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    Sobre Ronny y su templo

    Los realizadores que pasaron por el mostrador del VIC tienen recuerdos muy ilustrativos de las conversaciones con Ronald Melzer y del espacio en el consiguieron algunas rarezas cinematográficas que probablemente no habrían encontrado en ningún otro sitio.

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    Daniela Speranza

    Hace años, estaba buscando Jettatore, con Enrique Serrano, así que recalé, por primera vez en el VIC. “Está prestada”, me dijeron. Me extrañó, ya que es una película argentina, en blanco y negro, de 1938 (un clásico de las tardes del Canal 5 durante mi infancia). Volví a la semana. Lo mismo. Un nuevo intento, el mismo resultado. Reclamé, pedí que me la reservaran. “Lo que pasa es que la tiene un amigo”. Yo no entendía cómo alguien se perdía de alquilar una película, sin mayor problema, cuando ese era su negocio. Al fin pude hacerme del VHS. El día que me tocaba devolverla llovía a mares. Igual fui hasta el VIC. “Pero la hubieras traído otro día. Con esta lluvia…”. “No quería pagar la multa”, le dije. Ronny revoleó los ojos como desestimando mi inquietud. Y esa primera impresión, de que él era una persona muy generosa, la conservé todo el tiempo que duró nuestra amistad, que comenzó poco después de ese incidente. Por supuesto, discutimos un montón de veces; a cuál de los dos más vehemente. Igual son muchas las situaciones que me vienen a la mente en las que no quedaba duda de lo generoso y solidario que era, y es lo que más recuerdo de él.

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    Guillermo Kloetzer

    La cara y el sentido del humor de Ronny es lo primero que llega a mi cabeza cada vez que recuerdo al VIC. Era yo un imberbe estudiante de cine y Biología cuando entré a su templo cinéfilo por primera vez y su sonrisa me dio la bienvenida. Algunos años más tarde, luego de haber visto mi cortometraje Redrat, Ronny me contactó con la productora Lavorágine y prestó dinero de su bolsillo para que pudiera iniciar la investigación de un documental que sería Manual del macho alfa. Más que los títulos de las películas que me recomendó, ese fue un gesto que me enseñó algo de por vida, seguiré compartiendo con él, además, a través del humor, una forma de ver el mundo.

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    Cali Ameglio

    Si bien es indudable que la Cinemateca tuvo una enorme influencia en mi vida, son las charlas en el VIC las que siempre recordaré como verdadero amor por el cine. Y es que solo ahí se podía meter en la misma discusión a Tobe Hooper, Bergman o un corto brasilero. Es difícil hoy, con el acceso a todo tipo de información, críticas y festivales, entender la enorme sensación de libertad que suponía esto. No importaban las distinciones que un filme traía. Importaba que a Ronny le pareciera digno de ver, incluso si estábamos frente a una basura internacionalmente reconocida, ameritaba el debate. Por lo tanto, no es casualidad que la última película que dirigí esté dedicada a él y no es difícil reconocer en la misma a su querido VIC.

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    Claudia Abend

    Mi número de socia era el 15, y eso me hacía sentir un pequeño orgullo. Bueno, el número de socio de mi padre, en realidad, que era amigo de Ronny cuando inauguró el Video Imagen Club en los años 80. Tengo todavía vivo el recuerdo de subir las escaleras de aquel primer local y pasar largo rato leyendo las contratapas de tantas películas posibles. La promesa encerrada en esa cajita que uno se llevaba a su casa. El VIC significó la posibilidad de ver cine clásico, independiente, europeo, latinoamericano; el cine diferente, el que no se encontraba en ningún otro lado... Y lo más importante: las charlas de mostrador con Ronny y esa variopinta peña de cinéfilos rotativos que se formaba espontáneamente a toda hora. Creo que ante todo fue un lugar de encuentro. Y ahora, en los tiempos del streaming, del video-on-demand, de las series y todo eso, será que me estoy poniendo vieja, pero qué nostalgia, cómo se va a extrañar. Casi diría que me dan ganas de ver una película en VHS con problemas de tracking.

