Los dos primeros fines de semana de agosto marcaron el comienzo del Campeonato Clausura 2018 de las divisionales A y B de la Liga de Fútbol Femenino, etapa que la mesa ejecutiva de la Asociación Uruguaya de Fútbol denominó Fiorella Bonicelli. El homenaje no es casual y cuadra perfectamente —aunque no haya sido futbolista— por tratarse de una verdadera pionera del deporte femenino, además de ser considerada la mejor jugadora de la historia del tenis uruguayo. Si bien en nuestro país el tenis no tiene la trascendencia y la popularidad de otros deportes, sí tiene un rico historial en masculino (con todas las miradas puestas en las actuaciones de Pablo Cuevas en el circuito ATP). Sin embargo, pasa lo que en todos los deportes: la actividad femenina queda en un segundo plano. Cuando en 2008 Cuevas se consagró campeón de Roland Garros en la modalidad dobles, mucha gente desconocía que tres décadas antes (concretamente en 1975 y 1976) Fiorella Bonicelli ya lo había logrado dos veces. Nacida el 21 de diciembre de 1951, Bonicelli fue la primera mujer que viajó a jugar al exterior —representó al país en Europa con apenas 18 años— y compitió en el circuito profesional en las décadas de 1970 y 1980. Antes de José Luis Damiani, de Diego Pérez y Marcelo Filippini, de Pablo Cuevas, ella ya estaba jugando y viajando por el mundo como una gran promesa del tenis.
El deporte profesional exige sacrificios y trae miradas y presiones, implica dejar de lado muchas cosas por perseguir el sueño de destacarse. Para aquellos deportistas que se dedican de lleno, perderse cumpleaños de 15 es algo habitual. A ella le pasó con el suyo propio: el día de su cumpleaños estaba en Australia entre tenistas, ya que se había ganado una beca. Después vino el circuito profesional europeo y diez años en la elite. “En Uruguay yo era la única que viajaba como profesional en ese momento, y tuve siempre el apoyo de mi club, el Carrasco Lawn Tennis, la Asociación Uruguaya de Tenis y lo más importante, de mis padres. Me gustaba mucho el circuito europeo y es allí donde me sentía más cómoda, y donde pude progresar y desarrollar mi tenis sin ninguna presión. No tuve mayores dificultades por ser mujer”, contó a galería sobre aquella época.
Bonicelli fue una de las únicas dos mujeres uruguayas (Estrella Puente fue la otra) en participar en Roland Garros, torneo que ganó dos veces en dobles y dobles mixtos. También tuvo actuaciones destacadas en singles de los torneos de Grand Slam y jugó 29 partidos por la selección uruguaya en el equipo de Fed Cup (con 11 victorias y 4 derrotas en singles, y 6 victorias y 8 derrotas en dobles). Su carrera la llevó a recoger reconocimientos de colegas y especialistas a escala internacional. Un ejemplo de ello fue el tenista argentino Guillermo Vilas, quien en una nota que le realizó Guillermo Salatino en 2015 dijo sobre lo que recordaba del tenis uruguayo: “Uruguay siempre tuvo grandes tenistas; Joselo Damiani era muy técnico, Hugo Roverano, Diego Pérez, Marcelo Filippini, Fiorella Bonicelli, con todos jugué y compartí lindos momentos”. En 2007, el diario El Mercurio de Chile publicó una nota titulada Simplemente, los mejores. Allí se reflejaban las opiniones de veinte especialistas, que consagraron a Vilas y a la también argentina María Esther Bueno como los más grandes tenistas latinoamericanos de la historia. A cada participante se le pidió que votara por cinco hombres y cinco mujeres, sin importar la época (no hubo distinción entre la etapa amateur y la era Open) y se le entregaban diez puntos al primero de cada categoría, ocho al segundo, cinco al tercero, tres al cuarto y uno al quinto. Fiorella Bonicelli recibió votos como la tercera mejor jugadora latinoamericana de todos los tiempos (por detrás de María Esther Bueno y Gabriela Sabatini) por los periodistas franceses Alain Deflassieux y Philippe Bouin, ambos de L' Équipe y tuvo otro voto como la cuarta mejor (tras Bueno, Sabatini y Anita Lizana), del exjugador y entrenador chileno Patricio Rodríguez.
