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    Investigadores prueban en nuevos estudios que existe relación entre la genética de los uruguayos, sus ancestros y el cáncer

    Los resultados son producto del trabajo liderado por el Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República

    Existen enfermedades complejas que aparecen más en algunas poblaciones que en otras. El cáncer es una de ellas. El de mama y el melanoma —en la piel— se manifiestan con diferente frecuencia según se trate de europeos, africanos, asiáticos o amerindios.

    En Europa son muy frecuentes, se producen diez casos de melanoma cada 100.000 personas. En África la incidencia es muy baja, casi ni se observa y cuando ocurren aparecen en formas muy agresivas, distintas a las de los europeos.

    En Uruguay se producen situaciones y tasas intermedias, con una incidencia de cuatro casos cada 100.000 personas, lo que es “típico de una población mestizada”, explicó a Búsqueda Bernardo Bertoni, doctor en Biología y profesor adjunto del Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar).

    La genética del uruguayo tiene sus particularidades y es producto de la mezcla principalmente de europeos, africanos y amerindios. “Esto indica un componente ancestral en la determinación de estas enfermedades”, explicó Bertoni durante la disertación “Efectos de la ancestralidad en el cáncer”, que realizó el viernes 31 de agosto en las XIV Jornadas de la Sociedad Uruguaya de Biociencias 2012.

    Debido a esto, el científico —junto a un equipo de investigadores— ha decidido estudiar la genética del uruguayo determinada por sus ancestros y su relación con la aparición de estos tipos de cáncer.

    “Identificamos las variantes en los genes que están asociadas al desarrollo de cáncer de mama y al melanoma, y luego detectamos qué origen tuvo esa región del genoma, si fue europeo, africano o indígena”, explicó Bertoni, que lidera un equipo de investigación en su Departamento de la Facultad.

    “En particular con el melanoma los resultados fueron prometedores”, señaló.

    Los investigadores analizaron el ADN de muestras de sangre de uruguayos que padecían melanoma (230) o cáncer de mama (500) en hospitales de diferentes puntos del país de Montevideo e interior.

    Las investigaciones recibieron financiación de la Fundación Susan Komen, de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer, de la Agencia Nacional de Investigación e innovación (ANII), y de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Udelar.

    Ser uruguayo.

    El genoma —toda la información genética— está conformado por muchos genes. El gen, (MC1R) cuando pertenece a africanos se mantiene igual de una persona a otra en una muy alta frecuencia y ayuda a tener un color oscuro de piel. En cambio, cuando se trata de europeos tiene más de 60 variantes que se asocian al desarrollo del melanoma. Una de ellas es la que determina el color pelirrojo, que predispone a padecer este tipo de cáncer.

    En Uruguay, la estructura de ese gen “pareciera ser europea, pero lo que rodea a los costados en algunas personas no es europeo, es de otra región, como africana, indígena u otro tipo de europea poco común en el país”, dijo Bertoni.

    Y añadió: “Nos llamó la atención encontrarnos con esas estructuras; hay cosas tan interesantes y extrañas”.

    Los resultados demuestran que “no solo hay que buscar si es europea o no la variante de ese gen asociada al desarrollo del melanoma”, ya que “hay una propia conformación por ser uruguayo que también puede estar ayudando a tener la susceptibilidad para que desarrollen el cáncer”.

    “En esa mezcla hay combinaciones que no son lo mejor. También puede ocurrir lo contrario, que tengas esa variante y puedas estar predispuesto, pero que el contexto que tengas alrededor de ese gen —por ser un uruguayo mestizo— ayude a que no se dispare el cáncer”, explicó Bertoni e informó que el equipo de investigación ahora trabaja en estudiar este “contexto” para ver si ayuda o perjudica.

    Aclaró que son muchos los genes, y trabajando a diferentes niveles, los involucrados en este tipo de enfermedades.

    Blancos al sol.

    El factor ambiental puede incidir también en la aparición del cáncer de piel (del tipo melanoma), por ejemplo cuando una persona de piel muy blanca —sobre todo quienes nacen con piel muy clara y pasan de un blanco al rojo y de vuelta al blanco sin broncearse— se expone al sol sin protección. Estos tienen más posibilidades de desarrollar el cáncer si no se cuidan.

    Pero también los genes importan. En Australia y Nueva Zelanda tienen altas tasas de este cáncer en la población descendiente de europeos, pero es mínima en los descendientes de indígenas.

