El ABC de Marcelo Bielsa, el loco más respetado en el mundo del fútbol

Después de ríos de tinta, semanas de expectativa y horas y horas de conferencias de prensa, ¿se podrá escribir algo nuevo sobre el arribo del argentino Marcelo Bielsa a la selección uruguaya? Bueno, Galería lo va a intentar. 

Alfajores. En las inferiores de Newell’s Old Boys había un delantero de muchas condiciones, pero al que el físico y su facilidad para engordar no lo ayudaban. Eso se debía, entre otras cosas, a su pasión desmedida por los alfajores. Marcelo Bielsa, que entonces trabajaba en las formativas rosarinas, directamente se los prohibió. “Yo todavía no entendía lo que era ser profesional y lo que era jugar al fútbol siendo flaco, o teniendo tres o cuatro kilos de más. De esa manera me lo fue enseñando. Ahora con el paso del tiempo se lo agradezco”, le dijo a Infobae el protagonista, un tal Gabriel Batistuta, histórico goleador argentino de los 90.

Bielsas. Rafael Bielsa era el abuelo del técnico, uno de los juristas argentinos más prestigiosos, de destacada carrera profesional y académica; también se llaman así su padre, reconocido abogado en Rosario, y su hermano mayor, quien además de letrado fue el primer canciller argentino durante el kirchnerismo. Además, su madre, Lidia Caldera, es docente, y su hermana menor, María Eugenia Bielsa, arquitecta, fue vicegobernadora de Santa Fe y ministra de Desarrollo Territorial en la actual administración de Alberto Fernández. Era una familia acomodada y universitaria donde el único que mostró interés por el fútbol fue él.  

Conferencias. Desde que asumió como entrenador de la selección argentina, en 1998, Marcelo Bielsa dejó de dar entrevistas individuales. Según ha dicho públicamente, cada medio, “desde el más prominente canal de TV de capital hasta el más pequeño diario en las provincias”, merece su atención. Por lo tanto, las conferencias de prensa son el método habitual para conocer su pensamiento y forma de trabajar. En estas, que han llegado a durar horas, demuestra su incuestionable habilidad dialéctica. También han generado pasto para sus detractores.

Dale, Loco. “Dale, loco, el loco querido, / dale, loco, estamo’ agradecido’, / dale, loco, así te llama la gente, / dale, loco, que el chileno va contigo”. La banda chilena Tomo Como Rey le dedicó esta canción al técnico que dirigió a la selección de ese país entre 2007 y 2011, llevándola al Mundial de Sudáfrica 2010 y generando una mentalidad agresiva inédita. Fue ídolo, al punto que su sucesor, Claudio Borghi, dejó una frase para el bronce: “Bielsa dejó más viudas que la Segunda Guerra Mundial”. 

Estadio con su nombre. El Parque Independencia, en Rosario (Argentina), es la cancha de Newell’s Old Boys desde 1911. Remodelaciones mediante, tiene una capacidad para 42.000 personas. De ese club —seis veces campeón argentino y dos veces finalista de la Libertadores— surgieron jugadores como Batistuta, Américo Gallego, Jorge Valdano, Abel Balbo, Sergio Almirón, Mauricio Pochettino, Roberto Sensini, Eduardo Berizzo, Mauro Rosales, Maxi Rodríguez o Lisandro Martínez. Sin debutar en primera, Lionel Messi también surgió de sus entrañas. Diego Maradona jugó ahí unos pocos partidos en 1993.  Aun así, desde 2009, el nombre del estadio es Marcelo Alberto Bielsa. Todo dicho.

Fiat 147. En este auto, luego de dividir en 70 partes el mapa de Argentina, Bielsa recorrió miles de kilómetros con Jorge Griffa, otro prócer de las formativas de Newell’s, pueblo por pueblo en busca de jóvenes talentos en los años 80. Vale decir que desde entonces la cantera de Ñuls es de las más fértiles del mundo. Y por las dudas, Argentina es el octavo país más grande del mundo…

Granada. El apodo de Bielsa es Loco. Nadie sabe a ciencia cierta a qué se debe, pero hay mil episodios que lo justifican. Uno de ellos pasó luego de una dura derrota de NOB ante San Lorenzo en la Copa Libertadores 1992. La barra brava rosarina fue a pedirle “explicaciones” al técnico a su casa. La leyenda —mil veces replicada, jamás desmentida— cuenta que el hombre, harto de recibir insultos y amenazas, salió a la puerta con una granada en la mano: “Si no se van ahora mismo, saco el seguro y se las tiro”. Tan convincente habría resultado que los pesados huyeron despavoridos. Newell’s se repuso y llegó a la final de ese torneo. 

