¿Por qué no había niñas?
Porque creo que el ajedrez es mucho más jugado por varones. En la mayoría de los países es más alto el nivel de los varones y siempre son más. Nosotras somos minoría.
¿Te parece que es un juego más para hombres o es un tema cultural?
Es un tema cultural, pero se están implementando cosas para tratar de incentivar a las chicas a que jueguen. Ahora en la escuelita hay muchas niñas y está buenísimo que seamos cada vez más y mejores. Ahora hay como un crecimiento general, pero más que nada entre las niñas, hay un montón. Lo que pasa es que acá el ajedrez no se conocía mucho. Empezó por el básquetbol, porque el profesor de ajedrez es profesor de básquetbol también, y como los chiquilines del básquet jugaban en las tribunas porque había tableros de ajedrez, entonces formaron la escuelita y eran todos varones. Ahora casi la mitad te diría que son nenas.
“Y ella es espejo ahora de las chicas”, dice Patricia, su madre, a la que le brillan los mismos ojos azules de su hija cuando habla de Lucía. “Incluso la hermana que tiene 7 años empezó a ir a la escuelita porque ella no le puede enseñar, no le tiene paciencia”, dice y se ríe en una típica queja de madre. Integrada de lleno en el mundo del ajedrez en su ciudad, asegura que en la escuela de tiempo completo les dan clases también a los niños y quieren implementar el ajedrez como una actividad más.
Lucía es consciente de que este deporte es una poderosa herramienta en la educación y el desarrollo de ciertas habilidades, aunque no sabe muy bien cuáles. Es internacionalmente reconocido que su estudio sistemático contribuye a la formación integral del individuo en diez áreas básicas, que incluyen la recreativa, deportiva, intelectual, cultural, ética, estética, instrumental, emocional, preventiva y de salud social. Por eso se juega en las escuelas de todo el mundo, y muchos niños logran alcanzar altos niveles para enfrentarse a jugadores que multiplican varias veces su edad. En los pasados Juegos Olímpicos, Lucía era la única menor de la delegación uruguaya. “Ahí no hay límite de edad, había niños chicos, yo jugué contra una niña de Mónaco que tenía 10 años, y jugaba impresionante, era hija de una maestra rusa. Y los niños juegan contra personas de cualquier edad”. En la escuelita de Lucía reciben invitaciones para participar en muchos torneos. “Tratamos de jugar torneos cada vez mejores, con más jugadores y más fuertes de todo el país para ir mejorando”, asegura la ajedrecista. Para ella, la clave está en la competencia, que permite mejorar el nivel del jugador. Cuanto más jugadores haya, más posibilidades de superarse.
Desde que salió segunda en la categoría femenina —la primera vez que se presentó a un campeonato nacional el año que empezó, en la categoría Sub-12—, Lucía nunca paró de competir y de estudiar. Ahora sigue yendo a la escuelita a tomar clases por Skype con Rafael Muniz, un profesor de Montevideo más avanzado. “Llega un momento en el que tenés que ir cambiando de profesor, tratando de apuntar a más”, asegura.
¿Es difícil enfrentarte a personas de otras edades?
No, es lo mismo. A veces me da miedo enfrentarme a jugadoras que tengan más edad, que sé que tienen mucha más experiencia que yo, o a jugadoras de menos edad, porque se supone que les tengo que ganar.
También jugás contra varones.
Sí, de hecho, el nacional de categorías jugamos nenas contra varones y quedé primera también de los varones. Está bueno eso, que las mujeres les ganen a los varones. (El actual campeón masculino es Bernardo Roselli, de 53 años, actual presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez y Maestro Internacional).
¿Es distinto jugar contra un varón? ¿Es más difícil?
Los varones por lo general tienen más nivel pero también es porque son más cantidad, y las mujeres como siempre jugamos entre nosotras, eso nos estanca un poco. Por eso, las mujeres tenemos que tratar de jugar no solo torneos entre nosotras, sino jugar mucho contra los varones, porque hay más competencia, porque son más, y eso los impulsa a mejorar. Igual, está habiendo una mejora entre las mujeres. Pero a la hora de jugar frente a frente yo no me he dado cuenta de ninguna diferencia.
¿Cómo te preparás antes de enfrentar a un oponente?
Los ajedrecistas preparamos la partida, googleamos en bases de datos el nombre de nuestro oponente y nos van apareciendo partidas de esa persona en distintos torneos. Ahí vamos viendo lo que juega y lo tenemos que ir estudiando, entonces ya sabemos lo que vamos a hacer. A veces te sorprenden, pero por lo general tenemos una planificación de las primeras jugadas.
