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El ingrediente: el kaleEn los restaurantes y cafeterías hipster de Montevideo, el kale es la estrella de batidos tan energizantes que, de solo tomarlos, parecen otorgar superpoderes. El kale es primo del brócoli y de los repollitos de Bruselas, y pese a que en español se la llama col verde rizada, en Uruguay se la conoce con su nombre en inglés (pero pronunciado en español, tal como se escribe).Rico en calcio, potasio, vitaminas C, K y E, presentes sobre todo cuando se lo consume crudo, además de betacarotenos y ácido fólico, el kale se impuso en la dieta de quienes defienden una alimentación saludable y de quienes, impulsados por la moda de turno, consumen de forma compulsiva ingredientes conocidos como “superalimentos”.¿No sabe cómo comerlo? Crudo en ensaladas, por ejemplo, en sustitución de la lechuga, en jugos, o como ingrediente en tartas, entre otras opciones.
El personaje: el hipster
Hay libros dedicados a ellos, cientos y cientos de artículos periodísticos que los analizan, marcas —de ropa, de alimentos, de muebles— que les hablan directamente a ellos y personajes internacionales que adhieren a este estilo de vida que se convirtió en una subcultura. En Nueva York, Londres, Berlín, la figura del hipster tiene años y, de hecho, hay varios que ya hablan de su muerte. El hipster dejó de ser este personaje independiente para formar parte del mainstream y aparecer en todos lados. Si antes en Montevideo su presencia era tímida y se encontraba solo en algunos circuitos, en 2015 salieron de abajo de las piedras y coparon los barrios más cercanos a la rambla. Barba, lentes de marco grueso, camisas escocesas de franela varios talles más grandes, gorros de lana en invierno, con visera estilo skater o surfer con la llegada del verano, muchos peinados raros (entre ellos el pelo teñido de colores pasteles), championes en todo su esplendor y el jean en todo tipo de prendas es el dress code de un grupo de hombres y de mujeres de entre 20 y 40 y tantos años. Toman cerveza artesanal, se preocupan por lo que comen, van en bicicleta a trabajar, frecuentan los bares en la zona de Ciudadela y Soriano y algunos de Parque Rodó, compran muebles, objetos y ropa made in Uruguay, saben de café de Etiopía y aprendieron a plantar cedrón en su huerta orgánica. Eso sí, jamás de los jamases, dirán que son hipsters.
La explosión urbana: Parque Rodó
Si en 2015 hubo un barrio donde se podía instalar una panchería y ser furor, ese era Parque Rodó. Claro que Pancho Va no es una panchería cualquiera. Ahí los panchos se comen con pepino, repollo, bacon (no panceta, bacon), hummus, palta, entre otros ingredientes que se pueden incluir en la categoría gourmet. Este es solo un ejemplo de la variedad de locales (gastronómicos, nocturnos, de diseño) que abrieron en 2015 en Parque Rodó y en sus inmediaciones y que, por lo general, tienen un toque original. Parque Rodó nos recuerda, en algún punto, al Palermo bonaerense. Con un claro aire cool/hipster/bohemio/intelectual de día y de noche mucho más heterogéneo (está el boliche de moda, el que tiene derecho de admisión, el que pasa música electrónica hasta las siete de la mañana, el que se sienten cómodos los que ya arañan los cuarenta), Parque Rodó es, probablemente, el barrio donde quieren vivir los jóvenes —y no tanto— con intereses que se acercan más a las áreas creativas. Claro que no es para cualquiera, la zona se revalorizó mucho y los alquileres suelen ser más caros que en barrios de mayor oferta como Pocitos. Pero no se desaliente, siempre se puede compartir piso. No somos europeos pero, a veces, jugamos a serlo.
El desembarco: UBER
“¡Montevideo, la espera terminó! Tu Uber está llegando”. Anunció la empresa internacional, y los uruguayos más noveleros entraron a la tienda de aplicaciones, descargaron la app y sin pensarlo dos veces ingresaron su tarjeta de crédito, venciendo uno de los mayores terrores del ciudadano uruguayo tipo. El primer día se registraron 14.000 almas con ansias de sentirse un poquito más desarrollados, vanguardistas.No fue necesario que los choferes empezaran a operar para que se iniciara la polémica. Con sus autos cómodos, sin mamparas, sumado a conductores con modos afables y una tarifa razonable, la propuesta se afianzaba. Los usuarios estaban contentos, pero la Gremial Única del Taxi no. Después de luchas infructuosas contra Easy Taxi, no estaban dispuestos a perder otra batalla. La Intendencia tampoco. Sin un marco legal específico ni mucha idea de cómo regularlos/sancionarlos/castigarlos, se armó una cuadrilla de más de 10 inspectores de tránsito dedicados a multar choferes de Uber. Mientras muchos señalan que la amabilidad de los taxistas crece y crece gracias a esta competencia (desleal o no), los inspectores ya retiraron cuatro matrículas en un procedimiento que la Comuna no revela. Es un trabajo undercover, o algo así.
