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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe dirijo a usted con motivo de la columna del número anterior de Búsqueda, “La desventaja de parir”, de Claudio Paolillo. Como feminista, no puedo menos que expresar mi acuerdo con todos sus términos.
¿Por qué no está previsto en los reglamentos de becas que puedan ocurrir estas circunstancias? Lisa y llanamente porque las reglamentaciones se hacen desde una visión patriarcal de la sociedad. Como consecuencia práctica se amplía la brecha entre mujeres y varones en la investigación académica.
Egresan muchas más mujeres que varones de la universidad desde hace varios años. Sin embargo, los mejores cargos siguen siendo masculinos, como muy bien señaló la respetada colega Karina Batthyany en el CDC. Tampoco, por supuesto, se plantea hacer un cambio en las reglamentaciones. ¡Dios nos libre del cambio!
En su columna, Paolillo, como corresponde a un periodista, aporta estadísticas nacionales que demuestran claramente la inequidad entre varones y mujeres en Uruguay. La más terrible, según la CEPAL, es que proporcionalmente somos el país de Latinoamérica con mayor cantidad de asesinatos de mujeres por violencia doméstica.
A muchas personas les resulta difícil relacionar el menor salario de las mujeres a igual trabajo o las horas dedicadas al trabajo no remunerado, mucho mayores que los varones, con la violencia doméstica.
La inequidad entre los géneros es un problema estructural que proviene de una cultura machista, que considera en el fondo “naturales” las actuales relaciones entre varones y mujeres. Comienza desde el momento en que al varón le regalamos una pelota y a la nena una muñeca, continúa con las “trampas” a la ley de cuotas política y culmina en la violencia: “la maté porque era mía”. Sin embargo, muchos y muchas siguen pensando que es un problema privado.
No soy clarividente, pero me imagino que la columna de Paolillo en Búsqueda molestará mucho. Le doy entonces la más cálida bienvenida al grupo de las personas criticadas por defender los derechos humanos de las mujeres. Es decir, de la mitad del mundo.
Dra. Teresa Herrera Sormano