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    “Las decisiones que hacen que un país crezca en el largo plazo, son de largo plazo”, sostiene el Nobel Finn Kydland

    Los últimos datos pronostican un crecimiento de más de 2% anual para la economía de Estados Unidos (EE.UU.). Sin embargo, para el Nobel de Economía Finn Kydland, la actividad en ese país está lejos de recuperarse de la última crisis financiera y es posible que registre una recesión en los próximos años. Premiado por su investigación sobre el efecto de una política económica consistente en el tiempo, él entiende que existe un impacto claro del envejecimiento de la población estadounidense en el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, y apunta también a la falta de políticas a largo plazo que aseguren un escenario de certidumbre para la inversión empresarial. Eso, considera, se lograría con instituciones fuertes y altos niveles de confianza como las que existen en Noruega, su país natal. “Allí, los dos partidos políticos no parecen tener diferencias sobre la conducción de la política económica. No hay polarización”, explicó a Búsqueda.

    Kydland, quien estuvo de visita en Uruguay la semana pasada invitado por la Universidad ORT, defiende los beneficios de comerciar en un mundo globalizado y critica la política monetaria expansiva que la Reserva Federal (Fed, por su sigla en inglés) implementó luego de la crisis de 2008, comprando activos y manteniendo tasas de interés cercanas a cero.

    A continuación un resumen de la entrevista.

    ¿De qué manera afecta a la economía la incertidumbre?

    —Mi investigación se ha centrado en mostrar que la política óptima de un gobierno debe ser consistente en el tiempo. Sin embargo, en la realidad se toman decisiones cortoplacistas. Incluso cuando por un tiempo intentan hacer algo bueno en el largo plazo, siempre está la tentación de volver a medidas de corto alcance. Entonces el rumbo de la política económica se vuelve incierto en el largo plazo, especialmente en países con instituciones débiles. Algunas de las cosas que hemos visto recientemente no ayudan a esta falta de previsibilidad, como por ejemplo la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit). No ayuda a generar confianza. Las decisiones que hacen que un país crezca en el largo plazo, son de largo plazo. Sin embargo, suelen costar mucho en ser implementadas y tienen resultados que solo se ven en el futuro. Además, se ven impactadas por otras medidas como la política fiscal o tributaria. Si un empresario tiene poca confianza de cómo será la futura política impositiva o el camino que tome la regulación, le será difícil anticipar qué proyectos de inversión son una buena idea.

    Teniendo en cuenta el Brexit o la tensión comercial entre EE.UU. y China, ¿diría que este año es especialmente volátil?

    —Podría ser. Esto (el conflicto comercial) es algo que vengo prediciendo en los últimos tres o cuatro años, porque es un ejemplo de la teoría del tiempo y la consistencia. Es una solución fácil, y los gobiernos están tentados a tomarla cuando encuentran dificultades presupuestarias, por ejemplo. Por ahora, llamarlo una guerra es demasiado. Pero los gobiernos olvidan que las restricciones comerciales que se imponen para proteger a la industria local generan menos incentivos para aumentar la productividad en el largo plazo. Esto es algo que los países latinoamericanos han experimentado. Y como consecuencia, la economía crece menos rápido. En este caso ambos lados pueden perder, como también muchos otros países.

    La Fed sigue comprometida a incrementar las tasas internacionales de referencia. ¿Eso aporta algo de certidumbre?

    —Bajo circunstancias normales los detalles de lo que hace la Fed no impactan en el largo plazo. En 2008 actuó razonablemente luego de que fue claro que algunos bancos estaban seriamente comprometidos, y dado el riesgo de inflación. Pero no creo que la política que siguió, con expansión monetaria, haya hecho gran diferencia. De hecho, introdujo bastante volatilidad, por las dudas que produjo sobre qué pasaría cuando dejaran de implementarla. Por ahora lo han hecho bien.

    ¿Cuál diría entonces que fue la razón principal para la recuperación económica de EE.UU.?

    —Diría que realmente apenas se ha recuperado, al menos desde una perspectiva histórica. Desde que tenemos información trimestral, que es 1947, hay subas y bajas que son parte del ciclo económico, pero el PBI per cápita se comportó como una línea recta ascendente hasta 2007. Luego hay una caída sin precedentes, de casi 12% con respecto a lo que hubiera sucedido de continuar esa tendencia de crecimiento. Desde entonces, a pesar de que hubo crecimiento, ha sido inusualmente lento en términos históricos. Y que las tasas de interés sigan tan bajas es una señal de que a la economía no le va tan bien.

    ¿A qué se debe este crecimiento lento?

    —Parecería que la respuesta es una baja en la inversión empresarial. Pero mirando hacia adelante, era poco probable que esa tendencia de crecimiento en el PBI per cápita continuara. Hay una distribución etaria de la población que anticipaba ese descenso. En ese sentido he investigado el rol de la demencia o del Alzheimer en la economía. Porque la relación entre las personas que tienen entre 25 y 65 años con respecto a los mayores de 65 años, que ya están en edad de retirarse, ha caído y está previsto que siga haciéndolo en los próximos años. Eso significa una carga para quienes trabajan. Es bastante claro que los empresarios tomarían como una buena noticia que las tasas de impuestos actuales se mantuvieran durante los próximos 20 años. Pero la probabilidad de eso es baja, porque hay un impacto de estos baby boomers que están jubilándose y necesitan más recursos médicos y seguridad social. Así que es muy arriesgado pensar que las tasas impositivas actuales se mantengan más allá de los próximos cuatro años. Y es claro que deberíamos esperar que la tasa natural de crecimiento de la economía sea levemente menor.