    En Uruguay, las personas que desarrollan melanoma en general tienen más frecuencia de quemaduras solares durante la adolescencia o la niñez.

    Existen modificaciones en el ADN que son permanentes, que están siempre, pero hay otras temporales. El ambiente es uno de los factores que causan cambios en aquellas que mutan.

    “Encontramos una asociación entre el origen de esas personas —el aporte genético de los ancestros— y esas modificaciones que tienen los uruguayos estudiados. El hecho de que tengas más de europeo o menos y más de africano o de amerindio, esas combinaciones pueden hacer que el genoma se modifique con mayor o menor facilidad. Estas marcas son epigenéticas, son cambios químicos que pueden hacer que un gen se exprese o no”, en el caso del cáncer, por ejemplo, que aparezca o no, explicó el especialista.

    Europa rodeada.

    Al analizar la genética es frecuente observar mutaciones; hay variantes que se distribuyen en la población. “Medimos si estas —variantes— se transmiten en conjunto o si lo hacen por separado e independientes”, explicó Bertoni. En general se mueven en bloques.

    Con este tipo de análisis “encontramos que hay bloques que en Uruguay son más comunes” y que “no tienen nada que ver con Europa”. Cuando se mira al detalle se ve un gen europeo rodeado de información que no es europea o que en Europa se ve muy poco. Esto se verificó en la zona del gen MC1R.

    “Nos llamó la atención porque la diferencia es notable. Empezamos ya a estudiar los costados de ese gen mucho más para ver qué está sucediendo. Encontramos que es extremadamente dinámica esta región. A nivel genético quiere decir que hay fragmentos que se están intercambiando”, explicó Bertoni. “Estamos tratando de ver si en ese intercambio de fragmentos se van generando combinaciones que ayudan a proteger a la persona contra el melanoma o si sucede al revés”, agregó.

    “Encontramos que existe una combinación que resulta protectiva. Esa combinación indica que la persona tiene una región alrededor —del gen MC1R— que la ayuda a protegerse contra el melanoma”, dijo Bertoni.

    El “estado de hipometilación” se ve más en quienes tienen cáncer. “Lo más interesante en este momento es que vimos que hay una asociación” entre las características de la ancestralidad de la persona y la presencia o no de este estado. “Lo que describimos acá no necesariamente es igual en Europa o en África. Es del uruguayo y quizá compartimos parte con la gente de Buenos Aires y San Pablo pero no todo”, comentó Bertoni.

    En las enfermedades complejas como el cáncer hay combinaciones y distintos factores que intervienen en que se desarrolle o no.

    Latinos.

    En la actualidad hay una gran cantidad de información genética confiable que está disponible en bancos de datos públicos a los que puede accederse en la web.

    Fue así que los investigadores buscaron información de los latinos de México, Colombia y Puerto Rico.

    “Analizamos la misma región que estudiamos en los uruguayos. Encontramos que en las poblaciones mestizadas existe este intercambio de regiones muy variado y muy dinámico”, informó Bertoni.

    La información analizada de los uruguayos es “extremadamente dinámica y comparable a otras poblaciones latinoamericanas como México, Colombia y Puerto Rico”, informó Bertoni en su disertación en las Jornadas de la SUB.

    Genes de ancestros.

    Asimismo, Mónica Cappetta, bióloga y asistente del Departamento de Genética de la Facultad de Medicina, realizó un estudio sobre epigenómica, sobre los cambios en el ADN no heredados y su vínculo con el cáncer.

    Analizó el tema para detectar marcadores que puedan ayudar a determinar cuándo una persona es susceptible al desarrollo de melanoma y cáncer de mama en la población uruguaya.

    “Estos resultados sugieren su potencial uso como marcador de riesgo”, expresó Cappetta en el trabajo presentado en las Jornadas de la SUB.

    Quiere decir que sus resultados han logrado avances para poder estudiar y detectar personas que tienen mayor riesgo de desarrollar el cáncer.

    Por ejemplo, si en una familia alguien tuvo cáncer de mama, las demás mujeres podrían hacerse un estudio para determinar qué riesgo tienen de padecerlo también. O si una persona está expuesta a un estilo de vida que podría contribuir a la aparición de un cáncer de piel, se le podría hacer el estudio y ver qué nivel de riesgo —genómico— tiene de que aparezca.

    “Es una de las potencialidades que tiene este trabajo y no sería un estudio caro. Esto en el mundo está en desarrollo”, informó Bertoni.