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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA propósito del episodio ocurrido en la Universidad de la República, comentado por Claudio Paolillo en su columna “La desventaja de parir” (Búsqueda Nº 1.850), constato que día a día, en un país que posa de aperturista y progresista en su legislación, se toman resoluciones en espacios de decisión donde queda demostrado cuán arraigada está la impronta patriarcal en determinados círculos de la sociedad en el momento de decidir situaciones como las que se plantean.
Uno se pregunta si, justamente en el ambiente universitario, donde se supone debe acompañarse el desarrollo de la sociedad y estar a la vanguardia del pensamiento despojado de cualquier prejuicio y donde los futuros profesionales deben formarse en el marco de los derechos de los ciudadanos y ciudadanas, se toman decisiones como éstas, qué puede acontecer en otros ámbitos.
Y bien, obviamente no nos sorprende que, en el transcurso de la discusión, las mujeres presentes alzaran sus voces contrarias a la decisión que finalmente se adoptó. La misma, según consta, está basada en que “las bases de las becas no prevén que ningún beneficiario obtenga la dotación económica por más de 24 meses, ni tampoco contemplan la posibilidad de otorgar una prórroga, estando las autoridades impedidas de otorgar la prórroga solicitada”. Pero se va más allá y viene la advertencia lapidaria: si se admitía la prórroga se podían estar generando expectativas en otras 17 personas de sexo femenino que también obtuvieron la beca.
Cuando conocimos y profundizamos en esta decisión, primero nos indignamos y luego nos invadió una enorme tristeza.
Pero, con el correr de los días y vistas las reacciones que el episodio provocó en hombres y mujeres que conocían la decisión, nuevamente constaté cuán alejadas de la realidad están las decisiones que se toman en círculos alejados del sentir social y donde se maneja poder. Cuán cerrados están muchas veces a considerar la mirada y el sentir del 52 por ciento de la población.
Las excepciones existen, las normas se cambian cuando la realidad lo amerita y mucho más si del ejercicio efectivo de derechos se trata.
Por suerte el episodio, que no es excepcional, se conoció gracias a un joven periodista que se sorprendió con la decisión porque, claro, cada día más, mujeres y hombres asumen el maravilloso desafío de compartir ese acto de amor y responsabilidad que significa ser padres y madres con el desarrollo laboral y profesional.
Claro, como es notorio y el señor Paolillo lo hace notar, en este Uruguay del siglo XXI todavía a las mujeres nos cuesta más.
Esc. Beatriz Argimón Cedeira