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Cómo lidiar con el bajón post-turismo, el momento en que el año empieza en serio

La psicología habla de astenia otoñal; en esta parte del mundo también se le llama Síndrome de abril. ¿Por qué baja la energía y nos replanteamos las cosas después de Turismo?

Redactora de Galería

En este punto del año, ya lejos del impulso inicial de enero y con la rutina finalmente asentada, muchas personas dicen sentirse más cansadas, con cierta desmotivación pero, contradictoriamente, dedican muchísima energía y pensamiento rumiante a hacerse preguntas incómodas sobre el trabajo, los vínculos y los hábitos.

Sin que exista un diagnóstico formal, abril, el otoño, pero sobre todo ese “después de Turismo” tan uruguayo, funciona como un momento de evaluación interna. Una especie de segundo comienzo que se instala como el verdadero.

Atravesado por el cambio estacional y una menor exposición a la luz, este mes parece correr el velo de lo que venía estando como en piloto automático. Pero hay sustento psicológico para esta percepción. Según la psicóloga clínica Virginia Nogueira, tiene sentido pensar que en Uruguay el “año real” empieza después de Semana de Turismo. "Más allá de lo cultural, que siempre está bueno tenerlo en cuenta, hay algo en el funcionamiento psicológico que también acompaña esta idea. Enero y febrero suelen ser meses más desestructurados, incluso quienes no están de vacaciones igual están en otra lógica. Después de Turismo aparece algo más estable. Volvemos todos al mismo tiempo, se ordenan las rutinas y se estructura más el año. Surge una perspectiva más sostenida en el tiempo de cómo van a funcionar los meses que vienen", dice la especialista. "Lo que empieza ahí, en general, se proyecta hasta fin de año. Entonces hay como una 'caída de ficha'. Ya no es un arranque difuso, es un inicio más concreto, más sostenido", agrega. Y eso también organiza expectativas y energía mental.

El efecto después del arranque o cuando la motivación cae

La psicología del comportamiento lo estudia hace años: el impulso de inicio de año no dura para siempre. De hecho, dura bastante poco. Existe un concepto para nombrar ese envión con corta esperanza de vida, se trata del fresh start effect (efecto de nuevo comienzo o efecto de reinicio), que describe un aumento repentino de motivación para cambiar hábitos en momentos simbólicos como enero, un lunes, un cumpleaños o después de Semana de Turismo. Aparece cuando sentimos que podemos “empezar de cero”.

Hay como una “caída de ficha”. Ya no es un arranque difuso, es un inicio más concreto, más sostenido. Y eso también organiza expectativas y energía mental Hay como una “caída de ficha”. Ya no es un arranque difuso, es un inicio más concreto, más sostenido. Y eso también organiza expectativas y energía mental

Cuando empieza el año, por ejemplo, las personas sienten que llegó el momento de hacer “borrón y cuenta nueva“, pero no necesariamente cuentan con la fuerza o las posibilidades para hacerlo. Así lo plantea la licenciada en Psicología Silvana Sottolano a Galería: “Nos planteamos cambiar aquello que no nos gusta de nosotros o de nuestro entorno los primeros dos o tres meses del año. Pero entrando en el segundo trimestre esa idealización inicial decae en el encuentro nuevamente con las rutinas, con las resistencias reales a esos cambios que no hemos logrado antes y que nos habíamos propuesto poder lograr, y ahí se ingresa a una meseta“, explica.

Entonces, el problema de ese fresh start effect es su reverso: el fresh start effect decay (disminución, desgaste o atenuación del efecto de nuevo comienzo). Esa energía inicial tiende a caer alrededor de las primeras 10 semanas del año. Y si tomamos el verano como punto de partida, ese momento es justo ahora.

A medida que el “nuevo capítulo” deja de ser tan nuevo, la motivación se desgasta. Los objetivos vagos y las expectativas poco realistas hacen que los muchos propósitos se diluyan en cuestión de semanas, y abril queda en una zona incómoda: ya no se está empezando nada, pero tampoco nadie está cerca de cerrar algo. Un limbo donde la evaluación es inevitable.

"Cuando ese primer impulso del arranque baja aparece más registro", explica Nogueira a Galería. "Al principio del año hay más energía puesta en 'hacer' que en 'cómo estoy con esto que estoy haciendo'. Pero cuando ese impulso baja, queda más disponible la experiencia interna. Entonces, no es que aparezcan problemas nuevos, sino que se empieza a ver con más claridad cómo nos sentimos al respecto".

