• Cotizaciones
    domingo 19 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    ¡Ah, qué tiempos!

    N° 2007 - 07 al 13 de Febrero de 2019

    Cuanto más uno se adentra en el pasado —con ayuda de documentación escasa, de versiones contradictorias y de una nutrida tradición oral que, aun poco confiable, sobrevive— surgen anécdotas cuasi insólitas de los orígenes de los tangos.

    Pero vale la pena contarlas porque ayudan a entender de qué modo, desde el aporte afrodescendiente ya tan lejano hasta el inicio del tango clásico con la Guardia Vieja, se edificó la música popular urbana que, a partir de una mezcla extraña de inmigrantes, gauchos y compadritos, y sus aportes, algunos todavía discutidos, nos dio identidad cultural.

    Ya todos saben que mientras en el Río de la Plata la lucha por imponer el tango, hacia fines del siglo XIX, hallaba escollos abundantes, fue la repercusión —campanada poco esperable que atravesó el océano— que los pioneros lograron en París la llave que abrió finalmente aquí, en su tierra de origen, la puerta de la aceptación general.

    ¿Quién se arriesga a nombrar a quien dio ese primer paso?

    Imposible. Hay que pluralizar.

    Entre quienes encabezaron la cruzada nadie discute que figuraron el sanducero Eusebio Gobbi­, el maragato Francisco Canaro y los porteños hermanos Pizarro y Osvaldo Fresedo, entre otros.

    Quiero recordar la peripecia de Juan Bautista Deambroggio, conocido como Bachicha, bandoneonista nacido en la Boca que viajó a París a inicios de la década de 1920. Allá se casó, tuvo hijos y murió, en 1963, aún activo y exitoso. Volvió pocas veces a su país, sin demasiado interés; todo lo importante estaba en Francia: su mujer, los hijos, que formó en la música y tocaron con él y el bohemio ambiente de Montparnasse, que lo cautivó.

    ¿Por qué Deambroggio pasó a la historia? ¿Por tangos que compuso en su segunda patria como Buena pinta, Renacimiento, Avellaneda, Quebracho, Oración y otros? ¿Por haber sido aplaudido por los más prestigiosos músicos franceses?

    No. Fue por haber registrado Bandoneón arrabalero, tango que venció al tiempo y cuya letra fue la última que compuso para Gardel el infortunado Pascual Contursi, meses antes de ser enviado a un hospicio de Buenos Aires, donde murió delirando a causa de una sífilis avanzada.

    Sin embargo, varios historiadores de prestigio, caso de José Gobello, han afirmado que Bachicha no fue el verdadero autor de ese tema. Y algunos han reproducido una situación que, en aquella época, era más común de lo que hoy puede suponerse.

    El guitarrista Horacio Pettorossi, que acompañó a Gardel y le compuso varios tangos ilustres, integraba la orquesta de Deambroggio. Cierta noche, en el cabaré La Coupule, habiendo concluido la actuación, invitó al director a escuchar un tango que había compuesto pocos días antes. Bachicha, sin entusiasmo, cansado por el trabajo y el alcohol, accedió.

    —¿Qué te pareció? —le consultó Pettorossi.

    —Eh… Muy inspirado. Te felicito —contestó Deambroggio mirando el reloj y bostezando.

    —Mil francos…

    —¿Qué cosa…?

    —Te lo vendo en mil francos. Esta noche o nunca…

    Bachicha, creyendo que sacaba de un apuro económico a su compañero, aceptó y Pettorossi le entregó la partitura, no registrada. Ya de pie, dispuesto a irse, le preguntó:

    —¿Tiene nombre?

    —Le puse Bandoneón arrabalero…

    —¿Y la letra…?

    —No… Pero pedile una a Pascual. Está mal, pero todavía compone…

    El tango fue registrado por Deambroggio y Contursi. Este “cambio de manos” sorpresivo, según confirmó Enrique Cadícamo en un reportaje de la década de 1940, habría ocurrido corriendo 1925.

    ¿Hay detrás de esta suerte de radioteatro del siglo pasado documentación a prueba de cualquier debate? No, más allá de que la historia parece creíble a partir de testimonios tan prestigiosos como los mencionados de Gobello y Cadícamo.

    Quizás algo más sugiera la dedicatoria que Juan Bautista Deambroggio incluyó en la portada de la primera edición de Bandoneón arrabalero: “Al celebrado compositor y mejor amigo Horacio Pettorossi, con afecto”.

    Hay versiones memorables de este tango.

    Son especialmente recordables la de Charlo con Canaro, Gardel con trío de guitarras, Libertad Lamarque, Ángel Vargas con Eduardo del Piano, Goyeneche con Troilo, Rivero con Salgán, Nelly Vázquez con Piazzolla y la italiana Milva, además de los instrumentales de Osvaldo Pugliese y Raúl Garello.

    Como un exotismo más de tamaña trayectoria, existe una versión acerca de un bandoneonista y cantor francés que hacía Bandoneón arrabalero en la calle.

    Una tarde, allí murió; se lo llevaron y la “oruga” que desvelaba a Troilo quedó abandonada a su suerte.