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El uruguayo que pasó de instalar cargadores para Tesla a compartir reuniones con Elon Musk

Según Jorge Milburn, el economista uruguayo que se convirtió en el primer empleado de Tesla en España y Portugal y que se define como "tecnomptimista", la inteligencia artificial es la mayor oportunidad tecnológica que se ha originado en la historia

Editora de Galería

Nadie sabía de qué hablaba Jorge Milburn cuando en 2015 anunció que se iba a trabajar a Tesla. Y explicarlo tampoco resultaba efectivo: “¡Nadie va a querer eso, son lavadoras de cuatro ruedas!”, le decían sus conocidos acerca de los autos eléctricos de la entonces emergente compañía dirigida por Elon Musk.

Al uruguayo le dieron una computadora, le pidieron que se comprara un teléfono para luego pasar los viáticos y así, sin más, lo convirtieron en el primer empleado de Tesla en España y Portugal. Nueve años después, al abandonar la empresa, recordó en sus redes sociales aquellos días: “Éramos una startup precaria, al borde de la quiebra. Cuando decía que llamaba desde Tesla, me respondían: ¿quién?”.

Como tantos otros, Milburn se fue de Uruguay a probar suerte en el extranjero. Se recibió de economista en Escocia, trabajó como concierge en un hotel de lujo, se desempeñó como economista en una petrolera y cofundó una empresa inmobiliaria, entre varios otros empleos. Un buen día entró a Tesla con la misión de instalar una red de cargadores, sin imaginar que años después terminaría compartiendo reuniones decisivas con quien hoy es el hombre más rico del mundo. El uruguayo, que se autoproclama “tecnoptimista”, fue director global de Crecimiento de la compañía y el máximo responsable del negocio automotor para Europa, Medio Oriente y África; en concreto, con poco más de 30 años la cúpula de Tesla le confió la resolución de los principales obstáculos en las ventas mundiales, la gestión de presupuestos anuales de 20.000 millones de dólares y el liderazgo de un equipo de 2.000 personas.

Están los desafíos y, más allá, las misiones imposibles. Al uruguayo la primera palabra parece quedarle demasiado cómoda como para seducirlo. Dejó Tesla cuando notó que el crecimiento exponencial del que fue parte comenzaba a “moderarse” y, pese al prestigio que con los años cobró la compañía, apostó por una startup de un sector que está convencido de que completará la integración de la inteligencia artificial (IA) a la vida cotidiana: los robots humanoides domésticos. “Tenía ganas de seguir tomando desafíos que me empujen al límite”, reconoce a Galería desde Uruguay, pocos minutos después de contar su historia sobre el escenario del Summit IA Human Future, y antes de confesar que resolver problemas complejos, lejos de estresarlo, se siente como dar un paseo.

En su descripción de X dice “haz un mundo mejor”. ¿Qué sería para usted un mundo mejor?

Me defino como un tecnoptimista, creo que el estado natural de la humanidad es bastante básico y la tecnología es lo que nos ha llevado a ser una sociedad más avanzada, a mejorar la vida de muchísimas personas. La llave para la resolución de los desafíos que tenemos por delante como humanidad está en la tecnología: es lo que mejora la productividad, lo que nos permite curar enfermedades, crear riqueza, cubrir necesidades materiales donde antes no se podían cubrir. Eso es lo que más me causa optimismo de esta gran ola. Tenemos la oportunidad de mejorar el mundo a una velocidad exponencial.

Entró a Tesla en 2015, siendo el primer empleado en España y Portugal. ¿Cómo era la compañía en aquel entonces?

