Un sinfín de pequeños actos cotidianos no son más que acciones mecánicas que hacemos sin pensar. Tirar a lavar sistemáticamente la ropa del día no solo congestiona el cesto de la ropa sucia en invierno, cuando tarda más en secarse, también es perjudicial para las mismas prendas y para el medioambiente. Por ejemplo, poner a lavar tan seguido la toalla de baño no es aseo, es derroche. La diseñadora Stella McCartney dio un paso más en su mensaje ambientalista (diseña colecciones a partir de materiales reciclados y evita las pieles de animales) al recomendar lavar la ropa con menos frecuencia. 'Una regla básica en la vida: si no necesitas realmente limpiar algo, no lo hagas', dijo la británica en una entrevista con The Guardian. Lo aprendió mientras estudiaba en la universidad de Artes londinense Saint Martins y en su tiempo libre hacía prácticas en Savile Row, la calle conocida por concentrar las sastrerías más tradicionales de Londres. “La regla de un traje hecho a medida es que no hay que lavarlo. Dejas que la mancha se seque y la cepillas. En la vida, lo mismo: si no necesitas lavar, no laves. No lavo mi soutien cada día y no meto cosas en la lavadora solo porque me las haya puesto. Soy muy higiénica, pero no soy fan ni del lavado tradicional ni del lavado en seco”, explicó. Además, las prendas sintéticas de acrílico y poliéster desprenden con cada lavado millones de microfibras de plástico, nocivas para el medioambiente.
El desperdicio de agua. Sin miedo a ser cuestionada por falta de higiene personal, en su entrevista con el periódico británico Stella McCartney aseguró que “la regla es dejar que la suciedad se seque y luego quitarla con un cepillo'. De esa manera, se utiliza menos agua y se extiende la vida útil de las prendas: una ecuación beneficiosa por donde se la mire. Aunque algunos adoptaron la postura de que las afirmaciones de la diseñadora venían de una persona privilegiada, con acceso a prendas confeccionadas con materiales de primera y con un estilo de vida que no expone la ropa a mancharse tanto, según un informe que la asociación Fashion Revolution elaboró en 2017 junto a la empresa de electrodomésticos AEG, 90% de la ropa que se mete al lavarropas no necesita ser lavada. Es decir que todos sobrelavamos.
Se estima que un lavarropas estándar, en un ciclo de lavado medio, utiliza entre 60 y 70 litros de agua, según dijo a galería Mariana Robano, ingeniera civil, máster en Ingeniería y directora técnica de Reacción, una empresa que asesora a otras organizaciones sobre cómo ser más sustentables. Aunque la cifra es un número de referencia, pues varía dependiendo del lavarropas y del ciclo de lavado, constituye un porcentaje elevado del agua total que consume un uruguayo en total por día: unos 150 litros. Por eso, Robano recomienda usar siempre el lavarropas con carga completa para optimizar el uso. “Además, hay veces que, más allá de cuántas veces se lave la prenda, si tiene una suciedad menor capaz que se puede elegir un lavado corto para minimizar el uso de agua y energía”, agregó. Haciendo foco en la parte energética, conviene pensar dos veces si es necesario que el agua esté tibia o si estando a temperatura ambiente es suficiente para esa tanda de ropa en particular.
El jabón es otro apartado a considerar, porque algunos “aportan fósforo o sustancias amoniacales que son contaminantes para el agua”. Lo ideal sería elegir un jabón biodegradable, pero según Robano no existe todavía en Uruguay una norma que certifique esa condición en los jabones aunque la etiqueta lo afirme. “Conceptualmente, que sea biodegradable es mejor, pero hay un abuso de los términos ecofriendly y biodegradable”, aseguró. Además, explicó que la biodegradabilidad está asociada a ciertas condiciones: “¿Es biodegradable en qué ambiente, en qué condiciones? ¿En un curso de agua? ¿En la red de saneamiento? ¿Es biodegradable puesto a la luz solar? ¿En presencia de aire o no?”. No es un término absoluto y la clasificación encierra una letra chica que no se explica en ningún envase.
Lavar en seco (o no lavar). En 2014, Chip Bergh, que llevaba tres años como CEO de Levi’s —y revolucionó la empresa desde su llegada—, declaró en una conferencia de prensa que no acostumbraba lavar sus jeans. De hecho, nunca lo había hecho, aunque algunos lo acompañaban desde hacía diez años. En ese momento, algunos expertos en materia textil apoyaron la posición de Bergh, diciendo que el denim se deterioraba con los sucesivos lavados, y que una buena forma de eliminar las bacterias del género era guardarlos en el freezer o simplemente ventilarlos para mantenerlos frescos.
La visión de Bergh parece estar en sintonía con la de McCartney, y las opciones alternativas al agua para mantener el guardarropa en buenas condiciones pueden, incluso, alargarle la vida y salir un poco del círculo vicioso del fast fashion: desechar y comprar ropa. Es sabido que el lavarropas —y ni que hablar el secarropas— desgastan las telas con rapidez.