El hashtag: #elerrordelbateristaderombai
¿Quién es Tomás Narbondo? ¿Alguien lo recuerda a un día de que termine el año? Probablemente no. Sin embargo, Tomás Narbondo —un chico de ojos de un azul muy profundo, tatuado con el escudo de Peñarol en el pecho y con decenas de fotos junto a su pug en la inmensidad de Internet— consiguió convertirse en el protagonista del hashtag del año. El 2015 fue el año del boom de la cumbia cheta uruguaya. Tres funciones agotadas en el Gran Rex de Buenos Aires, show multitudinario en el Velódromo, selfies con Marcelo Tinelli en pleno “Showmatch”, más de once millones de reproducciones de la chiclosa “Locuras contigo” (“que parezca un accidente y terminemos frente a frente”) en Spotify son algunos de los highlights de Rombai, uno de los mayores exponentes de la cumbia cheta local junto a su banda hermana Márama. Narbondo era el baterista de Rombai. Hasta que, misteriosamente, se desvinculó del grupo. En su primera entrevista después del episodio, Narbondo dijo lo siguiente: “cometí un error personal con Fer Vázquez (uno de los cantantes de Rombai). Como es mi amigo preferí hablarlo directamente con él y por eso no dije cuál había sido el error”. Y las redes sociales hicieron lo suyo. El hashtag #elerrordelbateristaderombai se repitió miles y miles de veces, se convirtió en trending topic enTwitter, y los medios de comunicación lograron que la anécdota se masificara. Es probable que más de la mitad de la población de Uruguay siga sin saber quién es Tomás Narbondo, pero seguro, alguna que otra vez, hicieron un trencito con una de sus escasas —pero efectivas— canciones.
La aplicación: Spotify
Cada lunes un descubrimiento. Es una de las últimas propuestas de Spotify, el actual líder de reproducción de música en streaming, con más de 75 millones de usuarios en el planeta. La opción se presenta ese día bajo el nombre “Descubrimiento semanal”, una playlist de 30 canciones generada de forma automática a partir del historial reciente del usuario y las conexiones que se hacen desde la aplicación. La selección es muy ecléctica, incluye canciones de grupos que seguramente el usuario jamás escuchó. Puede que no todas las piezas se ajusten al paladar de uno, pero eso permitirá conocer a otras bandas, otros artistas, ampliar el horizonte sonoro.Está claro que no es un acto de bondad pura: es una estrategia para contrarrestar la salida de Apple Music. Y este es solo uno de los atractivos de esta aplicación nacida en 2008. Hay 35 millones de canciones disponibles en la versión Premium, que cuesta U$S 9,99 mensuales, y para muchos pagar vale la pena para sortear los anuncios publicitarios de la versión gratuita. Hay además decenas de apps diseñadas para optimizar la experiencia. Mixmates, por ejemplo, arma listas de reproducción a partir de los gustos musicales de los contactos; The Long Tail busca las canciones menos populares de una agrupación; Atflick Soundtrack está destinada a bandas sonoras; y Music Map fue creada para buscar artistas según los países. En este año lo último en llegar fueron 224 temas de Los Beatles. Quienes quieran repasar su 2015 pueden visitar Year in Music, yearinmusic.spotify.com.
La fórmula gastronómica: los foodtrucks
La batalla se libra en las redes sociales. La población parece estar de acuerdo con que camiones equipados con cocinas circulen por las calles de Montevideo sirviendo comida, pero la reglamentación de la Intendencia lo impide. Sin embargo, esa pequeña piedra en el camino, más que desalentar ha motivado a varios cocineros, empresarios y jóvenes emprendedores, a tunear combis y viejos ómnibus para convertirlos en restaurantes ambulantes, de esos que decoran las calles de Nueva York, Los Ángeles y muchas otras ciudades del globo.Glamburger, The Rolling Beat, las combis de los helados artesanales Chelato y la barra de Havana Club, son los más conocidos, pero no están solos. Entre todos aúnan fuerzas para pelear por una legislación renovada, y así permitir una cocina creativa a bajo costo. Mientras tanto, también funcionan como sustitutos de las clásicas estaciones en las fiestas, con menús que van desde cocinas étnicas como mexicana y vietnamita, hasta comida rápida.