Su carrera la llevó a lugares inusitados para una deportista uruguaya. Por ejemplo, en 1973 se instauró en Estados Unidos una liga denominada World Team Tennis (WTT), torneo profesional mixto que se jugaba con un formato de equipos y en el que cada partido constaba de cinco sets, cada uno con una configuración diferente (singles masculino, dobles masculino, singles femenino, dobles femenino y dobles mixto). La temporada tenía lugar en los meses de verano del hemisferio norte, cuando jugadores y jugadoras del circuito profesional de la ATP y la WTA descansaban de las giras y aprovechaban para participar.
Un artículo de The New York Times daba cuenta de que la ascendente estrella Fiorella Bonicelli, de 21 años, se sumaba a los New York Sets a cambio de los derechos federativos de Cliff Richey. Integraría el equipo que competiría en una temporada regular de 44 partidos y se enfrentaría al mayor desafío de su carrera, según George Bernard, manager general del equipo. El directivo agregaba: “Pero estoy seguro de que sorprenderá a varios de los mejores jugadores del WTT”. El artículo también destacaba a las estrellas que Bonicelli tendría que enfrentar durante la temporada, entre las que estaban jugadoras como Billie Jean King, Margaret Court, Rosemary Casals o Evonne Goolagong.
El equipo estaba capitaneado por el legendario español Manuel Santana como jugador-entrenador y terminó esa temporada inaugural con un récord de 15 victorias y 29 derrotas (último lugar de la división Atlántica). “Fue una experiencia distinta, no puedo decir que me haya gustado, pero fue en ese momento una revolución, con ideas del tenis totalmente distintas a las tradicionales”, dijo Bonicelli respecto a aquella experiencia 'exótica'. “Nos contrataban por una temporada para jugar contra equipos de otras ciudades, y jugábamos en estadios cerrados, con música y shows como lo hacían en los partidos de básquetbol. Las reglas del juego eran distintas también, como por ejemplo nos podían cambiar en mitad de un partido. Duró algunos años más pero no tuvo el éxito que algunos esperaban”.
Otro ejemplo de la trascendencia internacional de nuestra mejor tenista fue su presencia en un hito que marcó la lucha de las jugadoras por mejores condiciones. El fin de semana del 14 y 15 de mayo de 1977 se creó en Roma la WITA (Women's International Tennis Association), una entidad paralela a la WTA que buscaba establecer parámetros más justos en la distribución de premios y puntos. En esos años, las mejores tenistas eran estadounidenses, británicas, australianas y algunas otras europeas, todas acostumbradas a las canchas rápidas. La WTA, dirigida por ellas, impulsaba la competición en ese tipo de canchas y desvalorizaba las de polvo de ladrillo. Resumiendo, si una profesional no jugaba en Estados Unidos, casi no acumulaba puntaje y aparecía en el final del ránking. Así se fue gestando la idea de formar una asociación más “internacional”, lo que desembocó en la creación de la WITA.
La nueva asociación contemplaría todos los torneos que se jugaban en el mundo, otorgándoles un puntaje según la categoría y sin importar la superficie o el país sede. Algunos de sus principales objetivos fueron defender los intereses de las jugadoras en los torneos fuera de Estados Unidos, propagar el tenis femenino desde las bases y realizar una clasificación mundial que tuviera en cuenta todos los certámenes organizados profesionalmente y no únicamente los estadounidenses. Las interesadas también propusieron generar un circuito especial con sedes en Latinoamérica y Europa, idea que tuvo la adhesión de 150 tenistas y tuvo a la argentina Elvira Weisenberger como primera presidenta. Bonicelli fue elegida como vicepresidenta de ese Consejo Directivo inicial, que contaba con la española Vicky Valdovinos como secretaria y con otras destacadas jugadoras como la italiana Daniela Marzano, las francesas Brigitte Simon y Gail Lovera y la estadounidense Cendy Thomas.