¿En los torneos ya sabés quién te va a tocar de oponente?
Cuando estás en el torneo, un par de horas antes por lo general se sube a la página de Internet del torneo quién va contra quién y de qué color (blanco o negro), entonces ahí ya tenés la información necesaria para prepararte.
¿Cómo vivís los primeros momentos de una partida?
En las primeras jugadas, por lo general, ya sé lo que voy a hacer, entonces las juego medio rápido. La partida está dividida en tres etapas: la apertura, el medio juego y el final. Cuando llegás al medio juego es la parte en que más tenés que estar concentrado porque es cuando más tenés que calcular y prever lo que va a hacer el otro, es la parte más difícil.
¿Estudiás el lenguaje corporal de tu oponente?
Yo trato de concentrarme solo en el tablero, pero hay personas que se tapan los ojos para que no mires lo que ellos están mirando. Yo eso no lo hago mucho. A veces el lenguaje corporal dice mucho, yo no lo miro, pero hay gente que sí.
El tiempo es un factor clave de este juego. Los torneos clásicos consisten en una hora y media por jugador, más 30 segundos de incremento con cada movimiento. Las partidas duran entre tres y hasta seis o siete horas, aunque en promedio, unas cuatro horas. Después está la modalidad Blitz, que son tres minutos por jugador, y las rápidas, que son de 15 minutos cada uno. Lucía logra mantener la concentración a lo largo de esas cuatro horas, aunque a veces se para, estira las piernas y mira otras partidas, mientras su rival está pensando su próximo movimiento, que puede ser el tiempo que quiera, administrándose esa hora y media como quiera. En las jugadas más obvias ella puede estar 1 o 2 minutos, y las otras pueden irse a 15 minutos, o más.
De esta manera, Lucía se está entrenando para la próxima olimpíada, el mayor torneo en el mundo, donde el año pasado participaron 189 países. “Está buenísimo, es una experiencia única, fue impresionante. Nunca había ido a un torneo con tanta gente de tantos países. Además, van los mejores del mundo, aunque el nivel es muy variado, porque hay países que no son tan buenos y otros que son muy buenos, como Rusia y Ucrania. Uruguay está en la mitad de la tabla para abajo, somos de los peorcitos de Sudamérica. Igual hemos mejorado”.
Financiar los viajes a los torneos internacionales no es fácil para una familia ensamblada. Lucía tiene tres hermanos mayores de parte de su padre, y otros tres menores que ella de su padre con su madre. Por lo general, los organizadores de cada país pagan el alojamiento y la comida, y los pasajes corren por cuenta de la Federación Uruguaya de Ajedrez. Sin embargo, hay ocasiones en que esto no sucede, como en los últimos Juegos Olímpicos. El pasaje a Georgia tenía un costo alto y se lo tenía que pagar Lucía. Como sus padres no podían, en su escuelita de ajedrez organizaron una rifa y con la colaboración de la gente de la zona llegaron a cubrir el costo del pasaje. “Ahora que va a Estados Unidos el pasaje lo tenemos que pagar nosotros”, dice Patricia. “Ahí mandamos a la intendencia y buscamos fondos; y para las olimpíadas también le va a pasar lo mismo el año que viene, el pasaje no lo van a financiar. Le pagan estadía. Depende del torneo. Viste que acá, si salís del fútbol, el resto de los deportes no importan”, asegura la madre. El día que viajaron al Sudamericano en Paraguay, coincidieron en el aeropuerto con la selección uruguaya Sub-20 de fútbol que se iba a jugar el Mundial a Polonia. Y las diferencias se hicieron notar. “No sabés el despliegue de cosas que había en el aeropuerto, colas y colas de carritos con todo lo que lleva la Selección, y los de ajedrez llevaban solo una campera de Uruguay, que se las compramos nosotros. Ni bandera tenían, pobres. El año pasado, cuando se fueron a la olimpíada, la Secretaría de Deportes tampoco los llamó ni para ofrecerles el pabellón nacional, por decirte algo. No se le da importancia. Ya en América del Sur se nota la diferencia con los peruanos y los chilenos, que juegan muy bien, tienen otro apoyo. Uruguay es como que está muy en pañales todavía”.
Esta chica 12, a la que le apasionan los números y que a veces también se anota en olimpíadas de matemáticas llegando a ganar menciones, piensa estudiar Ingeniería Civil, sin saber bien en qué le gustaría trabajar aún. “Pienso seguir jugando torneos, estudiando y tratando de hacer lo mejor posible, pero no tengo un objetivo a largo plazo. Iré viendo hasta dónde puedo llegar”, remata con humildad.