A mi compañero de piso en Londres lo contrataron en Tesla, y en una reunión con el jefe del equipo de recarga le dijeron: vamos a cubrir España y Portugal con supercargadores. Necesitaban a alguien para cubrir esos países. Mi amigo le sugiere que hable conmigo. Tuve tres entrevistas por Skype y me mandaron un contrato de trabajo que no tenía ni entidad legal, nada. Me dijeron: ok, tenés una tarjeta, comprá el celular y pasás los gastos. Y a la aventura. Primero instalamos la red de recarga. Teníamos que montar toda la infraestructura para poder empezar a vender autos. No existía; en los primeros viajes que hacía por España, a veces tenía que parar para recargar 36 horas porque era en un enchufe normal y, claro, ahora lleva solo 10 minutos. Me acuerdo de que mis amigos me decían: ¡Pero vos estás loco! ¿Te vas a instalar enchufes a esa empresa? Nadie va a querer eso, ¡son lavadoras con cuatro ruedas! Yo tenía mucha convicción. Analicé qué era lo que estaba pasando para entender a quién le tenía que creer. Cuando estudiás y entendés, conectás los puntitos y decís: creo que esto va por ahí.

¿Y en qué momento pasó de instalar cargadores a liderar mercados enteros?

Después de instalar todos los cargadores me eligieron para lanzar España y Portugal; yo tenía 28 años, era un niño, o sea, ¡un complejo de impostor! Armamos el equipo, nos fue superbién. A partir de ahí me propusieron liderar el programa para el Model 3 (el auto que llevó a Tesla al mercado masivo), que suponía crecer cinco veces más de un trimestre al otro. Y cuando hacés cosas físicas, crecer por cinco en tres meses es muy difícil, porque los autos no van en cajas, no los podés apilar. Pero lo hicimos, y después fui liderando todo el negocio entre Europa y el Medio Oriente, para de ahí pasar a una responsabilidad más global, básicamente desarrollando todas las estrategias de crecimiento. Es una empresa donde, si vos tenés las ideas, la expectativa es que las ejecutes. Tuve una enorme responsabilidad sobre los resultados, y estuve en la empresa en la parte exponencial de la curva.

¿Qué distingue a quienes logran crecer tanto dentro de Tesla, como usted?

El hacer. Elon se da cuenta de quién es el que está sentado en la silla hablando y no hace nada versus quién es el que está con las manos en la masa creando, al pie de batalla con los equipos. Quienes hacen y ejecutan son para él las personas más valiosas. En el momento en que dejás de hacer o ejecutar valés cero para él, sin importar la trayectoria o la historia.

Se percibe a Tesla como una empresa hiperexigente; incluso Elon Musk ha dicho que trabaja 80 horas semanales. ¿Es realmente así?

Si sos una persona que siente un placer profundo en crear cosas, nunca vas a sentir que estás trabajando. Esa es la sensación que tuve en Tesla. Trabajé muchísimas horas, pero tenía tanta autonomía para hacer y crear lo que quisiera que le decía a la gente que sentía que estaba jugando un videojuego. ¿Mirar el reloj? Ni se me ocurría. Es como cuando te perdés en un juego, o en una película o en algo que te gusta mucho. Si sos ese tipo de persona, no es algo que te pese. Toda la gente que está ahí lo hace porque tiene una motivación interna profunda de hacer lo que está haciendo y por qué lo está haciendo. Los negocios de Elon tienen una lógica muy orientada a la misión. Tener gente supercapaz, darles una misión y herramientas para que puedan hacer y habilitar y crear es una receta que permite ir hasta Marte. Creo que esa es la gran diferencia entre verlo desde fuera y desde dentro. Si no me conocés y ves todas las horas que estoy trabajando, pensás: ¿cómo aguanta? Y en realidad, para mí, se siente como dar un paseo.

¿No se estresaba o desarrolló una mayor tolerancia al estrés?

El estrés viene de la ansiedad sobre lo desconocido. Ahora, si vos sabés que a la luz de cualquier problema que se te presente tenés la habilidad de deshilvanarlo, entender las partes que lo constituyen y poder establecer cualquier tipo de solución sin importar que sea lo que se haya hecho antes o no, no te importan los problemas. A veces los problemas casi te alegran, porque podés resolver e inventar algo nuevo. Al final, los problemas son como alimento. Si entrás en esa mentalidad, no te dan ansiedad, no te estresan. Incluso, si no estás en ese momento en control de la situación, sabés cómo ponerte en control. Y eso es algo superpoderoso.

¿Cómo se pone en control?

