La extracción de madera creció de 5,7 millones de metros cúbicos en 2005 a 9,4 millones en 2008. Cayó en 2009 a 8,4 millones de metros cúbicos por la crisis internacional, pero volvió a subir en 2010 a 11,8 millones de metros cúbicos.
Entre 1988 y el 2010 el Estado subsidió la forestación por unos U$S 64 millones. Cuando asumió el gobierno del Frente Amplio trajo consigo la discusión sobre recalificar suelos de prioridad forestal, que para muchos estaban mal calificados. Poco más de un año después se hicieron cambios y también se eliminó el subsidio a la forestación.
Diego Mora, presidente de la Sociedad de Productores Forestales, opinó que la industrialización de la celulosa “está marcando la punta en los desarrollos tecnológicos de cosecha, de transporte, lo que contribuye a mejorar la eficiencia en otros eslabones de la cadena y obliga a otras empresas a seguir ese ritmo”.
En contraparte, Lizzie Díaz, integrante del grupo ambientalista Guayubira, lamentó la continuidad de “un modelo de gran escala de producción de un monocultivo de una especie exótica ocupando cada vez más campos en Uruguay”.
“Dos grandes transnacionales, UPM y Montes del Plata, tienen 250.000 hectáreas cada una —afirmó—. Antes un gran terrateniente era el que tenía 30.000 hectáreas. Los monocultivos cada vez están más concentrados y la tierra más extranjerizada”.
La actividad forestal introdujo cambios en el trabajo rural. El dirigente del Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera (Soima) Fernando Oyenarte evaluó que en los últimos años “se avanzó muchísimo” en la forestación, porque “antes había situaciones irregulares, como los trabajadores viviendo en los montes, y eso cada vez se da menos”.
Sin embargo dijo que hay algunas cuestiones pendientes, como “apuntar a un salto cualitativo mejorando los salarios”, que en algunos casos son “impresentables”, resolver temas relativos a la relación entre las multinacionales y los contratistas que asumen las tercerizaciones y mitigar la pérdida de puestos de trabajo como consecuencia de la mecanización.
Un estudio que hicieron en el 2011 Leticia Cannella y Alejandra Techera por medio del Museo Nacional de Antropología estudió las consecuencias de la forestación en el trabajo del campo. Algunas de las conclusiones fueron que esa actividad dio a las mujeres “la oportunidad de integrarse a las cuadrillas de trabajo”, lo que “ha provocado cambios en la construcción de género”, entre ellas la posibilidad “de generar una relación igualitaria en cuanto a la toma de decisiones económicas”.
Además, dice el estudio, “la imagen del patrón ganadero (...) se suplanta por la relación entre contratistas y trabajadores forestales”. El trabajo forestal es visto como representación de “un mayor status social” y “se asocia a ‘la llegada del desarrollo’”.
Economía.
La producción de derivados de la madera también tuvo un aumento sostenido. Los chips pasaron de 1.383.000 metros cúbicos en 2006 a 2.274.000 en 2010. La madera aserrada de 293.000 metros cúbicos en el 2006 a 346.000 en 2010. Se produjeron 50.000 metros cúbicos de tableros de madera en 2006 y 199.000 en 2010. Los productos de papel y cartón pasaron de 113.000 toneladas a 117.000 y la pasta de celulosa dio en esos años un gran salto: de 34.000 toneladas a 1.100.000.
Las actividades de silvicultura, extracción y elaboración de productos de madera representaron en 2010 el 3,5% del Producto Bruto Interno uruguayo. En 1997 eran cerca del 2%.
El director nacional de Industria, Sebastián Torres, destacó a Búsqueda que la llegada de la industria de la celulosa introdujo “tecnología de punta” en el país, generó y transfirió “expertise” de “primer nivel” y contribuyó al mejoramiento genético de las plantaciones.
Ronald Beare, gerente general de UPM, opinó que a partir de la planta de la empresa finlandesa “se creó desarrollo en Uruguay, desarrollo del conocimiento, de las habilidades de las empresas”.
“Hoy hay más de 100 empresas que entran a diario a la planta y que antes no existían —agregó—. Tenemos todas las capacidades que se generaron a nivel de plantaciones, capacidad industrial, de empresas constructoras, de trabajadores de la construcción, de ingenieros. Cada fase del proyecto ha tenido su efecto positivo que está quedando como un legado. Y no fue en Montevideo, sino en el interior, por lo que se ayudó mucho a descentralizar la actividad económica en el Uruguay”.
