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    ¿Casualidad y causalidad?

    “La abundancia de información crea escasez de atención”. Herbert Simon, Premio Nobel de Economía, 1977.

    La pasada semana, dos noticias llamaron mi atención y fueron recibidas en forma casi simultánea.

    La primera noticia son los resultados de las pruebas Aristas (evaluación nacional de logros educativos) del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed).

    Se constató que el 80% de los alumnos de UTU de tercer grado no logran calcular promedios matemáticos. Ante la misma situación, en los liceos públicos el 66% no logra los resultados esperados, mientras que en liceos privados el treinta y uno por ciento tampoco los alcanzó.

    La otra información que captó mi atención fue un artículo de Natalie Wexler (*), traducido por Ana Milutinovic, fechado el 21 enero del 2020, cuyo título es: “El lado oscuro del uso de dispositivos tecnológicos en las aulas”, publicado por el MIT Technology Review en español.

    De dicha nota tomamos los puntos más relevantes:

    “Se reconoce que, aunque la mayoría de educadores en EE.UU. apoya el uso de la tecnología, varios estudios demuestran un impacto negativo en los resultados de los estudiantes. De hecho, las tabletas pueden disminuir su motivación o eliminar el aspecto colaborativo del aprendizaje. Y los alumnos con menos recursos son los más perjudicados”.

    La brecha que acentúan las tabletas

    Las escuelas de todo EE.UU. se han subido al tren de la tecnología educativa en los últimos años, con el apoyo de filántropos tecnófilos como Bill Gates y Mark Zuckerberg. Como las estrategias de reforma educativa más antiguas no han dado sus frutos, por ejemplo, en la elección de la escuela y los intentos de mejorar la calidad de los docentes, los educadores han depositado sus esperanzas en la idea de que el software pedagógico y los tutoriales y juegos online podrían ayudar a reducir la enorme brecha en la calificación de los exámenes entre los alumnos en la parte superior de la escala socioeconómica y los del nivel más bajo. El reciente informe Gallup descubrió que el 89% de los alumnos en Estados Unidos (del tercer al duodécimo grado) afirman que usan herramientas de aprendizaje digital en la escuela unos días a la semana.

    El informe Gallup también constató un entusiasmo casi universal por la tecnología por parte de los educadores. Entre los administradores y directores, el 96% apoya total o parcialmente “el mayor uso de herramientas de aprendizaje digital en su escuela”, con casi el mismo apoyo (85%) de los docentes. Pero no está claro que este fervor se base en las pruebas. Cuando se les preguntó si “había mucha información disponible sobre la eficacia” de las herramientas digitales que usaban, solo el 18 % de los administradores respondió que sí, junto con aproximadamente una cuarta parte de los profesores y directores. Otra cuarta parte de los profesores afirmó que tenían poca o ninguna información sobre ello.

    De hecho, las pruebas son ambiguas en el mejor de los casos. Algunos estudios han descubierto efectos positivos, al menos cuando se trata del uso moderado del ordenador, especialmente en matemáticas. Pero gran parte de los datos muestran un impacto negativo en varios niveles. Un estudio de millones de alumnos de secundaria en los 36 países miembros de la OCDE concluyó que aquellos que usaban ordenadores en gran medida en la escuela “tenían bastante peores resultados en la mayoría de los niveles de aprendizaje, incluso después de considerar su ámbito social y la demografía de los alumnos”. Según otros estudios, los estudiantes universitarios en EE.UU. que usaban ordenadores portátiles o dispositivos digitales en sus clases tenían peores resultados en los exámenes. Los alumnos de octavo grado que dieron Álgebra I on line tuvieron peores resultados que los que asistieron en persona a clases de esa asignatura. Los alumnos de cuarto grado que usaron tabletas en todas o casi todas sus clases tuvieron, de media, 14 puntos menos de lectura que aquellos que nunca las usaron, una diferencia equivalente a un nivel de grado completo. En algunos estados, la brecha fue significativamente mayor.

    Un informe de 2019 del Centro Nacional de Políticas Educativas de la Universidad de Colorado sobre el aprendizaje personalizado, un término poco definido que es en gran parte sinónimo de la tecnología educativa, mostró una condena contundente. Descubrió “suposiciones educativas cuestionables incorporadas en programas influyentes, intereses propios de la industria tecnológica, serias amenazas a la privacidad de los alumnos y falta de apoyo a la investigación”.

    A juzgar por las pruebas, los alumnos más vulnerables pueden ser los más perjudicados por una gran dosis de tecnología o, en el mejor de los casos, simplemente no los ayuda. El estudio de la OCDE determinó que “la tecnología es de poca ayuda para reducir la diferencia de las habilidades entre los alumnos aventajados y los desfavorecidos”. En EE.UU., la brecha en la puntuación de las pruebas entre los alumnos que usan tecnología con frecuencia y aquellos que no la usan es mayor en el caso de las familias de bajos ingresos.

    Los estudiantes universitarios que usaban ordenadores portátiles o dispositivos digitales en sus clases tenían peores resultados en los exámenes. Los alumnos de octavo grado que dieron Álgebra I on line tuvieron peores resultados que los que asistieron en persona a clases de esa asignatura.

    Aún más preocupante resulta el hecho de que existen pruebas de que los alumnos vulnerables pasan más tiempo con los dispositivos digitales que sus compañeros más privilegiados.

    El problema de la distracción

    ¿Por qué son estos dispositivos tan inútiles para el aprendizaje? Hay varias explicaciones. Cuando los estudiantes leen un texto en una pantalla, se ha demostrado que retienen menos información que cuando lo leen en papel. Otro obstáculo que se menciona con frecuencia es la distracción que provocan los dispositivos, ya sea porque un estudiante universitario revisa su Instagram o un alumno de primer grado dibuja líneas rosas brillantes con su dedo. Pero hay razones aun más profundas.