Hay que encarar de frente el problema. Tenés que tener una honestidad radical, borrar todas las cosas que no necesitan seguir existiendo, acelerar el proceso, tratar de optimizar y por último automatizar. Ese es un poco el algoritmo que tiene Elon; a menos que la solución rompa los límites de la física, la vas a encontrar. Y por eso creo que Elon es tan necio-ambicioso. Me acuerdo de que en 2019 estábamos entrando en una sala, lo tenía sentado adelante, estábamos hablando de conducción autónoma y él me dice: anotá mis palabras, todo lo que te dije hoy se va a convertir en realidad. Lo repitió tres veces y todo se convirtió en realidad. Él está obsesionado con la meta de alcanzar la verdad. Y la verdad viene de explorar el mundo, de discutir, de desafiarse, de explorar el universo, de mercados de ideas vigorosos.

Elon se da cuenta de quién es el que está sentado en la silla hablando y no hace nada versus quién es el que está con las manos en la masa creando, al pie de batalla con los equipos. Quienes hacen y ejecutan son para él las personas más valiosas. Elon se da cuenta de quién es el que está sentado en la silla hablando y no hace nada versus quién es el que está con las manos en la masa creando, al pie de batalla con los equipos. Quienes hacen y ejecutan son para él las personas más valiosas.

Hoy se habla mucho del bienestar de los empleados y del equilibrio entre vida y trabajo. ¿Qué lugar ocupa eso en una empresa como Tesla?

No hay nada más satisfactorio que elaborar cosas que importan. No importa si sos el portero o la limpiadora. Lo más importante es sentir que estamos haciendo cosas que importan y aportando nuestro grano de arena desde nuestra posición y nuestras posibilidades. El bienestar de las personas viene de sentirse útiles y maximizar la utilidad que sienten las personas en su propósito o en sus funciones. Si eso está, creo que las personas en general se sienten muy satisfechas en sus trabajos. La mayoría de las veces que no están satisfechas hay un barniz sobre el problema real, que es que quizás están haciendo algo que creen que no aporta o que no importa o que no están creciendo. El propósito es una fuerza superpoderosa, muy contagiosa. Hay una mentalidad según la cual hacer más cosas nos hace más fuertes, no más débiles.

¿Qué representa para usted la figura de Elon Musk?

Es una de las personas más excepcionales que ha vivido en la historia a todo nivel. Alguien que lo que hace no lo hace por rédito propio. Vive en una casa superchiquitita, no tiene cosas de lujo, no tiene un barco grande, no se va de vacaciones, no se compra ropa cara, no le interesan las cosas materiales. A él le interesa tener recursos para poder crear cosas que van a mejorar la humanidad. Por ejemplo, darle a la humanidad internet satelital en todos los rincones del mundo para que hasta un niño en el Amazonas o en el medio del océano tenga acceso a todo el conocimiento del mundo. O crear, por ejemplo, las tecnologías que nos van a hacer eliminar las emisiones del transporte. O conseguir proteger a la humanidad de un evento crítico que elimine la especie. O sea, él es un humanista. Ama la humanidad y quiere mejorar la vida de las personas. Y eso es lo que más lo motiva. Yo me defino como un tecnoptimista, y él es la definición del tecnoptimismo, de que la llave a la mejora de la vida de las personas está en diseñar e implementar nuevas tecnologías. Elon ha inspirado a una generación entera acerca de nuestra capacidad de crear, y ha creado una generación de líderes que se han expandido a distintas empresas que enfrentan los desafíos más difíciles del mundo en los campos más diversos. Creo que es una fuerza para inspirar a la humanidad. Espero que siga vivo mucho tiempo, y que siga creando.

Es al mismo tiempo una figura muy polarizante, que genera admiración pero también mucho rechazo. ¿Por qué?

Lo que le diría a la gente es: escúchenlo. No el snippet o el titular. Siéntense y escúchenlo hablar, sus ideas, sus valores, qué es lo que propone. No lo que ustedes creen o lo que les llevaron a creer, o la perspectiva que tienen. O sea, intenten abstraerse lo máximo posible, eliminen sus preconceptos y escuchen con detenimiento a ver si lo que dice es verdaderamente tan descabellado o si él quiere hacer las cosas bien. Creo que si hace eso, la gente lo va a entender mucho más. Obviamente, como todo ser humano, tiene sus bemoles, comete sus errores, y a veces se pone de punta y se enoja. A él le importa crear, construir. Creó OpenAI porque quería que la inteligencia artificial fuera democrática, y es gran parte de lo que inició el movimiento para que hoy sea tan abierta y que esté disponible para todos.

