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    Luciano Supervielle / Para escuchar con lupa

    presenta el miércoles 23 en el Auditorio Nacional del Sodre su nuevo disco “Suite para piano y pulso velado”, en el que se cruzan la música clásica y la electrónica

    Sereno en su forma de caminar, amable y algo tímido en el trato, generoso cuando se trata de su música. Luciano Supervielle, uno de los músicos destacados de la escena musical contemporánea, vuelve al piano y a la formación clásica de su adolescencia para cruzarla con todo lo que fue aprendiendo en su trayecto por la música. El producto es un experimento con excelentes resultados: “Suite para piano y pulso velado”. A priori, un misterio a descubrir.

    Tocaba el piano de oído, hasta que su tía le regaló uno y se animó a estudiarlo formalmente. Empezó en el Taller Uruguayo de Música Popular (TUMP), donde su primer profesor, Fernando Goicoechea, mientras lo guiaba para estudiar Bach y a otros compositores clásicos, también lo invitaba a que llevara los cassettes que le gustaban. Así, en paralelo, tocaba Los Beatles y Sui Géneris. A los 17 años ingresó a la Escuela Universitaria de Música y la disciplina le imponía estudiar varias horas por día.

    Mientras tanto, ese exigido estudiante integraba la conocida banda uruguaya de hip hop, rap y funk de los años 90 Plátano Macho (de cuyo único disco, “The Perro Convention”, surgió el hit “Pendeja”). Pero cuando se fue a vivir a Francia (país donde nació), el piano quedó en segundo plano. Entró a un conservatorio, sí, pero se dedicó a la composición y a la armonía. Al mismo tiempo se anotó en una escuela de jazz para abrirse hacia otros estilos. “Para mí, el estudio de la música clásica no era pensando en hacer una carrera de concertista, sino en adquirir herramientas para aplicarlas en lo que sí me gustaba, que era la música electrónica, el hip hop, la música popular”, asegura Supervielle.

    Aquel piano que le regaló la tía ya no está, vinieron otros dos después, pero la conexión que se generó con el instrumento y su sonido clásico quedó haciendo eco en la mente de Supervielle, que a lo largo de su carrera vuelve a echarle mano una y otra vez. Ahora, tal vez por haber llegado a los 40, el piano toma el papel protagónico de su música y lo hace desde los acordes más clásicos. “Suite para piano y pulso velado” es una mezcla armónica de un piano (en realidad son cuatro distintos) y una computadora: sus dos instrumentos principales.

    “Siempre están presentes cuando hago música. A veces uno toma más relieve que el otro. En este disco si bien la computadora está presente, y de manera mucho más sutil también está la música electrónica, sobre todo el hip hop, el piano es el rey y todo gira en torno a él”, aclara. “La realidad es que volví a tocar piano, aunque nunca lo abandoné del todo, con Bajofondo, cuando me metí más en el tango. Ahí el piano volvió a ser un instrumento de mi set en vivo. Volví a tener ese contacto con él. Venía de una época en la que estaba haciendo más música electrónica y  tocaba con Jorge Drexler en España. Vivía en Francia y me iba todo el tiempo a España a trabajar con él. Ya ahí estaba de nuevo con el teclado, trabajando con sesionistas de muy alto nivel, lo que para mí significó una exigencia técnica a nivel del instrumento que con Bajofondo se fue profundizando”.

    Este colectivo rioplatense integrado por músicos uruguayos y argentinos tuvo un receso de casi tres años (recién ahora están empezando a grabar el nuevo disco), tiempo que le sirvió a Supervielle para seguir con sus proyectos individuales, como tocar con Drexler, componer bandas de sonido para películas, y hacer un nuevo disco solista (ya van tres: Supervielle, 2004, y Rêverie, 2011). Pero este proyecto no es solo un disco: es un tríptico que incluye un libro (presentado en la Feria del Libro) con las partituras, fotos de destacados fotógrafos y poesías de Washington Benavides y Fermín Solana (cantante de la banda Hablan por la Espalda), y un documental realizado por Agustín Ferrando. “Son distintas facetas, distintas maneras de compartir la música a través de la imagen, a través del disco y de la partitura. Que la persona que la interprete se adueñe de esa música. Es una relación linda”, dice.

