• Cotizaciones
    martes 28 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    HuraKán Pop

    Con un estilo occidentalizado y millones de seguidores, la fiebre por la música surcoreana crece en Uruguay, con fanáticos que agotan discos, aprenden el idioma, las coreografías y el canto, además de viajar al exterior para los conciertos

    Parecía una moda pasajera. Cuando la primera generación de fanáticos empezó a hablar del K-pop, hace una década, muchos decían que solo era una tendencia del momento. Estaban los que cuestionaban el género musical por no entender cómo había jóvenes que se sentían identificados con bandas que lanzaban temas que no tenían ninguna raíz similar al español. Y los que pensaban que este nuevo estilo era una copia del pop que hacían artistas adolescentes como One Direction o The Jonas Brothers. Lo cierto es que estaban —y algunos todavía están— equivocados: la ola coreana conquistó Uruguay.

    Con un crecimiento sostenido, el K-pop se convirtió en un género popular entre los jóvenes, que agotan los discos de sus bandas favoritas en las disquerías. Y posicionan a agrupaciones como BTS (la más famosa del momento) en los puestos más altos de ventas del Palacio de la Música. Potenciados por el apoyo de la Embajada coreana y con la visibilidad de las redes sociales, en los últimos años se formaron bandas locales—Crystal fue la primera— y se multiplicaron los videos de adolescentes que replican los típicos pasos del K-pop en Instagram. “Uruguay fue uno de los últimos países de la región en ser tocados por la ola, que se extendió por todo el mundo. Pero creció enseguida: empezamos con una comunidad de 50 personas y calculamos que ya somos más de 5.000”, cuenta Tania Pérez, una de las coordinadoras de Korea Fans Uruguay (KFU), una agrupación que se organizó en febrero de 2013 y organiza eventos culturales junto a la Embajada coreana. 

    Además de estar unidos en función del gusto por cada banda, los fanáticos suelen reunirse para bailar y cantar emulando a sus ídolos, cuya imagen aparece cada vez con más frecuencia en las calles, el transporte público y las estaciones de metro en varias ciudades de América Latina. El K-pop se presenta como un formato cultural que excede la música; cada agrupación tiene coreografías y aparece en programas de televisión con una estética que la identifica. “Es increíble la producción y los mensajes que envían”, asegura Pérez.

    Desde que se empezaron a organizar concursos para potenciar el intercambio cultural con Corea del Sur, la cantidad de seguidores del K-pop aumentó en forma exponencial. Este año, incluso, se realizó la octava edición del K-pop Montevideo, un torneo de bai

    De vuelta en Montevideo, los amantes del K- pop suelen reunirse en puntos céntricos para compartir las novedades de sus ídolos y participar en competiciones como el 2019 Changwon K-pop World Festival, que se celebra en junio con categorías de baile y canto. Pero no es necesario esperar a los torneos para ver la influencia de la cultura coreana en la juventud montevideana. A veces, solo hace falta detenerse en la puerta de los shoppings para identificar a los fanáticos que, además de bailar y cantar en un idioma desconocido para la mayoría, llevan remeras con frases de canciones de BTS o ilustraciones de Super Junior en las mochilas. “En nuestro país se dio un caso atípico, porque no hay una comunidad coreana. Fuimos los mismos aficionados los que nos agrupamos en una comunidad, que reúne personas desde la adolescencia hasta los 30 años. Ya no nos miran como frikis”, cuenta Pérez.

    Motivados por el K-pop, cada vez hay más seguidores que toman clases de coreano. “Para entender el fenómeno hay que entender que Corea del Sur no es solo el K-pop: tienen dramas, películas, turismo. Cuando aprendés el idioma empezás a entender su cultura”, dice Pérez. Y no es la única persona que lo piensa. Verónica de los Santos, una de las tres integrantes de la primera banda del pop coreano en Uruguay, está de acuerdo. “Es más que solo música”, dice. Aunque a muchos todavía les cueste entender el vínculo entre Corea del Sur y un continente tan lejano, como América Latina.

     

    Un intercambio cultural. A primera vista, el romance entre los occidentales y el K-pop puede resultar curioso. Pero lo cierto es que la historia de la música coreana ha estado marcada por la influencia de artistas de Europa y Estados Unidos. Ya en 1885, el misionero estadounidense Henry Appenzeller llevó a las escuelas asiáticas canciones tradicionales de su país y algunos éxitos británicos. Los alumnos repitieron las composiciones hasta que esta tendencia se popularizó como changga, que se traduce como temas occidentales cantados con letras coreanas. Así, apareció el primer antecedente al K-pop. Durante la ocupación japonesa, que ocurrió entre 1910 y 1945, estas canciones eran sinónimo de resistencia. Y las letras estaban enfocadas en conceptos como esperanza y cambio, dos ideas que se repiten en la música actual.

    Después de ser liberada —y de que la península coreana se dividiera entre Norte y Sur—, la cultura occidental volvió al país en una escala pequeña, con clubes y bares que repetían la misma música que sonaba tanto en Nueva York como en París. Además, con la explosión de bandas como The Beatles, la transmisión de programas de música occidental y el desarrollo de los discos de vinilos, se crearon las primeras bandas locales de pop, con toques de folk y un poco de rock. Pero las canciones que caracterizan al K-pop, este género que se expande por el mundo al ritmo de la luz, poco tiene que ver con aquellas primeras interpretaciones.

    Fue recién en la década de 1990 que los grupos experimentaron con canciones que mezclaban la influencia del pop con la música electrónica y el hip hop. Y fue al principio de los 2000 que se expandieron por el mundo. En este camino, el fútbol tuvo un rol determinante.

