Daniel Sullivan dice tener razones para ser optimista sobre el camino por el que transita la economía de Estados Unidos (EEUU). Como director de investigación y vicepresidente ejecutivo de la Reserva Federal de Chicago, accede a encuestas que apuntan a un consumidor con “más dinero en su bolsillo”. Pero eso, aclara, no será suficiente para devolver a la principal economía mundial a los niveles de crecimiento previos a 2008, cuando varios bancos y aseguradoras colapsaron frente al masivo impago de hipotecas asociadas a títulos bursátiles.
“Probablemente se estén volviendo más realistas, pero fueron muy pesimistas por mucho tiempo”, comentó.
Para Sullivan, “hay razones para creer que las tasas de interés mundiales van a seguir siendo más bajas de lo que solían” ser antes de la última crisis económica global.
Como miembro del Centro de Interdependencia Global —una organización sin fines de lucro con sede en Filadelfia—, el economista participó el miércoles 11 en una conferencia en la Bolsa de Valores de Montevideo. A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.
—EEUU creó en abril 161.000 empleos privados. ¿Cómo lo evalúa?
—En los últimos seis meses la creación de puestos privados supera los 200.000 mensuales. Eso es muy bueno y no es claro que el número de abril represente una baja. A medida que nos acercamos al potencial de empleo lo único que necesitamos es absorber a la gente que está entrando al mercado. Y eso significa unos 80.000 puestos mensuales.
—¿Es el 5% actual el umbral de desempleo natural?
—Mi visión es que es menor, quizás 4,8%. Hay algunos cambios demográficos que han hecho descender la tasa y que continuarán haciéndolo. Nos estamos haciendo más viejos y tenemos menos adolescentes empleados. Con más trabajadores mayores, desciende el desempleo natural. Tenemos más capacitación y, aunque sería bueno tener mejores índices de educación, las personas con títulos universitarios tienen menos desempleo.
Aunque estamos muy cerca del empleo potencial, hay factores que sugieren debilidades. Hay mucha gente que quisiera trabajar 40 horas a la semana y solo consiguen 30. La participación en el mercado laboral, midiendo quiénes buscan trabajo y quiénes lo tienen, está por debajo de lo que debiera. Y ha bajado mucho, incluso más de lo que hubiéramos esperado.
—¿Es posible modificar esa subutilización?
—Son niveles que se mantendrán al menos por la próxima década, bajando tres puntos porcentuales cada año. Para lograr que la inflación suba, probablemente necesitemos tener un desempleo por debajo de 4,8%, al menos en el corto plazo. Así la tendencia de crecimiento de largo plazo del Producto Bruto Interno (PBI) que podemos mantener es menor de lo que solía ser en la década de los 90. En ese tiempo la población crecía más que ahora y se esperaba una suba en la población activa de 1,5% cada año. Hoy ese número es más bajo y es una gran diferencia. Creo que la tendencia de crecimiento del PBI está más cerca de 2%.
—El dato de empleo llevó a reacciones adversas en la Bolsa de Nueva York. ¿Qué impacto tiene en la Fed el comportamiento del mercado?
—No creo que esas reacciones tengan un gran impacto en mi pensamiento. A veces a los inversores les cuesta tiempo descifrar qué es lo que están interpretando. Miran el titular y tienen que ver los detalles. Sabemos que cuando cambiamos las tasas (de interés de referencia) hay efectos en el mercado de capitales, que es un canal a través del cual podríamos restringir la política monetaria. Precios más bajos de las acciones llevan a un menor consumo y a un costo de capital para las empresas que las hace querer invertir menos. Es parte del juego.
—¿EEUU puede resistir dos subas de tasas este año, como anticiparon la mayoría de los miembros del comité de política monetaria de la Fed?