    A pesar de que siempre hay versiones y reversiones de las  composiciones de los artistas, editar un libro con las partituras es un acto generoso de un artista poco celoso de su obra. “La música, al igual que las fábulas infantiles, no merece nacer y morir en las manos de un único intérprete. Mi deseo es un día reencontrarme con estas piezas y que sean otras”, escribió Supervielle al final del libro.

    Una vez, Luciano tuvo un reencuentro inesperado y completamente casual con una versión muy distinta de uno de sus temas. Un día estaba jugando al fútbol 5 (deporte que le apasiona; juega en el equipo de la Liga Universitaria, de Wanderers, cuadro del que es hincha) y escuchó que la murga que ensayaba al lado estaba usando “Perfume”, tema suyo del primer disco de Bajofondo. “Fue muy emocionante, una versión totalmente diferente. Después en Internet he visto muchas veces gente tocar canciones mías o reinterpretarlas. A veces utilizar mi música para hacer bases para rap; todas esas cosas son superestimulantes. Así siempre lo viví yo. Y por eso lo de las partituras tiene ese lado de compartir la música y de que se transforme en otra cosa. Lo más lindo que le puede pasar a una composición musical es que se vaya desarrollando y se transforme en otra cosa. Y así como yo en mi música reconozco la influencia de muchos otros músicos, para mí sería divino ver en otros músicos mi influencia. Es como una manera de perdurar en el tiempo'.

    “El piano sumergido,Sí, te espera: muchachoque te enfrentas.A la doble hilera de teclas.Las blancas y las negras,que son las migas.De pan para que no se pierdaotro Pulgarcito...”

    “¿Un piano náufrago?” es el título del poema que Washington Benavides le escribió a Supervielle, y este es uno de sus versos. Para el músico, Benavides es uno de los grandes poetas uruguayos. Había trabajado sobre uno de sus textos en el disco anterior, en una versión de una canción de Eduardo Darnauchans­. “Le fui a tocar a la puerta, le mostré la música, le encantó y se generó esa relación. Es un melómano. Me impresionó realmente ese encuentro, y es un honor tener un poema original”. “Además es un tipo que pertenece a una generación distinta que la mía, y la música (del disco) tiene esa referencia al pasado, entonces tenía ese sentido de una cosa más de tradición”, explica.

    Y ese carácter intergeneracional que propone con un disco que cruza géneros de distintas épocas, se refuerza con un exponente de este tiempo: Fermín Solana. “Es un tipo de mi generación. Mucho más del mundo del rock; un poeta. Me parecía interesante tener algo de texto relacionado con mi generación, y por eso ese contrapunto”.

    Entre las partituras y las poesías aparecen fotografías de Fernanda Montoro, Diego Velazco y Federico Rubio. La obra de este último es muy singular y guarda una fuerte relación con las otras partes del tríptico. “Apela a lo mínimo, y para este disco el detalle tiene un gran protagonismo. Hay que escucharlo con lupa; los detalles hacen al todo”.

    Metrónomo y mood. El disco nuevo, delicado y sutil, tiene una primera parte bien distinta de la segunda, en la que los géneros que hasta ahora hicieron la carrera de Supervielle, como el hip hop, el groove y el funk, se cuelan entre las teclas negras y blancas. “Hay una parte consciente y otra inconsciente. Por más que quisiera no podría despegarme (de esos géneros), porque es parte de mi formación musical y siempre aparece. No considero que este disco sea música clásica realmente. Simplemente es una música que hace muchas guiñadas a la música clásica porque es parte de mi estilo. Sobre todo hago mucha referencia a algunos compositores puntuales que son los que más he tocado y más me gustan: Beethoven, Chopin, (Claude) Debussy, (Erik) Satie, (Robert) Schumann”.