El dolor de la caída desde la cima de las proyecciones, dice Sottolano, va a depender de la estructura psíquica que venía sosteniendo esa idealización. La ansiedad va a aparecer, pero si es sostenida o aumenta, habría que plantearse buscar ayuda. “Consultar para poder tener un espacio donde no nos hagamos trampas al solitario“, señala.

Cambios de luz, cambios de ánimo

Con el avance del otoño, disminuyen las horas de luz natural y, con eso, la exposición solar. Esto impacta en la regulación de la serotonina y la melatonina, dos hormonas clave para el estado de ánimo y el descanso. El resultado no siempre es dramático, pero sí perceptible: más cansancio, más introspección, más tendencia a pensar pero menos energía para sostener lo que se piensa.

No es que aparezcan problemas nuevos, sino que se empieza a ver con más claridad cómo nos sentimos al respecto. No es que aparezcan problemas nuevos, sino que se empieza a ver con más claridad cómo nos sentimos al respecto.

En algunos casos, incluso pueden aparecer síntomas leves de trastorno afectivo estacional, una forma de depresión vinculada a los cambios de estación. No es casual que marzo y abril sean dos meses en los que las consultas e inicios de psicoterapias aumenten considerablemente, cuenta Sottolano. “Se va el calor, la sensación poderosa de las vacaciones y sus bondades, y volvemos a la realidad, que lamentablemente para muchas personas no es un lugar de disfrute y armonía“.

La astenia otoñal entonces es una sensación pasajera de fatiga física y mental, debilidad, desánimo y falta de energía que aparece al inicio del otoño y es causada por la adaptación del cuerpo a menos horas de luz, cambios de temperatura y la vuelta a la rutina. La explicación biológica apunta justamente a que la menor exposición a la luz solar aumenta la melatonina (da más sueño) y reduce la serotonina, afectando el ánimo y la energía.

Generalmente, es leve y desaparece en pocos días o semanas. Los principales síntomas son cansancio persistente sin causa clara, alteraciones del sueño (somnolencia o insomnio), cambios de humor (tristeza, irritabilidad, apatía) y dificultad para concentrarse. También pueden aparecer más apetito, dolor de cabeza o molestias articulares.

Los consejos para combatirlo son sostener rutinas (dormir y levantarse en horarios regulares), hacer ejercicio, priorizar una alimentación equilibrada y exponerse a la luz natural todos los días. También ayuda retomar la actividad laboral o académica de forma progresiva, evitando sobrecargas innecesarias.

psicologia post turismo otono

Pero si bien las estaciones y el clima son un factor a tener en cuenta, Nogueira señala que no hay una única causa para este sentir, sino que se trata de una combinación de factores. "Claramente no estamos hablando de un trastorno del estado de ánimo, sino de cambios estacionales que le pasan a la mayoría de las personas, de diferentes formas", advierte.

El cerebro que odia la incomodidad del medio y cuándo encender las alarmas

Además del cambio de estación, hay algo más estructural. A nivel psicológico, el ser humano funciona mejor con hitos claros. Inicios y finales. Y abril no es ninguno de los dos.

No tiene la épica del comienzo ni la sensación del cierre. Es un mes “medio”, y los medios generan ruido. Una especie de disonancia temporal que se traduce en preguntas como “¿Voy bien? ¿Esto era lo que quería? ¿Sigo o cambio?“.

Así lo explican las profesonales; en marzo todavía había margen para el desorden. En abril, ya no. La rutina ya está instalada, la adrenalina del arranque bajó y aparece la primera evaluación. En psicología se habla de cognitive appraisal; el proceso —muchas veces inconsciente— mediante el cual interpretamos nuestra situación actual y medimos su impacto en nuestro bienestar.

En principio, estos replanteos son saludables y forman parte del "vaivén de la vida", según Nogueira. "Es esperable replantearse cosas y es positivo que eso suceda. El problema no es el replanteo en sí, sino cuando se vuelve repetitivo, sin resolución, y empieza a generar malestar sostenido o dificultad para avanzar. Ahí deja de ser evaluación y pasa a ser lo que en psicología llamamos rumiación. Son pensamientos repetitivos que generan un bucle donde la persona queda atrapada. Y ahí es cuando es importante prestar atención", señala. "El punto clave es el impacto en la vida cotidiana. En una evaluación saludable hay movimiento: la persona piensa, ordena, decide. En ansiedad o depresión aparece más rigidez, pensamientos repetitivos, agotamiento y dificultad para accionar, junto a la pérdida de interés, alteraciones del sueño y malestar persistente".

