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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHabía un spot publicitario, de Bosch & Cía., buenísimo, con un fulano que vuelve del aeropuerto a su casa, a buscar el pasaporte que se olvidó y encuentra a un tipo bañándose en la ducha de la suite principal. Shockeado solo atina a decir: “¡Es muy raro!”.
Buenísimo spot publicitario que me vino a la memoria a raíz del tema de la reforma de la Seguridad Social, que está empezando (con dificultad) a ocupar un lugar cuasi central de la atención pública. Porque todo lo vinculado a ella —hasta ahora— es muy raro.
Para empezar, se supone que la estructura y el funcionamiento de la seguridad social en el Uruguay son realidades a la vez gravitantes y explosivas para nuestra sociedad. Al menos, no he escuchado a nadie decir que sea un diletantismo y que nuestro gobierno está perdiendo su tiempo (y el nuestro). Como que todo el mundo intuye que ese asunto tiene que cambiar.
Chiche. Pero si es así, por qué al mismo tiempo parece haber igual consenso de que quien promociona el tema la va a quedar. Sería, a la vez, imprescindible y venenoso. Muy raro.
Rara es también la previa en la que el asunto viene discurriendo desde hace casi tres años. Primero se crea una comisión al mejor estilo uruguayo, con todo el mundo a bordo y arranca una película por entregas, con esbozos, luego bases, luego temas, luego... todo manejado muy seriamente por Rodolfo Saldain, pero que, uno debe suponer, responde a un guion pensado y armado previamente, apuntando al obvio objetivo de poder decantar ese codiciado elixir uruguayo: el consenso. Pero me parece que, transcurridos tres años, la homeopatía político-cultural uruguaya no ha mostrado efectos. Los que tenían claro el problema, siguen ahí, los que tenían claro las connotaciones políticas, siguen allá y el resto, quietitos. La gimnasia no parece haber producido resultados por más que se trate de un asunto clave: Muy raro.
Ahora arrancó otra etapa. Como que parecería que el gobierno va a poner el tema en las faldas de los actores políticos (que incluye al Piceneté), exigiéndoles un pronunciamiento. Pero la forma en que eso se ha ido dando, no parece producir otra cosa que “foto opportunities”, como dicen los gringos. Son como visitas de cortesía, en las cuales no se transmite la gravedad y urgencia del tema, siendo manejadas por los interlocutores con las herramientas más elementales de política menor: discurso plagado de lugares comunes y comentarios sobre aspectos secundarios que, seguramente, no son abordados en una ley de fondo: Muy raro.
Con lo cual, no hay cómo evitar preguntarse: ¿qué está pasando? Los partidos políticos, los sindicatos y aun la sociedad toda: ¿qué están pensando? ¿Que este tema con todas las características de una bomba de tiempo, que claramente despatarrará la vida de nuestra sociedad, va a desaparecer si cumplimos con los pequeños rituales de nuestra convivencia política?
Es muy raro que el Frente Amplio no entienda que, si piensa llegar al gobierno en tres años, lo mejor que le puede pasar es que este tema haya sido resuelto antes. Hacer demagogia hoy es pegarse un tiro en un pie para mañana.
Es muy raro que los jubilados —y las asociaciones que los agrupan (y manijean)— no capten que serán los primeros beneficiaros de una reforma gracias a la cual sus jubilaciones no estarán amenazadas (como ocurre hoy).
Apenas menos raro es que los sindicalistas no hayan captado la tensión que existe entre el costo de la seguridad social y el empleo, o que ellos y muchos otros no entiendan que a mayor gasto público (y el de la seguridad social es el más abultado), menos plata queda para invertir y, con ello, menos posibilidades de crecer.
Todo muy raro. Pero también muy triste: el tiempo pasa, entre fintas, escarceos y discursetes.... y el precipicio se acerca cada vez más.
Ignacio De Posadas