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    “La batalla cultural en la empresa” (I)

    Sr. Director:

    En su columna de Búsqueda del 29 de abril pasado, Guillermo Siccardi expone la relación de empresas y sindicatos, donde estos últimos han impuesto sus demandas sobre la base de “hacerle creer a las masas que el empresario es el explotador y el obrero la víctima”, titulando su columna “La batalla cultural en la empresa”. Hay allí muchos conceptos que compartimos con pesar, en tanto constituyen en parte una lectura cruda y triste de la realidad, que nos comprometen a actuar, y hay otros que no se ajustan enteramente a los hechos o caen en generalizaciones, repitiendo algunas máximas como dogmas indiscutibles.

    Lo que sí resulta removedor y preocupante para la vida de la comunidad, y para su futuro, es continuar con esa lógica confrontativa que conduce a la baja consideración y estima que el común de la gente pareciera tener por los empresarios como consecuencia de esa batalla cultural en la empresa. Más allá de que algún empresario haya ayudado a ganarse su etiqueta, es de una enorme injusticia hacer caer en generalizaciones descalificantes. Esto último es algo que vale preservar en ambos sentidos de la relación laboral. Que dirigentes del PIT-CNT hayan acudido y mantengan su estrategia de lucha de clases donde la contraparte es “el rival a vencer”, termina llevando a naturalizar todo tipo de adjetivaciones, y a veces excesos como lo vimos recientemente en el triste episodio de Friopan. Estos extremos pesan como un ancla que lejos de estimular el emprendedurismo, pone frenos a las posibilidades de desarrollo del país.

    ¿Cómo podemos desarrollar una sociedad más justa, con oportunidades para todos, en un país donde los que deben arriesgar su patrimonio y mover los motores de la economía puedan ser objeto de una campaña de desprestigio?

    Esa misma mañana en que la nota aparecía en Búsqueda, me tocaba participar como panelista en un evento de ACDE, titulado “Estrategias de empresarios para acelerar los motores de la economía”. La convocatoria, desafiante en su título, me llevó a expresar algunas ideas desde la óptica de trabajar la competitividad endógena, es decir “buscar hacia adentro” y ver que está a nuestro alcance hacer, más allá de ese entorno que no depende de nosotros y no podemos cambiar. En ese ejercicio interior de “hacer los deberes”, lo que que busqué fue el camino de convocar a los colegas a “pensar fuera de la caja”, a innovar, a introducir cambios, a apurar la transformación digital. Los convoqué también a conocer y usar las herramientas disponibles que tenemos tanto desde la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) como desde el sector público para apalancar sus desarrollos. Pero lo que entendí mucho más importante transmitir a los colegas es que debemos encarar y asumir un rol de liderazgo social, que el empresario debe tener siempre y mucho más en estas horas de temor e incertidumbre. En dicha exposición, insistí en la importancia y el valor de los liderazgos en la comunidad, y lo ejemplificaba en cómo los niños reaccionan mirando a su madre o a su padre cuando perciben que algo anda mal, o cómo los uruguayos miramos al presidente y su temple aquel 13 de marzo de 2020 cuando el jefe de Estado salía a decirnos lo que nos podría ocurrir en medio del virus que se instalaba.

    Lo hice convencido del deber de asumir ese rol, no solo porque nos compete, sino también porque esas acciones de responsabilidad van en línea con la vida de nuestras empresas, de todas, y particularmente de las industriales, ya que en estas, más allá del agregado de valor económico, se suma ese sentido de integración y pertenencia a una comunidad que crea productos o es parte de encadenamientos productivos. Las industrias son espacios de convivencia de trabajadores con diferentes grados de calificación, desde peones a doctorados, que se desarrollan en ámbitos de orden, seguridad, salubridad, capacitación, innovación y progreso, todo lo que derrama valores al entramado social de la comunidad. Muestras tangibles de cómo nos “armamos” para esa batalla cultural que menciona Siccardi como un debe.

    Cuando terminó el evento, alguien me comentó la columna de Búsqueda, y dije: “Bueno, en algo estamos de acuerdo y es en poner sobre la mesa la necesidad de apuntalar los liderazgos que defiendan la iniciativa privada como pilar del desarrollo del país”.

    Volviendo a la nota, aunque el asunto es menor comparado con lo expresado arriba, el autor erra al centrar la derrota empresarial en la inacción de sus gremiales versus el mérito del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, que lo presenta como pionero en la formación de sus cuadros, desconociendo los esfuerzos que realizamos desde la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU).

    Sin entrar en esta competencia, cabe decir que la CIU ofrece formación en Seguridad y Salud Ocupacional a sus asociados, a través de la plataforma de la Fundación Iberoamericana (FISO) desde el año 2005. Además, desde el año 2018 realizamos el curso Empresas Seguras conjuntamente con la OIT. En relación con el comentario de que “no verán nada similar a lo del Cuesta Duarte”, es bueno aclarar que nuestro Instituto de Formación (creado en 1997), ofrece cinco tecnicaturas, las cuales se desarrollan a lo largo de cada año lectivo. A modo de ejemplo, ofrecemos una en Gestión de la Seguridad y la Salud Ocupacional y otra en Gestión de las Relaciones Laborales.

    Además de las mencionadas, también ofrecemos estas otras tecnicaturas dirigidas a fortalecer las capacidades, como Gestión para Supervisores, Logística o Comercio Exterior.

    También vale resaltar que la CIU llevó a cabo en los últimos años dos ediciones de su Programa de Formación para Dirigentes de Organizaciones Empresariales, con el objetivo de preparar futuros líderes tanto a nivel de las gremiales como en el Consejo Directivo.

    Siccardi en su columna dice que “las cámaras quizá no lo comunican adecuadamente, o no despiertan la atención, el interés, ni el deseo de ser parte de la construcción de los nuevos tiempos y menos aún llaman a la acción, sea para difundirlo entre colegas, empleados de sus empresas, notas de amigos o prensa”.

    Quizá tenga razón, y estos esfuerzos no alcancen. Es que, en medio de la batalla desigual, donde algunos tienen tiempo para apelar al desprestigio, la industria uruguaya continuó su tortuoso camino, no obstante la pérdida alarmante de la competitividad. Han sido tiempos donde perdimos producción mientras los salarios igual seguían creciendo, y al ritmo de la globalización vimos casi desaparecer industrias, principalmente intensivas en mano de obra. Fueron tiempos donde los costos locales de las tarifas públicas (energía y combustibles) estuvieron al servicio del gasto del Estado, cada vez mayor y en muchos casos ineficiente. Como corolario perdíamos pie en los mercados internos y externos, y se resolvía la suerte de muchas empresas y sus trabajadores. Fueron muchos los que perdimos en esa batalla, unos 29.000 puestos de trabajo perdió la industria desde 2013 hasta ahora.

    Lo bueno es que aún nos queda la resiliencia y el espíritu emprendedor para defender el tejido industrial que permanece, y que emplea todavía a 164.000 compatriotas.

    Esperamos que el tiempo de “los rivales”, de la “confrontación”, de las “batallas” y de la “lucha de clases” dé espacio a la cooperación, armonía y a la madurez en las relaciones laborales. Y recuperando la competitividad perdida, sea posible agregar valor a la producción nacional y por tanto más empleo para los compatriotas.

    La batalla cultura, es mas amplia, es por las empresas, por el trabajo y por el país

    Alfredo Antía Behrens

    Presidente CIU