¿Cómo fue a parar en una empresa como Tesla siendo economista de formación?

La economía crea modelos mentales para entender lo que va a suceder en las interacciones humanas, a nivel micro, macro. Al estudiar y crear modelos mentales podés entender qué es lo que va a pasar, y a partir de eso podés anticipar los problemas. El superpoder es entender cómo se relacionan las cosas. Es muy importante que todo el mundo invierta en estudiar matemática, estadística y física, porque te dan herramientas muy potentes para predecir cosas.

Durante años se insistió en la idea de estudiar programación y tecnología, vistas como las carreras del futuro. ¿La inteligencia artificial está cambiando esa noción?

En la vida siempre hay ganadores y perdedores. Los que ganan son los que toman esas herramientas y las usan para su beneficio. Entender nunca fue más importante, en especial porque pensar se convirtió en gratis. Por ejemplo, yo puedo entender un modelo estadístico que nunca podría haber construido yo mismo. Pero ahora sé exactamente qué es lo que quiero construir con ese modelo estadístico, se lo explico a una IA y sé si lo hizo bien o mal. Eso es lo que va a determinar en el futuro quiénes son los nuevos ganadores.

¿No hay nada que le preocupe o le inquiete sobre el avance de la IA?

No hay algo que me preocupe en sí. Sí estoy muy expectante en ver cómo adoptamos esta tecnología y cómo gestionamos el cambio. El principal desafío de la IA es que quienes tienen una perspectiva muy negativa la contagien y hagan que la gente tome miedo o crea que la IA es un adversario, cuando es al revés: es la oportunidad más grande que se ha originado en la historia de la humanidad para todas las personas. Y está disponible para todos, en cualquier lugar del mundo. Es el momento más alucinante y democratizante en la historia de la humanidad. Cuando tenés esas voces que utilizan el miedo o la ansiedad para expandir la desazón sobre la IA, se frena el desarrollo. Tenemos que tratar de hacer lo máximo posible para que esa IA llegue a todos lados en todo momento y que todo el mundo se beneficie en vez de combatirla. Porque, si la combatimos en un lugar, otro la va a tomar, la va a aprovechar, y al final vamos a quedar en desventaja. Entonces hay que tirarse al agua y surfear la ola.

La velocidad de los cambios y la posibilidad de un reemplazo masivo de trabajos son aspectos que causan ansiedad en muchas personas. ¿Cómo percibe esa preocupación?

A esas personas les diría que tengan confianza sobre la excepcionalidad del humano y su capacidad de crear. Está llena de ejemplos la historia donde parecía que no había salida posible y de repente, gracias a la tecnología, hemos logrado resolverla. Aunque quizás mirando al pasado no sabemos aún lo que va a suceder en el futuro ni cómo va a ser, lo seguro y constante en cada etapa de esos cambios es que hemos descubierto cosas nuevas. Un ejemplo: antes existían las teleoperadoras, y de repente una empresa americana de telefonía inventó la teleoperadora automática. En Estados Unidos había cientos de miles de personas que trabajaban como teleoperadoras. Decían: ¡paremos el teleoperador automático! ¿Qué van a hacer estas personas? Y aparecieron el call center, el telemarketing, los agentes de venta telefónicos. Terminamos siendo mucho más ricos, productivos y teniendo vidas mucho mejores gracias a ese cambio tecnológico. La capacidad de crear del ser humano siempre ha existido y creo que este cambio tecnológico no elimina eso, al revés, pone más en foco la capacidad del humano de crear y aplicar esa creatividad para poder hacer lo que quiera. Vamos a tener vidas mejores, el problema es que aún no sabemos cómo van a caer las distintas piezas.

