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    Hola, soy Miquela

    La nueva influencer de Instagram no es real. tiene más de 1,4 millones de seguidores y es elegida por las marcas de moda para presentar sus diseños

    Miquela Souza, más conocida como Lil Miquela, es una de las modelos más populares de Instagram. En la mayoría de sus publicaciones, seguidas por más de 1,4 millones de usuarios, se la ve vestida con los últimos diseños de Chanel y las nuevas tendencias de Prada por los rincones de Los Ángeles. La modelo, de 19 años, también apareció como una revelación en la edición de setiembre de la revista Vogue, que tuvo a Beyoncé en la tapa. Y se volvió un éxito musical con el lanzamiento de su tercera canción en Spotify: Hate me.

    Cualquiera diría que está en su mejor momento. Sus seguidores no dejan de pedirle que aparezca en el desfile de alguna de las firmas más importantes de la industria de la moda o que muestre sus atuendos en un festival. Pero es casi imposible: Miquela no es real. Si quisiera asistir a la Semana de la Moda de París o a un estreno en el Festival de Cine de Toronto, la influencer virtual tendría que volverse un holograma, como se hizo con el cantante de rap Tupac (muerto en la década de 1990) en el Festival de Coachella en 2012. Miquela es un avatar diseñado con una colección de pixeles unidos en un perfecto puzle que la convirtieron, dicen sus seguidores, en una modelo virtual ideal.

     

    Una historia convincente

    La historia de Miquela está repleta de ironías. Su primera aparición en las redes sociales fue hace dos años, cuando sus creadores abrieron una cuenta de Instagram con el mismo estilo de las grandes estrellas de la red, como el clan de las hermanas Kardashian o la it girl italiana Chiara Ferragni. Sus primeras fotografías parecían tomadas de una revista; su figura, de un desfile de Chanel y su ropa, del vestidor de una millonaria aficionada a la moda. “Es demasiado increíble para ser real”, comentaba uno de sus seguidores en uno de sus posteos. No se confundía: las dudas sobre Miquela no demoraron en llegar.

    Al poco tiempo de que se abrió la cuenta, los usuarios empezaron a cuestionar la identidad de la modelo, que tenía rasgos similares a los que aparecen en los videojuegos de realidad virtual (aunque algunos también la encuentran parecida a la argentina Celeste Cid). Su piel no tenía defectos ni sombras naturales, sus ojos estaban inanimados y sus labios —iguales a los de Kylie Jenner— se veían más perfectos que los que se muestran en las publicidades de los lápices de labios. Lo mismo ocurrió con su pelo, que, salvo por un poco de frizz, se veía más irreal que los afiches de las peluquerías. Pero, como si fuese un juego, Miquela decía que llevaba una vida normal.

    Antes de confesar que era una modelo virtual, publicaba fotografías en locales populares de Estados Unidos, le gustaba subir imágenes con un vaso de té matcha helado en la mano o comiendo un burrito en un bar con unos amigos. En todos sus posteos, además, utilizaba la jerga de los jóvenes estadounidenses: nunca faltó la expresión TBH (para ser honesto) o IDK (no lo sé). También contó que se había tatuado un código binario firmado por el tatuador más popular de Los Ángeles: Dr. Woo. Se declaró activista de la comunidad LGBT, apoyó al movimiento Black Lives Matter e hizo una campaña para una organización sin fines de lucro como Planned Parenthood. Posó con otras estrellas de Instagram, que tenían un contrato de confidencialidad para no hablar del trabajo con la modelo, y alimentó el misterio durante casi dos años.

    A principios de abril, sin embargo, tuvo que revelar su identidad para que le devolvieran su cuenta, que había sido hackeada por Bermuda, un troll pro-Trump con la que estaba peleada desde agosto de 2017. Durante ocho horas, los contenidos de su perfil fueron suplantados por otras fotografías publicadas con la leyenda: “No podrás recuperar tu cuenta hasta que prometas decirle la verdad a la gente”.

    Su enemistad era pública porque una apoyaba los derechos de los inmigrantes y la otra estaba a favor del gobierno de Donald Trump. Pero la verdadera molestia de Bermuda, que quedó en evidencia con el hackeo, fue que Miquela no era “transparente con su identidad”. Y tenía razón. Después de recuperar su cuenta, la modelo confesó que era —como la definen sus creadores— un robot inteligente. “Pero lo único auténtico de esta imagen creada por una computadora es la credibilidad del programa en el que se creó. Miquela juega directamente con la fricción entre la apariencia y la realidad que ha existido durante mucho tiempo en las redes sociales”, aseguró Alice Newbold, editora digital de Vogue, en una publicación de la revista.

    La modelo virtual fue creada por Trevor McFedries y Sara Decou como un proyecto de arte digital a principios de 2016. El invento, que es un éxito en las redes sociales, se transformó en una ingeniosa forma de obtener dinero: las publicaciones patrocinadas de Miquela suman más de 14.000 dólares, sin contar sus canciones en Spotify, que no dejan de crecer en reproducciones. Sus creadores no saben hacia dónde se expandirá el fenómeno de Miquela, pero un cosa es evidente: el futuro es virtual.

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    La modelo virtual favorita de los millennials sube fotografías con algunos famosos para aparentar ser una influencer real. Pero, ¿cómo hace para posar con Lady Di, que falleció hace más de veinte años, y acompañar a Mary-Kate y Ashley Olsen por un paseo en Nueva York al mismo tiempo? Solo Lil Miquela puede hacerlo.