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    Guillermo Casanova

    Cuando hablo de cine, hablo de ficción, y que me disculpen los documentalistas. Toda mi generación y la anterior aprendimos a ver cine, antes de aprender a hacerlo, gracias a la Cinemateca Uruguaya, porque en Uruguay no había escuela, universidad o maestros del cine. Luego vino VIC y aprendimos a estudiar cine. Aprendimos a saber cómo fue hecha la película que vimos aquella vez en la Cinemateca y a poder verla una y otra vez gracias a los VHS de Ronny (porque no era VIC, era “lo de Ronny”). Aprendimos a saber de planos, a saber dónde colocar la cámara, cómo colocar las luces, dónde parar a los actores, gracias a poder ver una y otra vez tal escena, de tal película, del VHS de Ronny. Cabe mencionar que los que queríamos hacer cine éramos becados del video porque nunca pagábamos el atraso, porque Ronny sabía que no era por boludos que no la llevábamos a tiempo el video, sino porque estudiábamos con él. De alguna manera, Ronny fue un mecenas del cine nacional, y Gabriel Massa, heredero del legado de Ronny y continuador del video (¡pobre Gabriel!), también lo fue. Luego, cuando llegamos a tener la posibilidad de hacer cine gracias al FONA, el cine uruguayo explotó. Era la primera vez que se hacían dos o tres películas por año (igual que ahora) y no una cada tanto y sin conexión alguna entre una y otra. Aprendimos cine viendo cine en la Cinemateca. Fuimos estudiosos del cine gracias al video de Ronny. Hicimos cine porque se creó el FONA. Entonces, el video de Ronny fue una de las patas del trípode del cine nacional y por ello merece todo el reconocimiento de haber sido LA escuela, junto con la Cinemateca, del cine uruguayo en la primera década de este siglo. Extraño a Ronny.

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    Mateo Gutiérrez

    Conocí el Video Imagen a mis 15 años. Sacando películas conocí a Ronald Melzer, pionero del videoclub, que siempre que sacaba una, me recomendaba otras como mejores en el género. Yo le discutía porque era joven y traía mi propia influencia, pero me hizo aprender a ver cine y por él descubrí directores, géneros, pude ver cine francés, italiano, británico, y lo mejor del cine independiente norteamericano. Con el tiempo se convirtió en una linda costumbre pasar por el video, hablar con él o quien estuviera atendiendo, que siempre eran cinéfilos, y ver qué había salido nuevo o simplemente hablar de cine. A pesar del avance tecnológico, el video se convirtió en un archivo cinematográfico imponente, donde se encuentran películas de todas partes del mundo, que en su mayoría no están en las plataformas de Internet. Soy de la generación que se sintió más libre en el Video Club Imagen que en Netflix o cualquier otra plataforma digital. Hace unos años hice mi aporte al video llevándole una cantidad importante de películas originales de todas partes del mundo compradas en México, adonde yo iba seguido por trabajo (sí, bagayo, pero de películas difíciles, que no se encuentran por ahí), y donde Ronny tenía visualizados catálogos de lugares de venta especializados. ¡Eso me hizo poseedor de una cuponera libre!, que pude disfrutar estos últimos años e hizo que siguiera pasando, ya con menos asiduidad pero manteniendo el mismo interés en una buena charla de cine o la recomendación de una buena película. El video además ha sido un promotor de nuestro cine uruguayo, editando la mayoría de las películas que se han hecho. En mi caso, Ronny me regaló además una excelente crítica de mi primer documental D.F. (Destino final). ¡Gracias por todos estos años! ¡Gracias a todos los que lo hicieron posible! Gracias por tanto Video Imagen, lo voy a extrañar.