El accesorio: la barba
Levante la vista. Observe a su alrededor. Esté donde esté, existen altas chances de que un barbudo se encuentre cerca. Mientras este año en Europa se anunciaba —en vano— su declive después de un floreciente 2014, en Uruguay el vello facial alcanzó gran popularidad en 2015. Hay barbas por todas partes. Vaya a un boliche en el Parque Rodó, a cualquier concierto una noche, y encontrará tantas barbas como en un concurso de imitadores de ZZ Top. Si bien llegar al tope de la aceptación y algo cercano a la masividad es todo lo que se necesita para iniciar el descenso, todavía no hay signos que expresen que la reputación barbuda —en sus distintas modalidades, desde las atemporales y las mefistofélicas candado hasta las barbas de tres días, desde la prolijidad hipster a las pobladas estilo leñador— emprenda el camino hacia la decadencia. Todo lo contrario.Suele decirse que es el maquillaje del hombre. Como un peinado, no va con cualquier tipo de rostro: a una cara cuadrangular le corresponde mejor una barba de tres días o con bordes recortados; los rostros redondos o con forma de corazón necesitan aumentar el volumen en el mentón, mientras los alargados se ven mejor con barbas poco voluminosas; las caras ovalas son las que se adaptan a cualquier estilo de vello facial.Este año, entonces, la barba se volvió el accesorio favorito de muchos, que dedican el tiempo y los cuidados necesarios para mantenerla en condiciones para que se vean vitales y elegantes.
El cool spot: el Bajo de la Ciudad Vieja
Podría ser Barcelona o Berlín. Pero no, es Montevideo. Son unas pocas manzanas. Esas que están alrededor de la calle Juan Carlos Gómez, entre la Rambla 25 de agosto y la Plaza Matriz. Allí, en una zona bastante olvidada de la capital de Montevideo, donde muchos edificios estaban deshabitados y otros muy descuidados, nació lo que se conoce como El Bajo de la Ciudad Vieja. El proyecto —que tuvo como principales impulsores a los directores de Casona Mauá— nuclea unas ocho casonas que tienen más de un siglo de vida. En esos edificios —Casona Mauá, Casa Wang, Casa Mario, Pensión Milán, Casa Gómez, entre otras— trabajan, en su mayoría, artistas plásticos. También se instalaron diseñadores, como Valentina De Llano y las creadoras del laboratorio de diseño Atómico, Araí Moleri y Jandira Tavares. Ahora en la zona del Bajo hay murales hermosos que llenan las cuadras de color; la gente que habitó siempre el barrio se mezcla con los artistas; y de tanto en tanto hay fiesta en la calle con aires cosmopolitas. Este año, Ronda de Mujeres hizo una de sus celebraciones allí, y la confirmación de que esa es la zona para visitar cuando entramos en la rosca de decir “acá no pasa nada” sucedió en la Noche de los Museos. Días antes de que llegara el verano, el 11 de diciembre, Juan Carlos Gómez, llena de luces de colores, con música en vivo, Djs y foodtrucks, se convirtió en una de las calles más divertidas y lindas de la capital uruguaya. Si había un lugar para estar esa noche, ese era El Bajo.
El medio de transporte: la bici
La bicicleta, la chiva o el birrodado, como gustan llamarle los cronistas policiales, ya no es un artículo deportivo de uso ramblero, algo que desempolvamos y descolgamos del gancho del garaje en diciembre para usar en unos pocos paseos domingueros. La bicicleta es un statement de conciencia ambiental, es una proclama de independencia al sistema de transporte, es una manera de llegar al trabajo y una forma sutil y estilizada de buscar el subidón de adrenalina diario en el tránsito a horas pico.Hay un día de la bicicleta (19 de abril), que este año, sin miedo a caer en la redundancia, se festejó con una bicicleteada; hay un festival de cine “a pedal”, con películas que se proyectan con energía generada por el pedaleo de los propios espectadores en bicicletas fijas. Dicen también que pronto habrá de estos aparatos en lugares públicos en los que se podrán cargar los celulares con unas cuantas vueltas de pedal.Por si faltaban indicios de esta bicimanía, el intendente de Montevideo Daniel Martínez se puso su casquito, su chaleco reflectivo y partió rumbo al Palacio Municipal en su GT para asumir su cargo el 9 de julio. El hashtag #BookDanielMartinez se generó casi al instante y los memes que lo mostraban subido a la bici en diferentes escenarios, también.