Hijas. Muy reservado sobre su vida privada, Marcelo Bielsa (67) está casado desde 1987 con la arquitecta Laura Bracalenti, con quien ha tenido dos hijas. La mayor, Inés, fue una destacada jugadora de hockey en Gimnasia y Esgrima de Rosario, como su madre, además de dedicarse a estudiar Psicología. La menor, Mercedes, es dramaturga y guionista.   

Insólita orden. En abril de 2019, Bielsa obligó a su equipo, el Leeds inglés, a dejarse convertir un gol ante el Aston Villa y permitir que estos igualen el partido. Es que los suyos habían metido un gol en una jugada en la que sus rivales reclamaban que se detuviera el juego, ya que tenían un jugador lesionado en el piso. El juego siguió, lo que derivó en una bronca de las grandes, mitigada luego con la orden del argentino. Con esa decisión, irreprochable desde el fair play, se quedó sin chances de ascender ese año. Y dividió las aguas en todo el planeta fútbol.

Jugador. Su prestigio en el fútbol lo ganó como entrenador. Pero, como suele ser habitual, antes fue jugador. Surgió, faltaba más, en Newell’s, donde debutó el 29 de febrero de 1976. Hay una foto de ese partido, ante River, donde se lo ve como privilegiado espectador de un gol de los rivales. Era defensa, duro, rocoso y de técnica no muy depurada, aunque con suficientes condiciones para ser convocado a selecciones juveniles. Luego de un paso por Instituto de Córdoba y Argentino de Rosario, se retiró en 1980, con 25 años. El fútbol no era lo suyo; de pantalón corto, se entiende…  

Kiosco. No son muchos los que saben que Bielsa atendió primero y fue dueño después de un kiosco. La causa, faltaba más, fue el fútbol. Lo contó en 2014 cuando dirigió al Olympique de Marsella en Francia (donde también entrenó al Lille): “A mí me gustaba mucho leer a Menotti y a Bilardo, cada uno de los cuales dirigió durante ocho años a la selección. Como eran 12 los periódicos que llegaban a Rosario y yo no podía comprar todos para leerlos y a los kiosqueros (...) no les gusta mucho quedarse todo el tiempo en el lugar de trabajo, yo me ofrecí ante uno de ellos a cuidarle el puesto mientras él decidiese salir para poder leer todos los diarios. A raíz de eso conocí algunos matices de ese negocio y de ese kiosco, y luego durante unos años fui propietario de un negocio de esa rama”. La confesión, obviamente, fue durante una conferencia de prensa. 

Leeds, con calle propia. Un año después de obligar a los suyos a dejarse hacer un gol, fue en este mismo histórico club donde lograría su único título en el extranjero, cuando ganó la English Football League Championship, la principal liga de ascenso de Inglaterra, en 2020. El recuerdo que dejó ahí fue tan grande que el ayuntamiento nombró como Marcelo Bielsa Way a la calle que une el centro comercial Trinity Leeds con la Commercial Street. 

Meñique. Hoy Bielsa da una imagen de técnico detallista, obsesivo, meticuloso, reflexivo y apegado al fair play. Pero en sus inicios su imagen era más… visceral. “Si me tengo que cortar un dedo por ganar el clásico de mañana, me lo corto, total me quedan cuatro”, le dijo mostrándole el meñique a uno de sus dirigidos —Fernando Gamboa— en la víspera de un Newell’s-Rosario Central (partido caliente si los hay) en 1990, con una convicción que lo dejó helado. NOB ganó 4 a 3 y Bielsa aún tiene las manos intactas.

No disparen. Menos conocido que el “No me peguen, soy Giordano” es el “¡No disparen, soy Bielsa!”. La contó Pablo Cavallero, exarquero de la selección argentina. Una madrugada de 2001, con el equipo concentrado en el predio de Ezeiza, Bielsa salió a correr con su discman. Quizá por eso no escuchó la voz de alto de los guardias de seguridad que veían una sombra dando vueltas por ahí. Cuando se vio apuntado por los reflectores (y los fusiles), solo atinó a esconderse detrás de un árbol y pedir que no lo acribillaran. 

