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    “El podólogo del presidente”

    Sr. Director:

    En un artículo titulado “El podólogo del presidente”, que versa, entre otros temas, de la foto del Sr. Mujica en chancletas durante la asunción de un ministro, el periodista Claudio Paolillo sostiene lo siguiente: “Ni la presentación en sociedad de sus desprolijas extremidades inferiores ni su rechazo por las formalidades del poder son imposturas. Nunca lo fueron. Ni cuando iba en motoneta al Palacio Legislativo, ni cuando habla en lenguaje barriobajero durante eventos oficiales, ni cuando es filmado cargando tapas de inodoros, ni cuando usa zapatos rotos en ‘cumbres’ internacionales, el presidente ha fingido para valerse de una imagen que, al menos en el corto plazo, lo ha favorecido, sobre todo en el exterior. Él es auténticamente así. De verdad no le importa el ‘qué dirán’ ni que los soldados le hagan la venia cuando, por protocolo, es forzado a pasar revista a las tropas”.

    Discrepo con algunas afirmaciones de Paolillo. Hay personas que conocieron a Mujica de joven, cuando era secretario de Erro, y lo recuerdan de traje y corbata. Por tanto, no siempre fue así, como es hoy. Es posible que la cárcel lo haya cambiado. Pero en mi opinión, cuando tuvo la oportunidad de participar activamente en política, creó un personaje muy marketinero, apodado “el Pepe”. Le dio vida en tantas ocasiones que al final el personaje se terminó tragando al actor. José Mujica Cordano terminó mimetizado con el “Pepe”. Pero José Mujica Cordano sigue existiendo. Y es más avispado de lo que aparenta.

    Dice Paolillo que a Mujica no le importa el qué dirán. Pues yo creo que sí le importa. Y mucho. Este hecho ocurrió en medio de la peor crisis que este gobierno ha enfrentado, a raíz del “caso Pluna”. Mujica, ni corto ni perezoso, sabía que era necesario levantar una cortina de humo para desviar la atención de ese asunto. Se puso unas chancletas, se arremangó los pantalones debajo de la mesa para que sus pies quedaran bien visibles a la prensa y logró su objetivo. Hay que reconocer que es vivo y que va perfeccionando su estrategia. Ahora ni siquiera propone leyes transgresoras —como la de la marihuana— para desviar la atención del “caso Pluna”. No. Ahora, simplemente, busca desviar la atención haciendo el ridículo. Quizá no le importe el “qué dirán” sobre la forma en que se viste; pero le importa el “qué dirán” sobre su forma de gobernar el país. Por eso se enoja y maltrata a los colegas del Sr. Paolillo cuando meten el dedo en la llaga.

    Lo que nadie puede negar es que, desde que a Mujica le sacaron la famosa foto durante la asunción del ministro Bergara hasta hoy, hay más gente por la calle hablando de las uñas del presidente que del caso Pluna, que es lo que realmente importa.

    Sí acierta Paolillo al afirmar que a Mujica no le importa que los soldados le hagan la venia cuando es forzado a pasar revista. Su desprecio por las instituciones de este país es auténtico, proverbial.

    También comparto los dichos de Paolillo en la parte central de su artículo, cuando denuncia la falta de conciencia del “Pepe”, en cuanto al lugar que ocupa en nuestra sociedad. Lo que ocurre —a mi modo de ver— es que convivir con un personaje creado por uno mismo, veinticuatro horas al día, es muy difícil. A veces actúa uno, a veces actúa el otro. Y al final, el lema “como te digo una cosa, te digo la otra” termina pareciendo, más que un dicho gracioso de un filósofo de boliche, la patética manifestación de una esquizofrenia no asumida.

    Álvaro Fernández Texeira-Nunes

    CI 1.772.474-4