Beare informó que según los últimos estudios, la planta de UPM creó 3.400 empleos directos, contando la industria y la cadena forestal, y unos 3.500 entre directos e inducidos. Además propició un crecimiento de 1,5% del PBI, dijo el ejecutivo.
Montes del Plata prevé que la planta, cuando esté operativa, va a aumentar el PBI uruguayo 2% por año. De acuerdo a esos cálculos, el emprendimiento generará 5.084 puestos de trabajo y U$S 677 millones anuales en exportaciones.
En los últimos años la mano de obra empleada por la forestación se duplicó. En el 2005, según datos del instituto Uruguay XXI, había 11.036 personas trabajando en toda la cadena forestal. Esa cifra aumentó a 15.801 en el 2007, 20.036 en el 2009 y llegó en el 2010 a 21.408.
De ellos, la mayoría trabajan en la silvicultura (13.000). El resto se desempeña en el transporte y la logística (2.401), la producción de tableros (1.912), de papel y cartón (1.704), en aserraderos (1.641), producción de pasta de celulosa (390) y de chips (360).
Infraestructura.
En la tranquila superficie del Río de la Plata destacan los dos muelles que está levantando Montes del Plata para el puerto desde donde zarparán las barcazas con celulosa. Están hechos de piedra. Hasta ahora se pusieron 800.000 toneladas de piedra y faltan 500.000.
No es el único puerto construido por empresas forestales. Ence hizo el puerto de M’Bopicuá antes de retirarse del país y UPM tiene una terminal en su planta y también la de Ontur en Nueva Palmira.
En cuanto a la vialidad, Montes del Plata reconstruyó la ruta 55 para que el tránsito pesado no circule por Conchillas. Está en proceso la obra de un intercambiador en el cruce de la 55 y la 21 para separar los camiones de los autos. La empresa también se hace cargo del mantenimiento y el asfaltado del Camino de la Palmera, por donde pasan en la actualidad los camiones rumbo al predio de la planta.
Cada día se desplazan hacia y desde la obra de Montes del Plata unos 300 camiones, la mayoría cargados de piedras para el puerto. UPM, por su parte, recibe a diario unos 350 camiones.
Las multinacionales del sector también contribuyen con la generación de energía, volcando un excedente a la red. UPM genera entre 40 y 50 megavatios (MW) adicionales, que representan cerca del 3% del consumo de Uruguay, informó Beare. Montes del Plata prevé un excedente de entre 55 y 75 MW, que equivale al consumo de unos 200.000 hogares. Además esa empresa debió construir una subestación eléctrica y una línea de alta tensión para sacar la energía hasta Colonia. Pero no solo los productores de celulosa tienen generación propia de energía. De acuerdo al Instituto Uruguay XXI, la empresa Bioener (propiedad de Urufor) tiene una capacidad de 12 MW y Weyerhaeuser tiene una capacidad instalada de 10 a 12 MW.
Según Torres, “más de 2 millones de metros cúbicos de madera se destinaron a la producción de energía en el 2011”. Además “el abastecimiento de energía a partir de biomasa representó el 30,7% de la matriz nacional y el 88% de esta fracción corresponde a la industria maderera (celulosa y madera sólida)”. El 9% de la electricidad del país se genera a partir de biomasa, informó el director de Industria.
La instalación de emprendimientos de este tipo da un nuevo impulso a la industria naval, ya que en astilleros uruguayos se construyen varias barcazas para transportar la celulosa. Montes del Plata encargó tres barcazas en Uruguay y una en Paraguay. UPM también usa embarcaciones producidas en el país.
Tanto Montes del Plata como UPM construyeron alojamientos para obreros que quedan en manos de las intendencias. Montes del Plata tiene un centro en Carmelo con capacidad para 1.800 personas que iba a ser temporal, pero la Intendencia se interesó por mantenerlo para hacer una colonia de vacaciones o una residencia universitaria. En Colonia del Sacramento hay un complejo de 150 casas con capacidad total para 900 personas, donde viven hoy unas 650. Otros 1.000 trabajadores viven en la entrada a Conchillas. Entre esas ciudades y la obra de la planta circulan cada día 85 ómnibus.
