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    ¿Diputado 50 o pista de aterrizaje?

    N° 1922 - 15 al 21 de Junio de 2017

    Gonzalo Mujica, el diputado electo por el Frente Amplio en las elecciones de 2014, provocó un terremoto político cuando decidió optar por su conciencia y por la fuerza de la razón, en lugar de desempeñar el triste papel de mano de yeso.

    El gobierno del presidente Tabaré Vázquez tiene una mayoría segura en el Senado pero en la Cámara de Diputados eso pendía de un hilo porque el dominio era mínimo: 50 en 99. Bastaba con que un solo legislador defeccionara para que la mayoría pasara a la oposición.

    Eso fue lo que ocurrió cuando Mujica, el diputado, resolvió liberarse de ataduras y pensar con cabeza propia. Y eso le permitió y le permitirá votar importantísimas comisiones investigadoras y adoptar decisiones legislativas:

    1) la investigadora que se proponía indagar presuntas irregularidades en los negocios de Uruguay con los gobiernos chavistas de Venezuela y las decenas de millones de dólares gastados por el Fondo para el Desarrollo (Fondes), aplicado con más infortunios que éxitos por su pariente lejano, el ex presidente José Mujica. (Esa investigadora no fue aprobada y, por eso, Gonzalo Mujica y otros legisladores presentaron una denuncia penal ante la Justicia);

    2) la que se propone aclarar el oscuro proyecto de la planta regasificadora, donde una empresa brasileña (OAS), cuyos propietarios están presos por coimeros, llegaron a Uruguay aparentemente amparados en la muñeca política del facilitador Luis Inácio Lula Da Silva, ex presidente de Brasil, ex estrella del jet set internacional y uno de los principales protagonistas de la gigantesca trama de corrupción que hoy sacude al gigante sudamericano;

    3) Gonzalo Mujica apoyará otra comisión investigadora porque conoce manejos extraños en la Junta Nacional de Salud (Junasa), encargada de administrar el cuantioso fondo respectivo (Fonasa);

    4) El voto 50 también será una barrera de contención para impedir que el Poder Ejecutivo continúe con su dispendiosa e irresponsable política de gastos y, por supuesto, evitar la sanción de nuevos impuestos en la próxima ley de Rendición de Cuentas.

    Gonzalo Mujica no es, pues, cualquier diputado. Es el diputado definidor, el que hace que la balanza se incline para uno u otro lado. Y, después de haber militado en el Partido Comunista, haber pasado por la tortura y haber permanecido preso desde 1981 hasta 1984 durante la dictadura militar, tiene toda la autoridad moral para —aunque por lo bajo se lo digan igual— esquivar los motes preferidos por la izquierda antidemocrática que coexiste dentro del Frente Amplio con la izquierda democrática. Se escuchan poco a nivel público, contra Gonzalo Mujica, las clásicas palabras “traidor”, “lacayo vendido al imperialismo”, “hombre funcional a la derecha y a la CIA” y todas las demás imbecilidades que suelen soltar los castristas y chavistas del partido de gobierno con el propósito de pasar del terreno de la argumentación y de la razón, al más sencillo y ponzoñoso arte del insulto y de la descalificación.

    Ahora bien: muchos creen que todos los servicios que Gonzalo Mujica ha prestado a las causas de la democracia y del combate a la corrupción desde que algunas cosas que hacían el gobierno y el Frente Amplio le empezaron a rechinar, se podrían ir por una alcantarilla si en setiembre, después de que se vote la ley de Rendición de Cuentas, abandona su banca. Él lo ha anunciado y es consciente de la trascendencia de su decisión puesto que todo volvería a las mayorías absolutas oficialistas en las dos cámaras del Parlamento.

    Pero hay dos razones que Mujica, el diputado, ha expuesto ante periodistas y allegados para optar por ese camino, a expensas de los múltiples ofrecimientos que ha recibido desde las alturas del poder para que dejara de incomodar desde su voto 50. Primero, que por más que la ley sostenga que la banca es del legislador y no de un sector, él no se siente bien manteniéndose allí después de haber sido electo en 2014 por la lista 609 (la de Mujica, el presidente). Y, segundo, porque después de que se vote la ley de Rendición de Cuentas, el país entrará de lleno en la batalla electoral con miras a 2019 y, por tanto, al gobierno de Tabaré Vázquez no le quedará espacio para hacer muchas cosas más (con excepción de la eventual llegada de la segunda planta de celulosa de UPM, que supondría una mega transformación magnífica para el Uruguay).

    Hace un par de semanas, conversando con periodistas de Búsqueda, el diputado Mujica dijo lo que sigue: “Mi voto en el 2019 no es un misterio. Afronto las mismas circunstancias que la mayoría de los uruguayos. La primera decisión es si queremos que el Frente Amplio siga gobernando o no, sea de centro, izquierda o derecha. Si tomamos la decisión de que no, en la primera vuelta tenemos cuatro opciones. Ya sabemos lo que va a pasar: nadie va a tener mayoría y va a haber segunda vuelta. Y sabemos quién va a estar: el candidato del Partido Nacional y el del Frente Amplio. Por lo tanto, los que no queremos que siga el Frente Amplio vamos a tener que votar al Partido Nacional. Yo todavía no decidí con quién voy en la primera vuelta. Ahora, tengo claro que en la segunda voy a votar el cambio. Por eso le pido al Partido Nacional que me explique qué va a hacer con el país, porque si termina gobernando va a ser con mi voto también. No quiero más continuismo frenteamplista, pero tampoco quiero volver a los 90”.

    Mujica, el diputado, ya está preparando su propio proyecto político para después de que deje su banca. Le ha puesto un nombre (“Iniciativa Programática”) y se propone trabajar desde ahí no para levantar muros de contención para los frentistas desencantados sino todo lo contrario: para construir puentes de salida.

    Es que el principal problema que tiene la oposición es que ve cómo baja la intención electoral del Frente Amplio en todas las encuestas de opinión pública, pero no consigue atraer a esos ciudadanos que dicen estar hartos de los frentistas en el gobierno. Solo engrosan las filas de los “no sabe/no contesta” y, al final, si no hay candidatos potables en la oposición, acaban votando por lo que creen menos malo dentro del Frente Amplio.

    Construir pistas de aterrizaje o puentes de salida para esos ciudadanos es lo que está en la cabeza de Gonzalo Mujica para cuando deje la banca. Algunos se preguntarán por qué no hace las dos cosas a la vez: mantiene a raya al Frente Amplio desde su banca y construye su proyecto político. Y es una pregunta pertinente. Pero él, por la razón que sea, lo ha resuelto de este modo.

    El tiempo dirá si hubiera sido mejor mantener el voto 50 hasta el fin del gobierno o construir pistas de aterrizaje desde afuera del Parlamento. Ambas cosas son importantes para la oposición y para el futuro de la democracia y de la República en Uruguay.