Ñuls. Así castellanizado, como la Lepra, es conocida esta institución rosarina. Si por alguna camiseta Bielsa deja que la pasión le gane a la razón, es por esta. Y Bielsa le dio mucho al club. Más allá de su trabajo en inferiores, su tarea como técnico de la Primera cosechó dos títulos locales (Primera División 1990/91 y Clausura 1992) y un subcampeonato de América. Su rostro desencajado gritando “¡Ñuls, carajo!” luego de lograr el Apertura 1990 (que le valió el pase a la final del torneo 90/91) es uno de los momentos sagrados de un club más que centenario.

Obsesivo. Esta es una característica profesional señalada por todos: la obsesión y la convicción en su trabajo. Apela a toda la tecnología a su alcance (videos, software, programas estadísticos) para saber sobre sus rivales y transmitírselo a cada uno de sus jugadores. Estudia minuciosamente todos los sistemas tácticos posibles y se los muestra a los jugadores cual partitura, para que luego ellos puedan —llegado el caso— imponer sus condiciones individuales. Suele entrenar por separado a defensores y atacantes y en su momento fue uno de los mayores cultores de la llamada “presión alta”. 

Pi ñera. No muchos lo admiten, pero la ideología política está detrás de mucha alabanza o ataque a Bielsa. En Argentina, con sus dos hermanos identificados con el kirchnerista Frente para la Victoria, eso ha sido evidente. Si bien el técnico nunca hizo expresiones estridentes, fue muy recordado el desplante que le hizo al presidente chileno Sebastián Piñera, de derecha, cuando este le dio una recepción a la selección de ese país al regreso del Mundial de Sudáfrica en 2010. El mandatario saludó uno a uno a los integrantes de la delegación, estrechándoles las manos, pero cuando llegó el turno del entrenador, este apenas le hizo un gesto con la cabeza. Como Piñera seguía con la mano extendida, Bielsa le devolvió el saludo con un desgano que nada ni nadie pudo disimular. 

Quiroga, Pablo. Este argentino, que trabaja con Bielsa desde 2007, será uno de sus colaboradores más cercanos en esta etapa. Tiene una doble función fundamental para el trabajo que quiere el técnico: es preparador físico y videoanalista. 

Referente. Hay algo que nadie duda. A falta de una vitrina repleta de títulos, la cantidad de exjugadores y colegas que hablan maravillas de Bielsa es larguísima. Pep Guardiola (que sí tiene un palmarés repleto) lo ha alabado constantemente; Mauricio Pochettino (que como jugador fue un producto made in Bielsa) también. Su aura es tan grande que en Argentina se habla de “bielsismo”, como una tercera vía de conducción entre el “menottismo” y el “bilardismo” (con la salvedad de que estos últimos sí fueron campeones del mundo). Muy difícilmente se encuentre algún dirigido que hable mal de él; la excepción sería el delantero José Luis Calderón, en la selección argentina, con quien casi se agarra a piñas luego de la Copa América 1999 en Paraguay. 

Svensson, Anders. ¿Quién es? El mediocampista sueco cuyo gol de tiro libre, en el 1 a 1 ante Argentina, significó la temprana eliminación del equipo de Bielsa del Mundial de Corea-Japón 2002 en primera vuelta. Fue tomado como un fracaso y de los grandes. Argentina, que había clasificado al mundial al trotecito y mostraba un altísimo nivel, era el principal candidato. Como suele pasar, los detractores de Bielsa se cebaron y se siguen agarrando a esta derrota para darle para que tenga y guarde. El propio Bielsa, poco después, no tuvo problemas en reconocerlo: “Fui protagonista del peor fracaso de la historia de la selección”.

<em> Foto: Daniel García, AFP</em>

Foto: Daniel García, AFP

Triunfo y fracaso. Venerado por (casi todos) sus pares y (casi todos) sus exdirigidos, se ha identificado más de una vez con el fracaso que con el éxito. Es que en 33 años de carrera, a sus títulos en clubes (4) se le suman un Preolímpico y los Juegos Olímpicos 2004 con la selección argentina Sub-23, bastante poco para un entrenador considerado de elite. “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos”. “Cuando ganás, el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula tanto el amor hacia uno mismo y eso deforma tanto...”. “Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción”. “Las evaluaciones no deben hacerse en función de lo que se obtiene, sino en función de lo que se merece”. Para algunos, son verdades filosóficas que elevan y ayudan a entender el deporte en su real y mejor dimensión; para otros, no es más que humaredas provenientes de una figura totémica de la derrota. 

