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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa serie “24: Live Another Day” y nuestra realidad. A propósito de la promoción que se está realizando de la serial “24: Live Another Day”, luego de ver varios capítulos de esta serie deseo compartir algunas reflexiones relacionadas con nuestra realidad.
No censuraré la forma arbitraria con que la cadena emisora emite los capítulos sin darle al espectador común información sobre su secuencia, ni la impune forma con que nos roban minutos que abonamos para que repitan avisos hasta el hartazgo. No cuestionaré los valores actorales (aunque reconozco que sus actuaciones califican cada escena), ni los premios y nominaciones que le otorgaron a la serial (todo forma parte de esa gran industria). Tampoco polemizaré sobre los partidos políticos norteamericanos; ni la ética o moral de sus integrantes y mucho menos sobre los métodos desarrollados por los gobiernos y sus instituciones tanto en lo interno como lo externo.
Muchos sabemos que casi todas las imaginaciones que forman parte de las expresiones artísticas del ser humano tienen una relación con la realidad: retratándola o deformándola para convertirla en una caricatura, una burla, una parodia, una ridiculización, una censura, etc.
Los “malos de la película” terapizaron nuestra intrínseca cuota de violencia desde el inicio del cine. Los indios, los asesinos del far west, los nazis, los nipones, los fascistas, los comunistas; los extraterrestres que invadían la Tierra hasta que un héroe lograba expulsarlos. La serial en cuestión reúne en una gran bolsa a los eslavos separatistas, los chinos y (faltaba más) a los musulmanes fundamentalistas.
Para el común de las personas como yo, el mensaje que deja la serial es que un selecto grupo liderado por Jack Bauer (interpretado por Kiefer Sutherland) puede liberar una y otra vez no solo a los que están vinculados a la política nacional e internacional norteamericana sino a toda una poderosa nación víctima del terrorismo; ratificando la mayor parte de las veces que el fin justifica los medios y que una minoría puede y debe ser sacrificada para salvar la mayoría.
Así como confinaron en las reservas a los indios y en campos de detención a los alemanes y japoneses, en la serial repiten la receta con los musulmanes.
Lo que la serial destila, una y otra vez, es la impunidad con que el muchacho de la película, un agente federal, usa y abusa no solo de la fuerza bruta sino de los métodos más inhumanos y carentes de toda justificación ética y moral para obtener un dato que es la punta de la madeja. ¡Claro… él está urgido por las perentorias explosiones de bombas atómicas o con gases letales! Este psico-sociópata (calificado por los propios integrantes del gobierno y los medios) recurre a una muletilla: “no tengo absolutamente nada que perder” que emerge como omnipotente excusa para sus desmanes.
Vemos morir, matar y asesinar a cantidades industriales de figuras secundarias (agentes de campo, policías y militares de elite, líderes mafiosos y sus secuaces); de “hackers” (tera-modernos piratas cibernéticos, magos en decodificar encriptaciones, escuchar conversaciones privadas, alterar circuitos y un sinfín de recursos dignos del tataranieto de Isaac Asimov). Ante tanta masacre digital de buenos que se sacrificaron durante mucho tiempo, lo primero que uno piensa es: ¡qué injustos son en USA con la Unidad (CTU o Counter Terrorist Unit). ¡Tantos años dedicados a servir a la nación y luego por un microsegundo de error los torturan sin el debido proceso, la mínima lástima ni reconocimiento! Lo segundo es que la productora tiene una enorme cartera de actores a quienes quiere darles una mano, matándolos para que entre otro. Pido disculpas por el tono burlón, pero es lo que siento.
Una y otra vez nos muestran:
* Grupos de poder manifestando tensiones encontradas para quedarse abyectamente con el sillón presidencial. Algunas veces las excusas de estos trepadores son que actúan para salvar el país pues ellos son más patriotas que los que votaron a ese gobierno. Otras que el interés ulterior no es sentarse en la sala oval de la Casa Blanca sino lograr recursos energéticos de combustibles o letales.
* Vengadores de países invadidos por los marines que solo quieren infligir más muertes de las que sufrieron.
* Delincuentes y asesinos que reclaman ampararse en la ley sabedores de que así como hay dos bibliotecas, pueden delinquir siempre y cuando recurran a los mejores abogados que el dinero y el poder pueden pagar.
Pero la constante que se repite es que Jack Bauer es un 007 pero sin la elegancia del agente inglés.
Admito que alguien me diga que ya hace décadas que vemos películas cargadas de todo tipo de violencia.
No entraré en el simplismo de alarmarme por la feroz crueldad y los abominables exabruptos desatados en cada escena, en cuestionar las inexactitudes y falacias respecto a la tecnología cibernética, ni en la enconada interrelación entre las instituciones gubernamentales noteamericanas.
Pero lo que no deberían mostrarnos descarada e impunemente es que el delito, aunque sea político, tiene justificaciones independientes de la legalidad y de los derechos constituidos.
Nuestro Ministerio de Cultura debería revisar lo que vemos a cualquier hora del día. He visto sexo explícito en horario restringido. He visto clases magistrales de cómo delinquir. He visto cómo se admite que la basura televisiva de allende el río Uruguay estupidiza y abarata nuestra cultura nacional, convirtiéndola en una subcultura reprobable que atenta contra nuestra identidad nacional. Sus consecuencias son peores que una invasión armada, que una catástrofe natural y nadie de este gobierno tan culto y progresista mueve un dedo, aunque sea el meñique.
La Embajada norteamericana debería revisar lo que es nocivo y pernicioso que salga de ese país pues en vez de rendir pleitesía a los principios señeros de esa nación, alimenta la ya negativa opinión que el vulgo tiene de ella.
Hasta aquí, una interpretación negativa y pesimista de la serial.
Pero, ¿y si el fin que justifica los medios usados, en vez de un fin en sí mismo, fuera un método aplicable con otro sentido?
Sabemos que la frase “el fin justifica los medios”, atribuida a Maquiavelo, a Napoleón o al teólogo jesuita Herman Busenbaum (que afirmaba que “cuando el fin es lícito, también lo son los medios”) ha sido desacreditada por muchos intelectuales internacionales cuestionando los aspectos moralmente negativos de esta concepción.
¿Y si recuperamos esta custionada frase y concordamos que el fin justifica usar medios éticamente inobjetables?
Nuestros actuales grandes problemas en materia de seguridad demandan grandes soluciones.
Muchas de las actuales leyes penales fueron hechas en épocas distintas a las actuales.
A la vista de los actuales acontecimientos nacionales y en particular capitalinos, ¿estamos usando la metodología y las soluciones adecuadas? ¿Podemos o debemos admitir que, en aras del bien común de una mayoría sustancial, recurramos a soluciones excepcionales habida cuenta que el excesivo celo por la legalidad dilata la justa e imperiosamente urgente acción?
La serial muestra un héroe con unas características especiales. Reconoce que sus transgresiones están basadas en consideraciones no objetivas sino sentimentales, que utiliza una metología y recursos extremos, adecuados al potencial nivel de peligro al cual se enfrenta. Él es un héroe acorde al espacio-tiempo que vive y que no abundan en el espacio-tiempo que vivimos nosotros, tan materialista y carente de valores y principios.
Entiéndase que en vez de criticar la serial lo que intento es extractar de ella un mensaje positivo y pragmático.
Arq. Ignacio David Weisz
CI 612.364-2