Varios países apoyaron esa reunión constitutiva y validaron ser representados por la WITA. Uruguay, con la fuerte presencia de Bonicelli, fue uno de ellos. En un artículo del periodista Eduardo Puppo titulado Temblores que fortalecieron al tenis femenino, Elvira Weisenberger contaba una de las medidas tomadas por aquella asociación paralela. En 1978, durante un torneo en Niza, varias jugadoras llevaron adelante una sentada con pancartas en la cancha principal durante media hora, reclamando más dinero, más viáticos y mejores canchas. “Allí estuvimos junto a Sylvie Rual, Brigitte Simon, Dominique Beillan, Nathalie Fuchs, Carmen Perea, Fiorella Bonicelli, Helena Anliot y María Victoria Baldovinos, entre otras. Tuvo gran repercusión mediática, con fotos en los medios donde se veían los carteles que decían: ‘No dejen morir al tenis femenino’ o: ‘Los impuestos deben ser proporcionales a las ganancias’, ya que se pagaba un 48% de los premios. Fuimos escuchadas y se nos elevó el monto de los viáticos”.
Algunos años después, en 1986, llegaría el final de una carrera única. ¿La rival? Una ascendente argentina de nombre Gabriela Sabatini, que derrotaría a la uruguaya por 6-1 y 6-1. “Sí, fue el último, es más, ya llevaba siete años fuera del circuito, y solo participaba en torneos en Francia, que es donde vivía. En el 86 se jugó la Copa de la Federación en Praga (equivale a la Copa Davis de hombres), y me pidieron que fuera como capitana. De Uruguay iban Silvana Casaretto y Mariela Clavijo, supuestamente. Yo iba como reemplazante. Mariela no pudo viajar y tuve que acompañar a Silvana con el otro single. Pasamos dos o tres rondas y nos tocó Argentina, con Gabriela Sabatini y Mercedes Paz en el equipo. Allí se terminó nuestra linda aventura”, comentó a galería.
Quien fuera una pionera de nuestro deporte —para algunos no reconocida como merece—, hoy practica el golf competitivo en la categoría master y todavía no colgó la raqueta, ya que integra la Asociación de Veteranas de Uruguay (este año viajó a Chile representando al país en el Sudamericano Senior). También en este año, el Cantegril Country Club de Punta del Este le rindió homenaje bautizando con su nombre su cancha N° 1. Al consultarla sobre qué figuras ve en el horizonte del tenis femenino uruguayo, y si están dadas las condiciones para que pueda surgir una nueva jugadora destacada en el plano internacional, señala: “Hoy en día, llegar lejos en tenis requiere muchas condiciones y dedicación desde temprana edad. Guillermina Grant está en el buen camino, y además de las condiciones que tiene, ama el tenis y pienso que es un factor importantísimo para llegar”. Y casi sin hacer pausa, la primera raqueta femenina uruguaya desdice a quienes piensan que su carrera y sus logros no son reconocidos en su justa medida: “Sí, pienso que tuve siempre el reconocimiento y el cariño de todos los uruguayos”.
Saque, revés y sets
• Fiorella Bonicelli escribió la página más gloriosa del tenis femenino, ganando dos veces Roland Garros. Primero en 1975 en dobles mixtos junto al brasileño Thomaz Koch al vencer 6-4, 7-6, a Jaime Fillol y Pam Teeguarden y luego al año siguiente en dobles femenino junto a la francesa Gail Sheiff 6-4, 1-6, 6-3, derrotando a Kathy Harter y Helga Niessen.
• Junto con Marcelo Filippini, son los únicos uruguayos en llegar a instancias de cuartos de final en un torneo individual de Grand Slam (cuartos de final de Roland Garros en 1978 y octavos de final en 1973 y 1975, igual que en el US Open de 1972). Fuera de los Grand Slams, Bonicelli llegó a la final del Abierto de Argentina en 1972, del Torneo de San Pablo en 1973 y del Torneo de Monte Carlo de 1978. También alcanzó semifinales de dobles femeninos en Wimbledon 1973 y cuartos de final en Wimbledon 1972 y Roland Garros 1971, 1972, 1973 y 1975.
• Sus logros la hicieron merecedora del primer premio Charrúa de Oro otorgado por el Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay en 1972, con apenas 20 años. Cabe recordar el fundamento del Premio al Mejor Deportista del Año entregado por el CPDU: “A quien compitiendo, haya cumplido actuaciones sobresalientes nacional e internacionalmente, enalteciendo y promocionando el deporte que practica a través de su directa y personal influencia”.