N° 1987 - 20 al 26 de Setiembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste mes, The Economist cumple 175 años. Es uno de los medios más prestigiosos del mundo, reconocido por el rigor de sus artículos, que no llevan firma. Usa lenguaje directo, con coloquialismos, y se considera enemigo de la pomposidad y de todo aquello que sea predecible.
Para celebrar su aniversario, la revista eligió el camino difícil: provocar el debate de hacia dónde debe ir el liberalismo. Organizaron encuentros donde entrevista a personas como Tony Blair o David Miliband y publicaron artículos donde pretenden llegar a una lista de autores que sean parte del canon. También pidieron a los lectores que aporten nombres de pensadores y en pocos días recibieron casi 900 respuestas de todo el mundo con sugerencias de más de 300 nombres. Hace semanas viene trabajando desde diferentes enfoques en el liberalismo, entendido no solo como la teoría económica con la que la revista está embanderada desde su creación, sino como algo mucho más grande, un credo que va más allá de filiaciones partidarias.
Todas las notas y entrevistas tienen el mismo enfoque: el liberalismo ha sido tremendamente exitoso, pero está en crisis y debe reinventarse. En ese marco, el jueves 13 publicó el ensayo Un manifiesto procurando renovar el liberalismo. Sin dar una definición exacta, el texto subraya algunos puntos que hacen al asunto: la sociedad es un lugar de conflicto y así debería seguir siéndolo —el conflicto produce competencia y buena argumentación—, la desconfianza en el poder, especialmente la concentración de este.
También la igualdad para todos los individuos, remarcando la importancia de los derechos, entre ellos el de propiedad. Lejos del marxismo, pero también lejos del pensamiento conservador que busca la estabilidad y mantener la tradición, los verdaderos liberales siempre han llevado adelante reformas y buscado cambios: “Hoy el liberalismo necesita escapar de su identificación con las elites y el statu quo y reavivar ese espíritu de reforma”, dice el texto.
Como afirman sus editores estos días, dentro de muy poco la economía más grande del mundo será China, una dictadura. La democracia está debilitada en muchas partes del mundo, como la “revanchista” Rusia, el “apático” Estados Unidos y parte del mundo musulmán. Un estudio hecho por The Economist Intelligence Unit arrojó que en más de la mitad de los 167 países estudiados en 2017, la democracia está en retroceso: “Eso incluye Estados Unidos, donde el presidente parece preferir dictadores a personas con vocación democrática”.
Hoy es difícil para los liberales estar orgullosos, porque parte de los problemas actuales son consecuencia de algunas de sus políticas; fueron los creadores del mundo globalizado. Ya sabemos que la crisis inmigratoria —y sus efectos adversos, el odio y la xenofobia— seguirá creciendo y esto hace que deba redefinirse la libertad de las personas de moverse de un país a otro. La economía ha cambiado y la concentración de poder en grandes corporaciones es un problema. Facebook y Google tienen el monopolio cada una en lo suyo y distorsionan mercados, son demasiado potentes como jugadores en política y plantean nuevas reglas con respecto a la ética. El ensayo señala que los países deberían prepararse mejor para enfrentar el cambio climático, la longevidad de la población y los cambios que se vienen en el mundo del trabajo. No se está haciendo prácticamente nada para ayudar a las personas a adaptarse. Se habla del tema, solo eso.
La revista, que en 1843 nació a instancias de James Wilson, un economista y fabricante de sombreros escocés que empezó batallando contra las leyes inglesas de importación y exportación de maíz —creía que cuanto menos interviniera el gobierno, mejor—, ha seguido la línea de John Locke y Adam Smith, pero también, por períodos, la de John Maynard Keynes, pidiendo mayor intervención del Estado y planes sociales. En su larga historia reconoce errores, como haber apoyado la guerra de Irak, y señala que la crisis financiera global dejó en evidencia los peligros de la poca regulación en esta área.
El liberalismo hoy es mirado por gran parte del mundo con recelo. “Pero hay mucho de lo que estar orgullosos”, afirma el ensayo, como “la libertad individual, la de comercio y de mercados, que han sido el motor más poderoso para crear prosperidad en toda la historia”. Eso ha llevado a que la revista considere que respeta las diversas opiniones y estilos de vida, ha borrado prejuicios contra religiones y minorías étnicas, apoyado que niñas y niños tengan la misma oportunidad de educarse, se ha mostrado a favor del matrimonio igualitario, entre muchos otros aspectos. En la primera página de The Economist cada semana se reproduce la frase de su fundador: “Participar en un serio reto entre la inteligencia que apoya el progreso y la tímida ignorancia que lo obstruye”. Larga vida a tan ambiciosa revista.