    Una es la motivación. Si un maestro le hubiera pedido a un niño que sumara 8 más 3, en lugar de que lo hiciera un iPad, hay una mayor probabilidad de que le hubiera interesado intentar hacerlo. “Es diferente aprender de una persona cuando existe una relación con ella”, afirmó el psicólogo cognitivo Daniel Willingham. “Eso provoca que nos preocupemos un poco más por su opinión y estemos algo más dispuestos a esforzarnos”.

    La tecnología es capaz de realizar un trabajo plausible cuando se trata de impartir información, no es tan buena para demostrar la “utilidad social” del conocimiento. “Para eso, es necesario obtener ese conocimiento en un contexto social con otros niños y con un profesor, e idealmente un profesor que sea un ejemplo de lo que queremos ser algún día”.

    Además de reducir la motivación, la tecnología puede eliminar del aula el aspecto comunitario del aprendizaje. La visión de algunos defensores de la tecnología en la educación consiste en que cada niño debe sentarse frente a una pantalla que ofrece lecciones adaptadas a su nivel de conocimiento e intereses individuales, a menudo sobre temas elegidos por los propios alumnos. Pero una parte vital de la educación es que diferentes niños intercambian sus ideas. Bajo la guía de su maestro, los alumnos de segundo grado, todos provenientes de familias de bajos ingresos e incluidos muchos que no hablaban inglés en casa, participaban a menudo en los debates sobre temas como si la “naturaleza ambiciosa” de Alejandro Magno era “una inspiración o un defecto”.

    Pero, tal y como los científicos cognitivos saben desde hace tiempo, el factor más importante en la comprensión de la lectura no es generalmente la habilidad aplicable, sino el nivel de conocimiento y el vocabulario que tiene el lector en relación con el tema. En un estudio realizado a finales de la década de 1980, los investigadores dividieron a los alumnos de séptimo y octavo grado en dos grupos, dependiendo de su puntuación en la prueba estandarizada de comprensión de lectura y de lo que sabían sobre béisbol. Luego les dieron a todos un texto sobre béisbol. Cuando los investigadores evaluaron la comprensión de los niños, descubrieron que aquellos que sabían mucho sobre béisbol la hacían bien, independientemente de su puntuación en la prueba de lectura, y los “lectores no tan buenos” que sabían mucho sobre béisbol obtuvieron resultados significativamente mejores que los “buenos lectores” que no sabían tanto sobre este deporte. Ese estudio, que se ha replicado en varios contextos, ofrece pruebas convincentes de que el conocimiento del tema es más importante para la comprensión que las “habilidades”.

    Eso significa que la forma de desarrollar la comprensión lectora es mediante un plan de estudios con el que los niños pasen al menos un par de semanas con un tema concreto para desarrollar el conocimiento y el vocabulario que lo acompaña. Eso resulta especialmente importante para los niños de familias menos educadas, donde es poco probable que adquieran mucho conocimiento sofisticado en su hogar, y pueden carecer de vocabulario básico como en el caso de la palabra “anterior”.

    “Los educadores y reformistas que buscan avanzar en la equidad educativa también deben considerar las crecientes pruebas de los defectos de la tecnología. Se ha prestado mucha atención a la denominada brecha digital, es decir, la relativa falta de acceso que los estadounidenses de bajos ingresos tienen a la tecnología y a Internet. Eso está justificado: los alumnos deben aprender a utilizar los ordenadores para acceder a la información on line y, en general, para moverse por el mundo moderno. Pero no hay que crear una brecha digital del tipo opuesto al externalizar la educación a dispositivos que pretenden desarrollar las habilidades, mientras que otros alumnos en barrios más ricos disfrutan de los beneficios de que les enseñen personas humanas.

    En consideración a las dudas que plantea la nota precedente con relación a la tecnología y la enseñanza/aprendizaje, se trae a colación a Nicholas Negroponte z), que es un informático estadounidense, más conocido como fundador y director del MIT Media Lab, un laboratorio de diseño y nuevos medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT y en el cual es profesor desde 1966. Es el impulsor del proyecto que pretende producir computadoras portátiles de bajo coste, para disminuir la brecha digital en los países menos desarrollados, proyecto que presentó en 2005 en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. De este modo, la fundación Una Portátil para Cada Niño” (OLPC por sus siglas en inglés), iniciada por Negroponte y otros miembros de la facultad del MIT Media Lab, pretende desarrollar el uso de la informática e Internet en países poco desarrollados.

    Uruguay fue el primer país de habla hispana en incorporarse en el programa One Laptop per Child de Negroponte en el año 2006. El programa se ha ido ampliando con los años, de modo que no solo se entregan computadoras a los niños de primaria, sino también a los estudiantes de Educación Secundaria y a los del Consejo de Formación en Educación.

    ¿Porque se recuerda lo de Negroponte?

    Como se vio, Negroponte pertenece al Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT, la misma Universidad que difunde este ensayo de Natalie Wexler (MIT Technology Review en español).

    Por tanto, estamos frente a una Universidad que lo que le interesa es la verdad, lo que ocurre en la realidad y evita los sesgos ideologizados que llevan a que en algunos casos la ciencia sirva y en otros casos se la deje de lado.

    (*) Natalie Wexler es la autora de The Knowledge Gap: The Hidden Cause of America’s Broken Education System—And How to Fix It.

    Rafael Rubio CI 1.267.677–8