Medioambiente.
Los impactos ambientales de la forestación y la producción de celulosa fueron el argumento principal que sostuvo la resistencia a esos emprendimientos. La planta de UPM ya lleva cinco años de actividad y monitoreos.
“Los resultados ambientales han sido excelentes —dijo Beare—. Han superado nuestras mejores expectativas y la planta está entre las mejores del mundo en desempeño medioambiental. Fue la primera planta certificada por su desempeño medioambiental fuera de Europa”.
Torres mencionó que “el incremento de exigencias ambientales provocó que se detuvieran procesos que no estaban en condiciones de control, y que se sustituyeran procesos industriales no adecuados”.
El director de Industrias reconoció, no obstante, que “existen algunos problemas vinculados a las plantaciones de eucaliptus y su efecto en el agua subterránea, y a los efectos ambientales de la producción de celulosa”. Sin perjuicio de ello, afirmó que “estos aspectos puntuales se están trabajando adecuadamente mediante los monitoreos que corresponden”.
Díaz, en cambio, cuestionó que “distintas zonas del país se han quedado sin agua” por la plantación de árboles. Mencionó que en Cerro Alegre, en Soriano, “se hizo la primera denuncia de falta de agua por la forestación y hoy a Cerro Alegre se le sigue llevando el agua en camiones cisterna”.
Además sostuvo que la forestación implica “hipotecar el campo por lo menos por treinta años, y hasta ahora no se ha estudiado qué pasa después de eso”.
Perspectivas.
Con un consumo de madera creciente y mucho campo por forestar, nadie duda que el modelo se profundizará.
Oyenarte sostuvo que “en los próximos años va a haber una explosión importante de madera”, porque llegó el momento de la cosecha y el sindicato apuesta “al desarrollo de la madera sólida”, que “requiere muchísima mano de obra” y “genera mayor valor agregado y más riqueza para el país”.
A Mora también le “gustaría ver más diversificada la colocación, como el desarrollo de madera para energía de biomasa, aunque el mercado está muy afectado por la crisis y eso condiciona a ese tipo de proyectos”.
Por otro lado advirtió sobre las “restricciones, como la infraestructura y el transporte, que afectan la competitividad en el largo plazo y dificultan el crecimiento”.
“Nos está complicando el costo que tenemos como país comparado con otros jugadores claves, como Brasil y Chile, que tienen aptitudes forestales y se venden muy bien en el mercado internacional y a la hora de competir hoy están en mejor posición”, sostuvo.
A juicio de Torres, la celulosa es “una buena opción para la utilización de los bosques implantados en el territorio” y la forestación tiene posibilidades de seguir creciendo porque deberá generar unos 8 millones de metros cúbicos de madera por año para abastecer las dos plantas de celulosa que habrá, lo que a su juicio “permitirá dinamizar la industria forestal local”. Además destacó que Uruguay está situado como “uno de los productores más importantes de pulpa de celulosa a nivel mundial”.
“Un elemento clave para el futuro desarrollo del sector vendrá dado por su capacidad para incorporar nuevos productos en la cadena de valor, y para generar industrias más intensivas en empleo”, agregó.
Díaz opinó que estas empresas vienen a países del sur “porque hay mano de obra muy barata, leyes muy flexibles, y ellos tienen influencia sobre los gobiernos”. Para ella “es indispensable analizar las formas de producción y consumo actuales para plantear cambios”.
“No se puede seguir apostando a un modelo extractivista a gran escala y que es insustentable tanto social como ambientalmente, solo para permitir una inversión extranjera en el país, que como es extranjera se lleva la producción y los beneficios a su país de origen. Estamos enfrentando megaemprendimientos para abastecer un consumo excesivo en países del norte, emprendimientos que abortan cualquier otro intento productivo que haya a pequeña escala o por parte de productores locales”, afirmó.
Desde el norte llegaron algunos de los primeros emprendimientos extranjeros a Uruguay. Un barco semihundido y oxidado, de la época en que los ingleses enviaban arena hacia Buenos Aires, asoma en las aguas del Río de la Plata al lado del muelle que construye Montes del Plata, y será testigo, un siglo después, de embarques que aquellos colonos nunca hubieran imaginado.