Universitario. La primera experiencia de Bielsa como técnico fue en el equipo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Era 1982 y tenía 27 años. Y ya empezaba a mostrar la hilacha: “En mi vida había visto un conito. Al principio no entendíamos nada. Nos hacía entrenar como si fuéramos profesionales. Nos mataba. ¡Hacíamos 600 abdominales por día!”, le contó a La Nación Miguel Calloni, volante derecho de ese equipo. “Éramos un equipo con vértigo, que buscábamos atacar. Y en el físico marcábamos una diferencia con equipos con los que éramos pares”. No hay casualidades: lo mismo pasaría después con sus equipos en el profesionalismo.

<em> UBA, 1982.</em>

UBA, 1982.

Vélez y el Chila. Luego de pasar por el Atlas y el América mexicanos, Bielsa dirigió a su segundo equipo argentino. Vélez era, entre 1997 y 1998, uno de los clubes más poderosos del país. Su estrella era el paraguayo José Luis Chilavert, tan buen arquero como duro de lengua. Y, de entrada, chocaron muy fuerte. Chilavert era el cacique y Bielsa un entrenador que no hacía distingos entre la estrella y los juveniles que recién arrancaban. Sin embargo, el vínculo terminó con Vélez campeón del Clausura 98, con Chilavert considerando a Bielsa uno de los mejores técnicos de su carrera y con Bielsa agradeciéndole a Chilavert la recomendación de conocer Nueva York.  

WC (water closed). No solo tiene un estadio y una calle a su nombre. La historia ya es conocida: estaba caminando por la rambla montevideana en 2015 cuando, al sentir el llamado de la naturaleza, pidió pasar a un baño en el primer edificio que encontró, que no era otro que el de Océano FM. Los conductores de Justicia Infinita, el programa que se estaba emitiendo en ese momento, le pidieron una nota, a la que se negó cortésmente. Desde entonces, esa habitación de esa emisora está bautizada como el entrenador. 

Xenofobia vencida. Según el periodista y sociólogo chileno Eduardo Santa Cruz, la xenofobia existe “a flor de piel” en la sociedad de su país. Y si se trata de un argentino, con quienes hay cuestiones territoriales no resueltas desde hace dos siglos, más todavía. Sin embargo, ya se ha dicho que Marcelo Bielsa se convirtió en algo así como un dios pagano al otro lado de la cordillera. “Siendo tan solo un entrenador de fútbol se volvió un referente cultural y de trabajo, a lo que agregó una preocupación por el país más allá de sus obligaciones contractuales”, dijo a su lado el historiador Sebastián Salinas, también periodista deportivo. Esto fue parte de una nota que publicó El Mercurio de Santiago en diciembre de 2010 para explicar el fenómeno Bielsa en ese país más allá del fútbol. 

YPF. “No corresponde ni que usted la haga (la pregunta) ni que yo la responda, pero celebro que mi país haya recuperado una fuente tan importante para su futuro”. Así respondió Bielsa en 2012, previo a un encuentro de su equipo, el Athletic de Bilbao, cuando se le consultó su opinión por la expropiación de la petrolera YPF por parte del gobierno argentino. El problema es que Petronor, sponsor del Bilbao, tenía el 86% de las acciones de Repsol, la española dueña de YPF. Mientras en Madrid fustigaron al argentino, los vascos lo alabaron. En España, además del Bilbao, Bielsa estuvo en el Espanyol de Barcelona.   

Zanetti y La Paz. Bielsa es un obsesivo de llevar a la cancha lo planificado, su idea, más allá de cualquier contingencia o avatar. El 25 de abril de 2001, por las eliminatorias mundialistas, en los 3.600 metros de altura de La Paz, Argentina lograba un tremendo empate 3-3, con dos goles en los 10 minutos finales, apelando a todas las fuerzas que el escaso oxígeno le permitía. Javier Zanetti, marcador lateral argentino, recuerda los contrastes en el vestuario visitante luego del heroico resultado: “Nos explotaba la cabeza, era infernal, no queríamos ni bañarnos y volvernos a Buenos Aires. Y Marcelo estaba caminando por todos lados del vestuario, todo agitado: ‘No hicimos nada de lo que practicamos’”, recordó a la cadena ESPN. El técnico no parecía apreciar el puntazo logrado en condiciones muy adversas, más a partir de temple que de un libreto aprendido. Más allá de decir algo tan alejado al credo bielsista, el notable jugador siempre tuvo palabras de elogio para su entrenador.