser el autor, a veces buscamos el nombre en la fachada. O ir mirando lo que hacen los colegas nuevos con otras formalidades que uno ya no domina. Antes salíamos con mi señora a recorrer, tanto es así que alguno de nuestros hijos una vez dijo, “no, salidas culturales no más”. Es una costumbre que no se pierde.
¿Cuál es su hábito más montevideano?
Me gusta descubrir boliches, me gusta la música de la ciudad, esa música que se nos va metiendo en la piel. Tenemos indudablemente el tango, lo que hizo Jaime Roos al colocar la murga con el rock, esa simbiosis fue increíble porque reinventó la música urbana. Acá hay una capacidad creadora ciudadana muy grande.
En estos días viaja a París a la Asamblea General de Patrimonio Inmaterial. ¿Qué es lo primero que hace en esa ciudad cuando tiene un minuto libre?
Caminar. Es una ciudad para caminarla, para perderse a ver qué te dice.
¿Hizo el viaje de Arquitectura?
Claro, en el año 68, y fuimos en barco. Debe haber sido el último viaje de Arquitectura que se hizo en barco. Hicimos Montevideo, Buenos Aires, Nápoles en barco en 15 días. Recorrimos Europa durante seis o siete meses, y después tomamos el barco en Lisboa y volvimos a Montevideo. En París nos quedamos en el Hotel Saint Michel, que era donde paraban todos los latinoamericanos. Y se decía que la dueña estaba enamorada de Paco Espínola, que pasaba sus temporadas en el hotel.
¿Cómo decidió ser arquitecto?
Soy arquitecto creo que desde los 4 años. Vivíamos en la casa de mi abuelo (en Rocha) mientras se construía la de mis padres en el terreno lindero. Con 4 años vi construir mi casa, conocí al arquitecto, y dibujaba los planos heliográficos, me enloquecía. Me acuerdo de los cimientos, cimentación de piedra corrida, me acuerdo de cómo se hacía la fachada porque la dibujaba.
¿Qué hace cuando no trabaja?
Estoy en mi rancho de Antoniópolis, que lo empezamos a construir en el año 1973 y lo seguimos construyendo. Es una obra inconclusa, porque una de las cosas que nos gusta es estar siempre haciendo y rehaciendo, es parte de la diversión y del ejercicio del ocio.
¿Qué libros tiene en su mesa de luz?
El mismo libro lo tengo en Montevideo y en la playa, que es “El Quijote de la Mancha”. Para mí es la novela por excelencia y si hay alguien que admiro por su ingenio es a Miguel de Cervantes Saavedra. Todo lo que se podía inventar de literatura está en “El Quijote”. Tú no sos un lector, sos como un socio del escritor, porque te hace guiñadas permanentemente. Para mí el siglo XVII es el siglo máximo en lo que es sensibilidad, inventiva, por lo menos de la sociedad occidental. Me parece difícil también de superar lo que se logró en pintura y en arquitectura. Tres obras de ese siglo para mí son lo máximo: “Don Quijote”, “Las meninas” de Velázquez, un cuadro extraordinario en el que el pintor está pintando a una persona ubicada en el lugar del espectador, quiere decir que si tú no estás mirando el cuadro no perteneces al cuadro, es el mismo juego que hace Cervantes; y la Plaza San Pedro, la obra de arquitectura más admirable, es un juego visual por el cual Bernini logra crear una espacialidad que en el dibujo es imposible de apreciar, que solamente se puede sentir estando allí, es también una guiñada, el espectador es un cómplice del autor. Quien más se asemeja a esto es la iraquí Zaha Hadid con el Centro Cultural de Bakú, solamente estando allí puedes tener esa experiencia espacial que es imposible de dibujar.