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“¿Es caro Uruguay? Claro, siendo argentino, que me encanta ir a Montevideo y a otros lugares, la tengo que sufrir…”. Aunque la charla por la plataforma Zoom fue convocada para debatir dos estudios relacionados con los precios de parte de la canasta básica y algunos típicamente de frontera, Pablo Sanguinetti, economista de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, derivó, como otros de los panelistas, hacia la cuestión productiva y su competitividad. Y hubo coincidencias en cuanto a que, más allá de la influencia de la evolución cambiaria, otros factores son determinantes y en ciertos casos lo están siendo con un efecto negativo.
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En ese foro virtual, organizado el jueves 10 por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), se presentaron los hallazgos de una investigación de CPA/Ferrere según la cual la poca competencia encarece un conjunto de alimentos y artículos de higiene personal y otra, hecha por el propio CED, que estimó el contrabando en al menos US$ 320 millones anuales (Búsqueda N° 2.126).
Después de comentar esos asuntos desde la perspectiva del “costo de vida”, José Antonio Licandro, profesor de política económica en la Universidad Católica y superintendente de Regulación del Banco Central (BCU), reflexionó acerca de si Uruguay “es caro para producir, por el lado de rentabilidad empresarial exportadora”.
Se lamentó porque, dijo, se repite de forma “casi permanente” la idea de que “Uruguay es caro porque acá el dólar está muy bajo”, cuando a su entender “no está ahí el problema”.
Refiriéndose a las conclusiones del estudio hecho por CPA/Ferrere, coincidió en que hay “problemas microeconómicos y básicamente de organización industrial (…). No tenemos problemas macro. Porque si fuera un problema macro hubieran encontrado las diferencias de precios en todos y cada uno de los precios, porque el tipo de cambio afecta a todos”. Y agregó, en cuanto al aspecto micro, que la ausencia de producción nacional “le quita competencia al mercado (…). O sea que tenemos problemas de organización industrial”.
Con ese enfoque relativo a la “economía industrial”, Licandro dirigió su análisis hacia la cuestión de si Uruguay es caro para producir. Enfatizó que el tipo de cambio real “no es sinónimo de competitividad”, aunque “desgraciadamente” en Uruguay es frecuente atribuir una “relación biunívoca, inseparable e ineludible” entre sus variaciones y la “evolución de la competitividad de la economía. Hay una larga teoría económica para esta cuestión (…). Como profesor de macroeconomía leo la prensa y a veces me pongo mal (cuando se dice): ‘No, ahora como bajó el tipo de cambio real somos más caros para vender nuestros productos en el exterior y por lo tanto no podemos competir’. ¡Pero somos una economía pequeña! Nosotros no vendemos nuestros productos a precios domésticos pasados a dólares en el mundo. Vendemos a precios internacionales. Cualquier precio de referencia de los productos del sector agropecuario, por ejemplo, no son los precios de acá, de abasto, son los de precios de los mercados de afuera. Para los lácteos los remates de Fonterra, para la carne y los cereales el mercado de Chicago, yo que sé. Decir que porque subió un poquito más el IPC acá que en nuestros socios comerciales ahora resulta que somos más caros para vender y no vendemos, realmente no es así”.
Y prosiguió: “El tipo de cambio real, en la definición adecuada para un país pequeño, es el precio relativo entre (bienes) transables y no transables. Y está demostrado en la teoría que no hay una relación biunívoca entre la evolución del tipo de cambio real y la rentabilidad de las empresas que exportan”. Citó como explicación el efecto conocido como Salter-Swan: “Si hay exceso de gasto doméstico, el tipo de cambio real se aprecia y las empresas pierden rentabilidad. Pero, si hay progreso técnico, también se aprecia, pero las empresas de exportación ganan rentabilidad. Entonces decir, como escuchamos tantas veces, que baja el tipo de cambio real y estamos peor, eso no es así”.
El BCU informa mensualmente una medición del tipo de cambio real efectivo y también Búsqueda, calculándolo con similar metodología. Para Licandro, otro indicador elaborado por ese organismo —de Excedente Bruto de Explotación Unitario de la Industria Exportadora (IEBU)—, relacionando el valor de exportación y el costo doméstico, es “mucho mejor para discutir aspectos macro”.
El IEBU se ubicó en marzo 2,8% por encima del nivel de un año atrás, mientras que en abril el tipo de cambio real estimado por el BCU subió 1,7% interanual (lo que indica una mejora de la competitividad de precios de Uruguay frente a un grupo de socios comerciales relevantes).
“Procesos de encarecimiento”
Para Gabriel Oddone, uno de los autores del estudio de CPA/Ferrere, en Uruguay operan “disfunciones” que “generan procesos de encarecimiento: escasa competencia, mucha regulación, mucha determinación de precios administrados, como son las famosas paramétricas. Hay un conjunto de mercados que siguen funcionando en la lógica de los años 80, en términos generales”, como el del transporte, los combustibles y su distribución o la salud, mencionó como ejemplos. Para ese economista, existen “enormes oportunidades para meterle mirada micro y mejorar la formación de precios, que al final deberían dar lugar a reformas que tuvieran impacto sobre los precios”. Es que, dijo, con la apertura económica de las décadas de 1970 y 1990 el país “logró aumentar mucho su competitividad y eficiencia en sus sectores transables, pero tiene un rezago importante” en aquellos que no tienen comercio internacional, como los servicios.