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Mujeres de mi generación vimos la exclusión y la autoexclusión de la mujer en frases como: “es trabajo de hombres”, “cuando tengas que elegir entre carrera y familia tendrás que abandonar”, “tu marido no te va a seguir”. Detrás de cada una de estas afirmaciones hay un atajo mental hacia un cúmulo de experiencias personales y un sistema de creencias. Luego, no se cuestionan. ¿Qué caracteriza a un trabajo para que sea considerado “de hombres”? ¿Son excluyentes la carrera y la familia? ¿En un matrimonio, uno sigue al otro?
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Esa carencia de cuestionamiento es lo que llamamos sesgos cognitivos, una herramienta que nos hace eficientes porque nos permite reaccionar rápidamente sin un análisis profundo, vinculando unos pocos datos con experiencias similares para tomar decisiones. El problema es no ser conscientes de que todos los tenemos, y perder entonces nuestra capacidad de cuestionarlos.
Mi mensaje hoy es para los líderes, para que se aseguren en sus organizaciones de capacitar —sí, capacitar— a evaluadores, reclutadores, cuadros de mando y equipos en la identificación de sesgos. Estos influencian cómo percibimos a las personas y, por lo tanto, también el espacio que les otorgamos, así como también las pequeñas inequidades que las respaldan o inhiben. No se trata solamente de asumir la equidad como valor, ¡hay que asignarle recursos!.
En la lucha por la participación igualitaria de la mujer se ha hecho mucho para darle visibilidad a este tema y estoy convencida de que se ha logrado neutralizar el efecto de algunos sesgos, como el de la afinidad y el de la similitud (sería el caso de un grupo de hombres de cierta edad con intereses parecidos que tiende a incorporar a otro individuo de iguales características), pero aún me preocupa bastante el sesgo de la afirmación, por el que inconscientemente buscamos evidencias que respalden nuestra opinión sobre una persona. Si una mujer fracasa o triunfa, se asocia el resultado a las creencias, ya sean a favor o en contra del liderazgo femenino.
Y entonces me pregunto: si este texto se aplica a otras formas de segmentar nuestra sociedad, ¿no pasa exactamente lo mismo? ¿No solemos atribuir todo lo bueno o malo de una persona al segmento al que pertenece, filtrando de la realidad datos que confirmen nuestros prejuicios? Ya no estamos en la edad de piedra cuando teníamos que decidir en segundos si atacar antes de que nos hagan daño. Vivimos en una era de información y capacidad de elección, en la que debemos procurar ver a cada persona como lo que es, única, y abandonar los estereotipos. Por eso, la causa de la mujer es importante porque es la causa de la inclusión en todas sus dimensiones.