“Creo que la ropa de una persona que es aseada, que se baña todos los días, que usa antisudoral, que trabaja en lugares en los que no se pasa demasiado calor, es muy fácil de mantener”, dijo a galería Ana Durán, referente en economía doméstica y gran solucionadora de problemas vinculados a las tareas del hogar. “Yo les tengo mucha confianza a los cepillos; el cepillo para mí es importantísimo en la ropa. Hay unos que tienen cerdas alrededor y pelitos de acero en el centro, que son en realidad para la gamuza o el nobuk, pero yo los uso mucho en la ropa de lana. No solo me ayuda a sacarle las pelotitas, sino también a evitar el lavado”.
Durán sugiere también una alternativa al agua para los cuellos y las solapas de los blazers y los tapados: “Una solución de éter, alcohol y disán en partes iguales, pasándola con una toalla vieja, de las que descartás, que sea áspera, que puedas raspar sin dañar la tela, es ideal para pasarles no solo a los cuellos, también a los puños y a los bolsillos, donde hay más roce”.
Como forma de mantener la ropa impecable con menos lavados, Durán sugiere, además, al sacarse la ropa, colgarla en una percha y el pantalón doblarlo de la forma en que viene planchado”, aconseja.
Que la ropa se deteriore menos y dure más lleva a que haya que reponer las prendas con menos frecuencia y se pueda, tal vez, invertir un poco más para acceder a algo de mejor calidad, más consciente en sus materiales y en su confección. Nada que no se pueda resolver con un poco más de cuidado y responsabilidad.
Lavarropas eficiente
El uso del lavarropas tiene varias aristas, también desde el punto de vista del aparato en sí, según explicó a galería Mariana Robano, ingeniera civil, máster en Ingeniería y directora técnica de Reacción, una empresa que asesora a otras organizaciones sobre cómo ser más sustentables. La elección del lavarropas en términos de eficiencia es determinante en el gasto de energía. Si bien todavía no es obligatorio en Uruguay, algunos modelos disponibles ya cuentan con la etiqueta de eficiencia energética. “Así como están los calefones y los aires acondicionados, también se viene el tema de etiquetado de lavarropas”.
A la hora de elegir lavarropas, es recomendable tener en cuenta que la marca tenga service y garantía en Uruguay. “Muchas veces compramos un lavarropas, después se rompe una parte y no hay quién lo repare”, dijo Robano. “El tema ambiental del lavado de ropa va un poco más allá del uso cotidiano del lavarropas y empieza cuando elijo el electrodoméstico. Que sea eficiente y que sea reparable, porque si a los dos o tres años se me rompe y no tengo garantía o no tengo quién lo repare, tengo que comprar uno nuevo, y capaz que la carga ambiental de esa decisión es más grande que lo que implica el lavado”. Pensar en su potencial vida útil es el primer criterio al decidir la compra.
Cuidar el agua
“En Uruguay estamos acostumbrados a que abrimos la canilla y tenemos agua potable para usos que no requieren que el agua sea potable, por ejemplo, lavar la vereda; lo podría hacer con cualquier agua, no necesariamente con calidad de agua potable”, dijo a galería la ingeniera civil experta en sustentabilidad Ana Robano. “Cada uno desde su lugar tiene que promover el cuidado del agua, porque así también estamos cuidando la energía. OSE es el mayor consumidor energético del país, así que cuidando el agua cuidás la energía como recurso”, agregó.
Según Robano, si bien estamos habituados a tener el recurso disponible, el país ya está teniendo problemas con algunos cursos de agua, como la cuenca del río Santa Lucía, que abastece a Montevideo. “Ha tenido problemas de contaminación y ha llevado a que se les exija a las industrias que están en esa cuenca que aumenten su sistema de tratamiento de aguas residuales para que las viertan en el río en mejores condiciones. Tenemos que ir por sistemas de potabilización más sofisticados, porque ha caído la calidad del río”.
Según la experta, lo importante es apostar a que “todos tomemos conciencia y entender que todos sumamos”. Es necesario un cambio de hábitos y tener una actitud y un consumo más responsables. “Requiere de todos los ciudadanos. No es solo problema del Estado o la intendencia o las empresas”, aseguró.
Proteger la ropa
Ana Durán dio una serie de consejos para que la ropa dure más y en perfectas condiciones.- 'Es mejor tender la ropa recién lavada en perchas; “sacudirla bien y darle forma al colgarla”.
- “El vapor de agua es como un último planchado que le da un aspecto más prolijo a una camisa o a cualquier prenda sintética”.
- Tener en cuenta que hay ropa (como la de seda) que no conviene tenderla al sol, que muchas veces la acartona o la quema.
- “Una vez que te vestiste y te maquillaste, si te falta ponerte alguna prenda puntual que puede mancharse, usar un pañuelo para envolver la cara maquillada y no manchar la ropa”.
- Los pañuelos colocados sobre el cuello también ayudan a no manchar con transpiración y maquillaje los cuellos de las prendas.
- La lana conviene lavarla a mano. Si se la lava en la máquina, que sea con un programa corto adecuado para lana y, si es posible, tenderla sobre un toallón en una mesa, en forma plana.