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    Joven y sibarita

    El Fondito, un restaurante en Buceo que, con un jardín, una terraza y una pequeña sala, conquista con una propuesta de restobar relajado fuera del actual circuito gastronómico de la ciudad

    Puede ser que la falta de experiencia lleve a un joven treintañero a decidirse a abrir un restaurante porque no encuentra una propuesta que lo entretenga y alimente como quisiera. No obstante, es cierto que, por regla general, los bares de moda de Montevideo no hacen especial hincapié en lo que sirven para comer después de que empiezan a correr los tragos. El Fondito, un restaurante en Buceo que debe su nombre al jardín de la antigua casa que habita, intenta cambiar esa tendencia, y conjuga una carta de piqueos —todos caseros— con platos gastronómicos, tragos y vinos. De esta manera ofrece un punto de encuentro entre el diseño atractivo y el ambiente relajado en torno a la buena mesa.

    La mesa de dos de galería se sentó en la barra, sin reserva a las 21.30 horas de un jueves, pues ya no había mesas disponibles. No fue por falta de interés que la reserva no fue hecha, sino por desconocimiento del sistema. Las mesas en El Fondito se apartan por Facebook. ¡Sí, llegó ese día! El número de teléfono fijo que aparece en su Fanpage es simplemente decorativo, pues jamás lo atienden.

    En una barra de madera con sillas del mismo material reciclado y palets recuperados, se escuchó a Juan Ignacio “Nacho” Moro decir a sus socios Alberto Bayarres y Rodrigo Couce: “revisemos las hamburguesas, la carne sobresale al pan y no queda lindo. Es importante”. Las hamburguesas, los chivitos, las pizzas servidas en tablas por metros, y el revuelto gramajo presentado en un disco de arado, son los caballitos de batalla del restaurante. Otras preparaciones se suman al picoteo del menú de este espacio gastronómico que recibe a muchos grupos de amigos. Entre el bullicio de la charla de un restaurante lleno, los comensales de galería compartieron unos boniatos fritos cortados en bastones y salseados con una mezcla cremosa y firme a base de mostaza, acompañados de cerveza del tipo Indian Pale Ale (de las más amargas) artesanal, tirada de barril. Para los que prefieren cervezas más livianas, en El Fondito venden también las marcas de siempre, en distintos tamaños.

    Buceo es punto intermedio entre Pocitos y Punta Gorda, y por ello recibe a gente de todos los barrios, en una mezcla de clientes entre jóvenes como ellos, un poco más jóvenes todavía y otros mayores.

     Los platos de comida formales que preparan en este restaurante no son muchos, pero ofrecen al menos una versión de cada alimento básico de la dieta uruguaya: carne, pasta y pescado. Se destacan los langostinos en salsa de tomate acompañados de papines, tomates confitados y zanahoria; las ensaladas y la lasaña de la casa —hecha con masa verde— rellena de cordero estofado al tannat, deshilachado, queso fundido y salsa de tomate. Entre los postres resalta el flan casero.

    Al momento de elegir las bebidas, los jugos y las aguas saborizadas se convirtieron en Montevideo no solo en una opción frecuente frente al refresco, sino en la preferencia de un porcentaje importante del público. De todas las versiones de aguas de frutas disponibles, la limonada con jengibre y menta es la que más se repite. Las hay mejores y peores, y en El Fondito tiene a su favor que se elabora en el momento, y con fruta de verdad. Según explicó Moro a galería, todo en el restaurante es casero y lo más real posible. Los jugos de frutas incluso para los tragos se hacen desde cero con la propia fruta, los panes se elaboran en el día, igual que las salsas de tomate, la mezcla de la carne de la hamburguesa, las papas fritas (que siempre incluyen también boniatos), y más.

    Servir alimentos lo más frescos posibles fue uno de los objetivos que se trazaron los tres amigos que llevan adelante El Fondito, tres jugadores del cuadro de ex alumnos del colegio Lamennais. Ellos participan en todos los procesos de elaboración de la comida, de la misma manera que se involucraron en la obra que dio forma a una casa abandonada del barrio Buceo. También en su posterior ambientación, que incluye mesas de madera reciclada en el interior, un deck con sillones, y un jardín en desnivel, que con huerta incluida parece trasladar al comensal a un destino exótico o algún jardín interior de Palermo, en Buenos Aires. Sus dueños explicaron que lograron crear este ambiente después de haber visitado restaurantes fuera del país, pero pareciera que hay algo más. Elementos de diseño como cajones de madera de verdura, fotos antiguas, telas como techo de claraboya y más, demuestran una sensibilidad especial para la estética.

    Ese mismo espíritu es el que aparece en los platos de metal enlozado en los que sirven gran parte de la carta, como la lasaña, y en la pequeña sartén de hierro hirviendo en la que se sirven los langostinos. Estos dos platos fueron los elegidos por galería en una de esas noches de febrero calurosas.

    La carne de cordero de la lasaña, estofada y deshilachada, se derritió en la boca, junto con el queso fundido acompañado de salsa de tomate. Este es un plato para disfrutar sin entrada, pues la fritanga del inicio nada tiene que ver con esta preparación gastronómica. Para los langostinos una única objeción: al servirse en un recipiente de hierro muy caliente, el marisco continúa cocinándose mientras se come, por lo que los últimos mordiscos llegarán pasados de cocción a la boca. No obstante, este plato está preparado con una salsa apenas picante y llena de sabores, algo poco frecuente en la mesa montevideana. Este último plato se acompañó de una copa de sauvignon blanc El Portillo, porque aquello de la tolerancia cero de alcohol en la conducción impidió el pedido de una botella para compartir. Después se eligió un flan casero con dulce de leche, al que le faltaba el caramelo en la superficie para colaborar con el nivel de dulzor de esta simple mezcla de huevos, leche, azúcar y vainilla, en su versión más tradicional. Para terminar fue necesario un té, que llegó en una caja de variedades en la que faltaba un mixto o hierbas digestivas frescas, que combinarían con este bar/restaurante que aboga por el tan actual slogan “hecho por nosotros mismos”. Por la entrada, los platos principales y el postre descripto, galería pagó 1.390 pesos, un precio justo por una noche de entretenimiento para dos, en torno a una mesa preocupada por su propuesta gastronómica.

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    El Fondito (Pedro Bustamante 1222). Abierto de martes a domingo de 20.30 al cierre. Precio promedio por persona: 450 pesos (aceptan Visa, Master Card y American Express). Reservar por Facebook.