El principal desafío de la IA es que quienes tienen una perspectiva muy negativa la contagien y hagan que la gente tome miedo o crea que la IA es un adversario, cuando es al revés: es la oportunidad más grande que se ha originado en la historia de la humanidad para todas las personas. El principal desafío de la IA es que quienes tienen una perspectiva muy negativa la contagien y hagan que la gente tome miedo o crea que la IA es un adversario, cuando es al revés: es la oportunidad más grande que se ha originado en la historia de la humanidad para todas las personas.

De Tesla pasó a 1X, una empresa que desarrolla robots humanoides. ¿La próxima revolución será de robots?

Los robots van a estar en todos lados. Probablemente, en el futuro haya más de un robot humanoide por cada persona, y eso nos va a permitir un mundo de gran abundancia. Antiguamente, el trabajo era finito, si querías construir una pirámide podías construir una, pero quizás no siete. Quizás en el futuro vamos a tener menos de esas limitaciones. Los robots existen hace mucho tiempo, ¿pero por qué no han escalado? Porque han sido para una solución muy específica. Ahora lo que está sucediendo es que los robots empiezan a tener habilidades cognitivas que se generalizan. Están mejorando mucho en la parte física e inteligencia para hacer tareas generales. En el mundo físico de los robots estamos un par de años por detrás de lo que sucedió con la tecnología cognitiva o digital.

¿Cómo tiene que ser un robot para convivir con humanos?

La mayoría de los robots humanoides que vemos han sido diseñados con enfoques adoptados de la ingeniería industrial. Lo que pasa es que son muy rígidos, como terminators. No pueden interactuar a la misma vez que interactúan los humanos porque, si ese robot se llega a caer o comete un error o entra en tu territorio de movimiento, te puede hacer daño, porque tiene mucha energía; si te golpea, esa energía se tiene que disipar. No están tan adaptados para las necesidades de un hogar, donde tiene que ser totalmente blando. Tenés que poder abrazarlos, interactuar, entonces tienen que ser superlivianos y de baja energía. Si vos y yo vamos caminando y nos chocamos, quizás quedemos con un moretón, pero nada más. Eso es porque somos un sistema de baja energía. Necesitamos crear unos robots que sean blandos y de baja energía para que interactúen en los ambientes humanos. Si logramos eso, podremos hacer que aprendan como aprenden los humanos y que avancen en su inteligencia.

Tanto con los robots humanoides como con la IA en general aparece el temor a la excesiva dependencia.

Esa opción siempre existió. Hay gente que tiene poca iniciativa y que hace pocas cosas. Con o sin IA. Yo creo que es parte de la naturaleza humana, ¿no? Hay gente que se levanta de la cama todos los días y hay gente que necesita que un personal trainer le pegue un latigazo porque, si no, no se levanta. Eso no va a cambiar. Sí va a haber otras facilidades para ser haragán, pero al final las personas son antifrágiles; el desafío gusta, da propósito. Entonces creo que las personas vamos a encontrar nuevas formas de desafiarnos.

¿Cambiará el valor que se le da al esfuerzo?

Quiero creer que la motivación intrínseca va a seguir siendo increíblemente importante.

El esfuerzo tiene muchas ramificaciones. Está el esfuerzo de crear, de pensar, de jugar, de ayudar, de interactuar. Los humanos vamos a seguir queriendo esforzarnos y vamos a encontrar maneras de hacerlo. Eso es parte de lo que hace que las personas sigan creando.

Desarrolló su carrera en el hemisferio norte. ¿Cómo percibe a Uruguay desde ahí?

Más deseable que nunca. Uruguay tiene unidad nacional. Más allá de todas nuestras diferencias, visiones políticas o niveles sociales, todos somos uruguayos, todos nos ponemos la celeste, todos usamos la bandera con el mismo orgullo, todos cantamos el himno a pecho pelado cuando juega la celeste y tenemos eso que nos une, que en un mundo que cada vez tiene más polarización es algo supervalioso. Tenemos una cultura que es amistosa, generosa, benefactora. Tenemos que asegurarnos de que defendamos nuestros valores, porque esas son las cosas que más van a valer en el futuro y que en Uruguay siguen siendo mojones. Así como a veces el cambio se olvida de nosotros, también seguimos teniendo esas cosas que siempre nos definieron como uruguayos, que en el mundo hacia el que vamos las tenemos que defender.