Por otro lado, Nogueira asegura que lo que sostiene cualquier conducta son los hábitos, y para Sottolano, lo que lleva a la sensación de fracaso y no logro es, en contraposición, la falta de constancia: "Plantearnos objetivos inalcanzables en lugar de cambios posibles que podamos lograr paulatinamente. Los cambios duraderos deben transitarse sin violencia, sino el encuentro con la frustración va a ser inevitable. Y sin constancia no vamos a poder lograr que estas intenciones iniciales se transformen en hábitos sostenibles“, señala.

La psicóloga identifica que en todo este razonamiento está faltando un factor fundamental: “Antes que plantearnos qué es lo que queremos hacer con nuestra vida, está mirar para adentro y conocernos a nosotros. Primero, por qué queremos esos cambios, si sentimos que contamos realmente con recursos para poder lograrlos, y si tienen que ver con un arrebato o son aspectos que venimos pensando desde hace tiempo. Entonces, antes que nada, esa mirada hacia adentro no es la enemiga, es necesaria porque ahí nos reencontramos con lo que realmente queremos y si está a nuestro alcance“.

Duelar las vacaciones

También hay algo de pérdida en todo este tema. El llamado post-vacation blue que describe el bajón posterior a las vacaciones, y la dificultad de reinsertarse en la rutina laboral tiene mucho que ver. Después de una probadita de “la buena vida“, es natural preguntarse: ¿ésta es la vida que quiero sostener hasta fin de año?.

El punto clave es el impacto en la vida cotidiana. En una evaluación saludable hay movimiento: la persona piensa, ordena, decide. En ansiedad o depresión aparece más rigidez, pensamientos repetitivos, agotamiento y dificultad para accionar, junto a la pérdida de interés, alteraciones del sueño y malestar persistente El punto clave es el impacto en la vida cotidiana. En una evaluación saludable hay movimiento: la persona piensa, ordena, decide. En ansiedad o depresión aparece más rigidez, pensamientos repetitivos, agotamiento y dificultad para accionar, junto a la pérdida de interés, alteraciones del sueño y malestar persistente

¿Y qué pasa cuando aparecen ganas de cambiar las cosas pero no la energía para hacerlo? Nogueira dice que por un lado, las ganas no siempre vienen antes de la acción. "Muchas veces hay que empezar sin ganas para que después aparezcan y seguir reforzando la conducta", explica. Por el otro, es clave revisar las expectativas. Muchas veces no se trata de falta de voluntad, sino de objetivos poco realistas. Y "cuando la exigencia es alta y la energía es baja, el sistema se frena".

Consejos profesionales

Partiendo de la base de que "la motivación no está diseñada para sostenerse en el tiempo", según Nogueira, aquí van algunas recomendaciones:

Para empezar, Sottolano subraya que no se intente pasar de cero a cien. “A veces en ese empuje veraniego, de comienzo de año y post-turismo nos planteamos hacer cambios absolutos; pasar de una vida sedentaria a ir a un club a entrenar cinco veces por semana; dejar un trabajo que no nos está gustando y cambiar absolutamente de rubro; dejar una pareja de sopetón; y todo eso sin tomarnos el tiempo para ver si podemos encarar esos cambios“. La cuestión es que “pasar de cero a cien“ muchas veces implica “violentarnos a nosotros mismos“, explica la profesional. “Es como negar los aspectos que también nos gustan de nuestros anteriores hábitos y de nuestras anteriores costumbres. O aspectos positivos que también tienen las relaciones, que aunque nos hayan cansado y quizás sí tengamos que cambiarlas, negar absolutamente cuánto también nos gustan hace que después ese cambio de cero a cien nos lo recuerde y no lo podamos sostener“.

En palabras de Nogueira, "es más efectivo trabajar con cambios pequeños, concretos y sostenibles"; preguntarse qué quiero sostener, qué quiero cambiar, pero también ¿qué disponibilidad tengo hoy para hacerlo?

Cómo gestionar este apesadumbramiento según Sottolano tiene que ver con madurar las emociones, sobre todo, “en un mundo que nos está exigiendo todo de inmediato, haciéndonos creer que se pueden lograr las cosas de un momento para otro porque lo visual es lo que muestra“. El mundo digital está lleno de post motivacionales, videos mostrando resultados, coaches e influencers que no hablan de los procesos que hay detrás. Y en medio de todo ese runrún, esta nota de validación.