    Para tocar en vivo estas piezas —como él las llama, pues es difícil catalogarlas como canciones o temas— debe usar auriculares que le van marcando el ritmo, que en principio los oyentes no escuchan pero que con el correr de los acordes van saliendo a la luz. Ese es el pulso velado. “Como en las músicas no hay un ritmo muy marcado, para no perderme en el tempo de la secuencia necesito un metrónomo. Pero ese metrónomo no es uno común y corriente, es un beat de hip hop (una batería de hip hop), porque además de darme el tempo y las entradas, lo que me da es el mood, una palabra muy linda en inglés, que significa el modo, el humor, el estado de ánimo de cómo fluye el ritmo. Es una música que si bien tiene un fuerte componente melódico y armónico, para mí la esencia sigue estando en el ritmo, sigue siendo esa conexión con el hip hop. Definitivamente, no es una música para bailar, pero mantiene esa conexión con lo más primitivo del impulso del baile”.

    ¿Se puede pensar que son géneros opuestos? ¿Existe la oposición entre los géneros musicales? “Creo que no, e intento que no sea así en el resultado”, asegura el músico. “Que el resultado de esa mezcla, ese cruce de influencias y de estilos, desde el hip hop a la música clásica, se dé de la manera lo más natural posible. Como todo trabajo de experimentación hay cosas que funcionan mejor que otras. En el momento que saco el disco no tengo real noción de qué es lo que va a funcionar mejor, qué es lo que de pronto va a trascender más, qué es lo que de este disco voy a seguir tocando en algunos años. Yo hoy toco algunos temas de mi primer disco, pero quizás cuando lo saqué nunca pensé que iban a ser esos temas que iban a extenderse en el tiempo”.

    La manera que encontró Supervielle de avanzar es yendo hacia lugares desconocidos, de lo contrario uno estaría girando en círculos. Así lo declara en el documental y así lo confirma con este disco. “Lo que intento es ir expandiendo mis posibilidades creativas y mis herramientas musicales. Estoy haciendo un disco y tocando una música que tiene un nivel de exigencia pianística que nunca había tenido en mis discos anteriores. Esta música la compuse en el piano, después la escribí, seguí componiendo en la partitura, después la volví a sacar y todo ese proceso me llevó a un lugar que de haberlo hecho de otra manera hubiera tenido un resultado diferente”.

    Si con este disco llegó a algún lugar en su camino de búsqueda de un estilo propio, o es una fotografía de este tiempo y en el futuro vendrán cosas distintas, es un planteo con respuesta abierta. “Este disco, sin dudas, me va a dejar un montón de cosas para el futuro. Pero no es un punto de llegada a un estilo. Seguramente yo desarrollé estas músicas pero probablemente también mi próximo disco sea diferente a este. No lo sé. Quizás sea un disco mucho más electrónico. Estoy con un plan de hacer algo con orquesta. Esto es una búsqueda que nunca se termina”.

    Quien escuche el disco en la intimidad de su soledad, sin voces que interrumpan ni pantallas luminosas que distraigan, probablemente sienta que es objeto caprichoso de un manipulador de estados de ánimo. “La música como yo la entiendo apela a lo emotivo, y cuando se trata de una música instrumental mucho más. Sin dudas, lo que busco es transmitir emociones, de manera muy abstracta. La realidad es que cuando empieza a circular la música y recibo el retorno de la gente, de los periodistas y de los artistas, la voy entendiendo diferente. Nunca sé cómo le va a llegar a la gente, pero mi objetivo es lograr emocionarla. Seguramente lo que para vos significa este disco es diferente a lo que me provoca a mí, pero bienvenido sea. De eso se trata el arte”, sentencia.