    Mientras algunas bandas como H.O.T, Sechs Kies y Shinhwa buscaban una forma de reconvertirse para un mercado cada vez más demandante, la banda Baby VOX sacudió al mundo con su éxito Coincidence, lanzado en la Copa Mundial de Fútbol en 2002. Además de sonar en la televisión y en la radio, esta canción marcó un precedente que potenció el nacimiento de grupos como Super Junior en 2005 y Big Bang un año más tarde. “La primera ola del K-pop llegó en los 2000 con la expansión del género a los países asiáticos”, cuenta Tania Pérez. Pero no se instaló en el resto del mundo hasta 2008, un momento de transición considerado la segunda gran ola del ritmo. Entonces, las exportaciones culturales de Corea del Sur ascendieron a 2 millones de dólares por la música, los dramas televisivos y los videojuegos. “La otra ola, y quizás la que sea más fácil de identificar, llegó en 2012. Ahí fue la bienvenida al mundo”, dice Pérez. Y no está equivocada: ese año se estrenó Gangnam Style, una canción que fue tendencia durante varios meses y sorprendió con un bizarro video que al día de hoy tiene más de 3.000 millones de reproducciones en YouTube. Mientras sonaba este tema, además, se organizó la primera presentación del K-pop en América Latina con un concierto en Chile. “Para que se pueda dimensionar el crecimiento está bueno resaltar que aquel año solo viajamos cinco uruguayos. Ahora, hay un concierto de BTS en Brasil y ya van más de 300”, cuenta Pérez. Y los fanáticos no solo aumentaron en Uruguay. Según un artículo de The Economist, en 2014, el K-pop se instaló como un “líder de tendencias en Asia” y pronto escaló a todo el mundo. “Hoy estamos en la tercera ola, porque es una tendencia pero sigue siendo una novedad”, dice Pérez.

    Cómo formar una banda famosa. El éxito de esta nueva ola coreana no es casual. Los integrantes de las bandas de K-pop se forman durante años hasta transformarse en artistas capaces de conquistar a los fanáticos con el canto, capacidades de baile y actuación. En un mecanismo similar a las compañías occidentales, los futuros artistas se entrenan, imponen un estilo con una estética propia —o al menos eso intentan— y construyen un perfil para cada miembro. Así, atrapan a seguidores que los conocen por programas de televisión y en las redes sociales. “Los fanáticos solemos decir que en Corea todo puede pasar. El K-pop te da una idea de que las posibilidades son infinitas, te despierta un sentimiento de pertenencia y las letras de las canciones te muestran que podés alcanzar lo que querés”, asegura Pérez. Y este sentido de pertenencia está ideado desde el marketing.

    Además de tener un color oficial —que aparece en el merchandising—, cada banda tiene un grupo de seguidores que se identifican por un nombre. Los fanáticos de SHINee se autodefinen como Shawols y los de BigBang se conocen como VIPs. Pero la gran diferencia con estrellas como Beyoncé o Lady Gaga es que esta cercanía está potenciada por la presentación de los ídolos como personas accesibles. “La construcción de los grupos y la cercanía con los fanáticos es totalmente diferente a la cultura occidental. Como fan del K-pop podés conocer a tu ídolo porque hacen videos en directo, se organizan competencias para viajar a conocerlos y aparecen en reality shows contando sus vidas”, resalta Pérez. Lo mismo ocurre con la discografía, que se presenta como un objeto de valor y se agota en las tiendas de música. Según el registro mensual de la Cámara Uruguaya del Disco, el cd más vendido en el Palacio de la Música en abril fue Map of The Soul Persona, el último de BTS, una banda —conocida como los Beatles coreanos”— que también arrasa con otras dos posiciones dentro de los 20 puestos más populares.

    Desde las disquerías aseguran que el éxito se debe a que los discos vienen en distintas presentaciones y formatos. No importa si dos personas llegan a una tienda a comprar el mismo cd: siempre se encuentran con sorpresas. “No solo es un producto estético, te dan ganas de tenerlo. Acá estamos acostumbrados al típico formato, pero el K-pop te ofrece una experiencia distinta. Nunca sabés el tamaño que puede tener; puede ser de 30 centímetros o venir en un formato como un libro”, cuenta Pérez. Y enseguida asegura que ese es otro de los grandes motivos para reunirse entre fanáticos. Ansiosos, y con una enorme expectativa, los grupos se juntan para ver qué póster, figura o forma consigue cada uno en un nuevo disco. Así, se alimenta la ilusión de un fenómeno que arrasa en el mundo como un huracán.

     

    La primera banda uruguaya y un viaje a Corea

    Crystal está integrado por Yliana Álvez, Cecilia y Verónica de los Santos.

    Con un estilo que fusiona el pop, el hip hop y el dance, además de sonidos típicos de Corea del Sur, la primera banda de K-pop uruguaya, Crystal, se formó en 2015. “Mientras estaba en clase de coreano, con una compañera, nos enteramos que en Montevideo se iba a hacer el K-Pop World Festival (un concurso popular en más de 80 países), armamos un grupo y nos presentamos. Éramos tres, con mi hermana Cecilia y mi amiga Yliana. Quedamos en segundo lugar y pasamos a la eliminatoria mundial. Ahí representamos a Uruguay en el concurso final en Corea”, recuerda Verónica de los Santos. Y terminaron con el premio Favourite Audience Award, que es elegido por el público durante la final. Al poco tiempo se alejaron de las competencias. “Era un ambiente competitivo y queríamos generar nuestro espacio”, recuerda. A cuatro años de la competencia, la banda femenina tomó distancia de los covers y quiere sacar un nuevo disco, pero reconoce que es difícil porque todas siguieron una carrera universitaria distinta. “El material está grabado. Esperemos que salga pronto”, dice De los Santos.