A comienzos de julio de 1984 se consideraba inminente la formalización de las conversaciones entre los partidos políticos y las fuerzas militares, luego de haber trascendido que los mandos castrenses habían decidido aceptar que delegados de la izquierda (excepto el Partido Comunista) participaran en la mesa de deliberaciones. Ese giro inesperado, que se interpretó como un firme propósito del gobierno por entregar el poder a los civiles, tomó cuerpo luego de reuniones separadas entre las Juntas de Oficiales del Ejército, la Armada y La Fuerza Aérea, implementado más tarde por la Junta de comandantes en jefe y el Presidente de la República. Tras esa última reunión se convocó a media tarde del martes 2 de julio a la Comaspo, la que se reunió para ajustar los detalles. Uno de los problemas a resolver tenía que ver con uno de los delegados designados por el Frente Amplio, José Pedro Cardozo, ya que este pertenecía al ilegalizado Partido Socialista y él mismo se encontraba proscripto, pero ese problema fue resuelto fácilmente, restituyéndole sus derechos con la misma facilidad con que se los habían quitado. Quien lo acompañará será el democratacristiano Juan Young. Las conversaciones se habían iniciado la noche antes de tener lugar el paro cívico más grande de la historia del país, con cierre total de comercios y de actividades públicas y privadas, lo cual llevó a que mucha gente llegara a la conclusión que el esfuerzo de la resistencia se convertía en una burla cuando en el mismo momento, los partidos políticos (excepto el Partido Nacional) estaban negociando con los militares. Otra interpretación, sin embargo, era la de que los militares preveían la importancia del paro y comenzaban a actuar bajo presión.

