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    Preocupa a especialistas la “naturalización” del consumo de marihuana, la “permisividad” familiar y el inicio con los padres

    —Mejor que pruebe conmigo que en la calle.

    —Prefiero que lo haga en casa en vez de que salga por ahí.

    Este es el discurso de muchos padres cuando dan a probar y permiten a sus hijos tomar un poco de alcohol. Ahora el mismo discurso está empezando a usarse para la marihuana, una droga para la que existe “permisividad” familiar y “naturalización” en el consumo, según especialistas consultados por Búsqueda.

    Hace diez años “veíamos familias que traían a sus hijos a consultar por consumo de marihuana a tratamientos de internación, era visto como un problema. Hoy es rarísimo que ocurra. Sí vienen padres preocupados, pero vienen con una naturalización mucho mayor que antes. Muchos no lo asumen como un problema por todo el ruido que se ha producido en los últimos años y la mala información”, dijo a Búsqueda Miguel Hernández, psicólogo con formación en familia y drogodependencia, y docente del Posgrado de Drogodependencia en la Universidad Católica.

    Los padres “no se dan cuenta” que cuando le permiten a su hijo fumar o tomar en la casa “están habilitando el consumo”, destacó Hernández.

    “Hoy la permisividad es un fenómeno. Se ve el inicio de consumo de porro con los padres”, advirtió el psiquiatra y especialista en farmacodependencia Fredy Da Silva durante las Jornadas “Adolescencia: tiempo de prevenir, educar, escuchar y acompañar” organizadas por la Sociedad de Pediatría a fines de agosto. Según datos nacionales la edad de inicio ronda los 14 años.

    “Hay una naturalización, un hijo piensa que si en casa lo hacen entonces es normal”, dijo a Búsqueda Marcelo Aprile, psicólogo especialista en adicciones con experiencia en el sector público y privado. Están “debilitados los referentes”, dijo el especialista durante su disertación en las Jornadas de la Sociedad de Pediatría.

    “Hoy parece ser ‘normal’ que jóvenes de 14 años consuman alcohol y fumen marihuana”, comentó.

    Los padres que fueron usuarios de marihuana, o que aún son, tienen “una capacidad crítica frente a los hijos muy baja”, comentó Aprile. “Cada vez hay más y el discurso crítico es muy bajo”, insistió.

    Esta permisividad por parte de los padres lleva a que los hijos tampoco lo vean como algo peligroso y deriva en “una facilitación a la experimentación” con la droga, comentó Hernández.

    El problema es que algunos pasan de experimentar, a fumar los fines de semana y luego también entre semana, lo que deriva en una adicción.

    Familia y adicto.

    Claro que no todos quienes alguna vez fumaron marihuana se harán adictos. Las personas que desarrollan un consumo problemático comienzan por intentar manejar estados de ánimo como insatisfacción e incomodidad. “Muchas veces tiene que ver con un conflicto entre lo que la gente espera de él y cómo él se siente”, explicó Aprile a Búsqueda. Son personas que toleran mal la frustración y “generalmente muy inteligentes pero a quienes les cuesta estar satisfechos y complacidos con sus logros”.

    Influyen las características individuales de la persona, las sociales, la educación, el grupo de pares y también la familia. Existen características que se repiten en el entorno de usuarios problemáticos de drogas: roles inadecuados o familias disfuncionales, pobre comunicación en la que prima la confrontación y el diálogo es escaso.

    También pueden ser perjudiciales las alianzas por complicidad. Esto se configura cuando, por ejemplo, una madre le dice a su hijo “si no lo hacés más no le digo a tu padre” dejándolo totalmente desvalorizado, explicó Aprile. Se mueven entre el control extremo, la negación y el abandono. Hacia afuera puede haber una negación total y decir que el hijo “anda bien y solo sale con amigos”.

    En estas familias no hay nadie que le hable a la persona consumidora de drogas, que le ponga límites y busque una verdadera salida. Son factores que se suman, por eso en una familia un hermano puede caer en una adicción y otro no.

    Por otra parte, los especialistas señalan que en algunas familias resulta “útil” tener un adicto. Si bien no es un proceso consciente se depositan en él todas las culpas, “sobre él se instala toda la basura”, minimizando así otros problemas, comentó Hernández. Del otro lado pueden estar los hermanos que tienen éxitos académicos y los padres que destacan las diferencias.

    Asimismo, desde las políticas de salud, alertó, se le da prioridad al tratamiento de un adicto a cocaína y pasta base por sobre el alcohol y la marihuana, cuando deberían ser iguales.

    Tóxico.

    El consumo excesivo de marihuana produce una disfunción cerebral en las áreas prefrontales —del cerebro— y sus conexiones, así como alteraciones en la memoria y en la capacidad de atención. Cuando la droga se empieza a consumir en la adolescencia esos circuitos están en plena maduración.

    “Puede llevar al establecimiento de alteraciones funcionales que sean independientes al consumo, eso quiere decir que por más que el individuo abandone la droga, esas alteraciones se perpetúan para el resto de la vida”, explicó Rodolfo Ferrando, profesor agregado de Medicina Nuclear de Facultad de Medicina.

    La marihuana afecta el desarrollo normal del cerebro que se produce durante esa etapa y afecta la personalidad, la conducta y el manejo de las emociones. Aumenta la incidencia de depresión y trastornos de ansiedad y duplica las probabilidades de desarrollar una psicosis. “Los estudios neuropsicológicos durante el consumo de marihuana muestran que hay alteraciones de leves a moderadas, parecidas a las del consumo del clorhidrato de cocaína asociados en quienes tienen un consumo en una cantidad elevada”, explicó Ferrando.

    Hernández destacó por su parte que la marihuana tiene entre cinco y siete veces más tóxicos que un cigarrillo común, y por tanto es más cancerígeno.

    Educación.

    “Hoy el miedo de los padres es que de la marihuana pasen a consumir otra cosa”, comentó Hernández. La puerta de entrada existe y “hay consumidores sociales de marihuana que no llegan a entender la dimensión de lo que es el consumo para un adicto”.

    “La única forma de controlarlo es la educación en donde el individuo sepa lo que consume. También es cierto que el camino a las sustancias más peligrosas en general se da en escalones hasta que termina en lo peor. Si la marihuana pasa a ser algo normal, va a estar más cerca de la cocaína y la pasta base”, comentó Ferrando.

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