—No hay un compromiso tomado y no comentaré sobre qué hará el comité. Pero creo que hay razones para ser optimistas sobre la economía de EEUU. Hay una larga racha de subas en el empleo que ha puesto dinero en los bolsillos de los hogares, manteniendo el consumo. No se está creciendo descomunalmente rápido pero hay fortalezas, por ejemplo en la venta de automóviles. Ayudaron los bajos precios de la energía, que ponen dinero extra en los bolsillos del consumidor. Si bien están ahorrando la mayor parte, están realizando algún gasto adicional. Eso debería apoyar al crecimiento. Hay un mayor optimismo. Los resultados de encuestas de expectativas de ingresos futuros habían colapsado tras la recesión. Incluso luego de que el PBI comenzara a mejorar había mucho pesimismo. Pero en el último año o dos los datos han mejorado. El consumidor se ve en un camino más sólido, con algo de dinero, trabajo, precios de la energía bajos, algo de confianza y cree que las cosas mejorarán. Es cierto que son expectativas un poco por debajo de lo que eran antes de la crisis. Probablemente se estén volviendo más realistas, pero fueron muy pesimistas por mucho tiempo.
—¿Y el mercado inmobiliario?
—Está recuperándose muy lentamente, desde lo más profundo de la crisis. Allí potencialmente haya un motor de crecimiento en el futuro.
La otra gran debilidad ha sido la industria manufacturera y su posibilidad de dar dividendos. El dólar más fuerte se lo ha puesto difícil. Tenemos una industria petrolera en auge, que se ha visto golpeada por el bajo nivel de los precios internacionales. Pero tenemos esperanza de que todo vuelva a encaminarse, eventualmente. Diría que soy realista y que el optimismo ha tendido a la baja: no espero un PBI muy fuerte, pero luego de un mal primer trimestre lograremos un crecimiento entre 2% este año y otro 2,5% en 2017.
—¿Se está, como dicen algunos economistas, ante una “nueva normalidad” de tasas de interés bajas en el mundo?
—Hay razones para creer que van a seguir siendo más bajas de lo que solían, pero no estoy seguro que sigan cercanas al 0%.
Una consecuencia de tener una menor participación en el mercado laboral es tener tasas de interés más bajas. Eso probablemente continúe. De una forma menos rotunda pero con bastante evidencia, podemos decir que la productividad ha bajado. Probablemente sea un fenómeno previo a la recesión, pero lleva a un crecimiento potencial más bajo. Y tasas de interés más bajas.
—¿Cómo ve la situación de equidad de ingresos en EEUU?
—Tengo un grupo que me reporta sobre el comportamiento de los hogares de salarios más bajos. Ciertamente la inequidad ha estado en aumento por mucho tiempo. Es un fenómeno interesante pero no es uno en el que la Fed tenga mucho poder. Aunque tiene implicancias, porque los sectores de mayores ingresos tienen una menor propensión al consumo.
—¿La apreciación del dólar frente al euro puede arrastrar a EEUU a una nueva recesión?
—No creo que lo haga por sí solo, pero es el tipo de cosas que es importante en nuestro pronóstico. Hay un viento de frente para EEUU, tanto en crecimiento productivo como en inflación. Europa ha tenido un camino largo y difícil. Los últimos números han mejorado y eso podría ser reconfortante. Diría que en los últimos tres o cuatro años lo que ha sucedido con el dólar ha sido más relevante en nuestros pronósticos de lo que solía ser. Hoy es una restricción de las condiciones financieras. Hay analistas que han intentado cuantificar si la suba del dólar en 20% equipara a los movimientos contractivos de la Fed.
—¿Cómo espera que se comporte la inflación?
—Creemos que volverá a 2% anual en los próximos tres años, aunque en la Fed de Chicago pensamos que tomará más tiempo de lo que creen la mayor parte de los analistas. Parcialmente porque se han hecho predicciones de que volvería a 2% en dos años, desde hace cinco años. Eso debería darte algo de humildad en tu habilidad para predecir la tendencia. Y además sugiere que hay fuerzas a nivel mundial que lo están haciendo más difícil. Todo el mundo desarrollado tiene una inflación por debajo de sus objetivos. La transición económica de China, pasando de un crecimiento del 8% al 6%, tendrá algunos baches. Es bastante razonable esperar tiempos turbulentos y es probable que los precios de los commodities se mantengan débiles. Para EEUU eso también hace difícil que la inflación vuelva a donde debería.