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Periodista mexicano amenazado de muerte por denunciar un caso de corrupción y narcotráfico contó cómo el episodio cambió su vida
“Bajé 12 kilos en apenas dos semanas y me convertí en un guiñapo nervioso por todo. No contesto llamadas de números no identificados y, si me llaman por teléfono y voy caminando por la calle, detengo mi camino y me pego a la pared”, cuenta Óscar Balderas, pese a lo cual considera que el suyo es “el mejor oficio del mundo”
“A la primera llamada no le di importancia. Era solo una voz gritándome muchas groserías sin sentido por el reportaje que se había publicado esa mañana en el periódico ‘El Universal’. Es lógico, pensé, que aquel hombre esté molesto por haberlo descrito como un blanqueador de dinero con fachada de corredor de arrancones. Sabía que llamaría para reclamarme, pero no con esa virulencia. Ni siquiera era entendible su reclamo entre tantas groserías así que colgué”. Así comienza el relato del periodista mexicano Óscar Balderas publicado el miércoles 19 en el portal “Cuadernos doble raya” en el que cuenta lo que vivió tras la publicación del artículo que cambió su vida.
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“Con el pedal hasta el fondo”, se titulaba el artículo publicado el 11 de febrero de 2013 por el diario mexicano “El Universal” en su primera plana con la firma de Balderas.
“La segunda llamada entró a mi celular dos minutos más tarde, alrededor de las 9:30 de la mañana. Aunque mi teléfono registraba el número como ‘privado’ y él no dijera su nombre, reconocía perfectamente la voz: durante dos meses había platicado con él en persona, por teléfono, por whatsapp para ganarme su confianza y que me dejara participar de las carreras ilegales que él organizaba”, prosigue el relato del periodista de 25 años.
Este era el tema central de su reportaje: las carreras ilegales en Ciudad de México, en las delegaciones Benito Juárez y Coyoacán, donde se veía a jóvenes alcoholizados con armas, sobornos a la Policía y venta de drogas.
Imágenes de la Policía aceptando dinero de esta persona junto a los lanzamientos de las carreras ilustraron la nota que desde su título ya pinta la escena. “Pedal hasta el fondo” es la bebida que se toma allí colocando tequila, whisky, vodka, cerveza y cocaína espolvoreada.
Asimismo, da cuenta de los lenguajes utilizados, cómo operan mediante las redes sociales para la convocatoria y hasta la organización jerárquica que existe pero sin dar nombres, solo los seudónimos —el “Bueno” y los “Campanas”— con los que se los llama en el ambiente de las carreras ilegales.
Para su investigación Balderas logró ganar la confianza de uno de los integrantes, con quien compartía las carreras clandestinas. Tiempo después, cuando ya había obtenido suficiente material, el periodista le avisó cuál era su profesión y que quería contar la historia. “Tú sabes lo que puedes y lo que no puedes escribir”, fue la respuesta que obtuvo. Sin embargo, lo publicado no le gustó para nada.
“La cuarta llamada fue la calmada. Me llamó por mi nombre completo y eso me preocupó. Sin dejar que yo hablara, ubicó las calles en las que minutos antes había estacionado mi automóvil (lo había usado para ir temprano al supermercado) y cuando apenas me recuperaba de la advertencia, dio mi dirección completa. Enseguida, una amenaza de muerte tan clara, y tan explícita en su método, que sentí un golpe en el estómago”, relata Balderas.
“Dejé de caminar y, como es mi costumbre cuando me pongo nervioso me toqué el pelo. La voz del otro lado de la línea se rió de mí: ‘No se ponga nervioso, puto... déjese el cabello’. Me estaba observando”, continúa.
Por Twitter.
La situación vivida por Balderas se repite en México que vive un clima de violencia derivada del narcotráfico.
Entre 2010 y 2013 en México fueron asesinados 20 periodistas (siete en 2010, cinco en 2011, seis en 2012 y dos en 2013), según informes de Reporteros Sin Fronteras.
“Tomé el librero de madera que estaba en el comedor y lo usé para bloquear la puerta. Empujé el comedor con todo y sillas y así reforcé la barricada de mi propia casa. Luego me tiré en el pasillo boca abajo, tomé mi computadora y lo primero que hice fue entrar a Twitter, donde escribí algo así: ‘A raíz del reportaje publicado hoy en El Universal sobre arrancones en DF, he sido amenazado y estoy refugiado en mi departamento. #LosQueremosVivos’. Di enviar y esperé con el corazón saliéndome del pecho”, continúa el relato.
A partir de ese momento, según cuenta Balderas, decenas de seguidores comenzaron a divulgar el pedido de ayuda hasta que “a los 15 minutos”, Ricardo González, director del Programa Global de Protección de la ONG Articulo 19 México se contactó. “Hola Óscar, soy Ricardo de Artículo 19. Mándame tu celular para sacarte de ahí”, decía el mensaje.
A las pocas horas, el periodista acudió a la organización, la cual le ofreció custodia e hizo la denuncia en la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión. Mientras, un grupo de personas intentó ingresar a su apartamento.
Tras efectuar la denuncia, el periodista volvió a su hogar custodiado por la Policía y las amenazas cesaron.
El cambio.
Pero el episodio tuvo como consecuencia el cambio en el modo de vida de Balderas.
“Aquella temporada bajé 12 kilos en apenas dos semanas y me convertí en un guiñapo nervioso por todo. No contesto llamadas de números no identificados y, si me llaman por teléfono y voy caminando por la calle, detengo mi camino y me pego a la pared. No como en mesas donde no pueda ver la puerta y mi botón de pánico está siempre en marcación rápida. No tolero los cohetes, los sonidos altos ni las calles oscuras”, recuerda.
Sin embargo, el periodista destaca que tras esta experiencia su “estado permanente de alerta” le permitió “hacer coberturas más seguras, eliminar acciones imprudentes, establecer contactos antes de acudir a un lugar” y “tener siempre contactos de seguridad que conocen” su ubicación. Hasta el día de hoy mantiene la custodia de Artículo 19.
Finalmente se pregunta: “¿Por qué sigo aquí entonces?”. Y responde: “Porque este aún es el mejor oficio del mundo. A pesar de esto, no podría hacer otra cosa. Escribir es la mejor prueba de que uno pasó por el mundo y el trabajo de muchos colegas algún día será la respuesta a la pregunta ¿qué le pasó a México en sus horas más oscuras?”.
“Los quiero vivos a todos, porque los reporteros muertos no escriben y en este país nos urgen letras. Sin ellas somos como una familia sin álbum de fotografías”, concluye.