N° 1903 - 26 de Enero al 01 de Febrero de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSobre fines del año pasado y al comienzo de este 2017 el presidente argentino, Mauricio Macri, dispuso cambios en su equipo económico, específicamente en el Ministerio de Economía y en el Banco de la Nación Argentina (BNA).
Los relevos resultaron sorpresivos, particularmente la sustitución de Carlos Melconian (un economista “ortodoxo”) por Javier González Fraga (uno de los más conocidos representantes del “keynesianismo” en la Argentina) al frente del BNA, mientras que en el caso del Ministerio de Economía, además del recambio de Alfonso Prat-Gay se resolvió dividir en dos la cartera: Hacienda a cargo de Nicolás Dujovne y Finanzas Públicas en las de Luis Caputo.
La explicación oficial de los cambios realizados fue que se buscó darle mayor “homogeneidad” al equipo económico, en un contexto donde muchos advertían posturas diferentes entre quienes pretendían focalizar el esfuerzo primero en reducir el déficit fiscal y controlar la inflación, y aquellos que pretendían priorizar el crecimiento económico como forma de mejorar las chances electorales del gobierno en las legislativas de octubre.
Daría la impresión de que Macri apuesta a revalidar y en lo posible acrecentar el apoyo a su gobierno tratando al mismo tiempo de bajar la inflación, reactivar el crecimiento, mejorar las cuentas fiscales, reducir impuestos, ajustar las tarifas de los servicios públicos, etcétera, y no está dispuesto a quedar atrapado entre tener que atender el frente electoral por un lado, y la responsabilidad fiscal y el ajuste estructural por otro.
Se trata sin lugar a dudas de una apuesta muy arriesgada. Desde el punto de vista fiscal y de financiamiento, al 2016 lo “salvó” el “blanqueo” de capitales y el hecho de que la Reserva Federal de Estados Unidos finalmente subió solamente una vez las tasas de interés, en lugar de las cuatro alzas que había insinuado en diciembre de 2015. En efecto, esta semana se supo que el déficit fiscal primario de Argentina en 2016 alcanzó una cifra equivalente a 4,6% del Producto Bruto Interno (PBI), cuando la meta que tenía el gobierno era de 4,8%. Sin embargo, ello solo se logró por unos 100.000 millones de pesos argentinos de ingresos extraordinarios por el “blanqueo”, que no estarán presentes este año. Para el gobierno argentino, de todas formas, se trata de un éxito, porque hubo rebajas de impuestos por el equivalente de casi un 2% del PBI en 2016, tal cual se había prometido en la campaña electoral.
En 2017, para tratar de alcanzar la meta de un déficit primario de 4,2% del PBI, habrá que continuar ajustando las tarifas de los servicios públicos, cosa que ya ha adelantado el gobierno. Eso dificultará el que se alcance el objetivo —en el cual nadie cree— de abatir la inflación a 17%.
La entrada de González Fraga al BNA parece una apuesta a la reactivación del crecimiento por la vía de un aumento fuerte del crédito interno, en particular a las pequeñas y medianas empresas, así como los préstamos hipotecarios. Una estrategia de este tipo es insostenible, entre otras cosas porque profundizaría mucho más el atraso cambiario actual, algo que por otra parte ya hizo González Fraga cuando fue presidente del Banco Central Argentino en la década de los ´90. Pero el horizonte temporal con el cual parece estar trabajando el presidente Macri no se mide en años sino en meses, más precisamente octubre de 2017, y después se verá.
Con esa mirada, su gobierno pretende hacer “magia” y apunta a conseguir objetivos que en muchos casos son contradictorios en el corto plazo e insostenibles en el mediano plazo. En el fondo, la apuesta es a seguir aumentando el endeudamiento y la generación de más atraso cambiario para dar una sensación de “mejora” en la situación económica y financiera, y ser muy graduales en el ajuste de las cuentas fiscales mientras la ventana de financiamiento externo esté abierta.
Dado que una eventual derrota en las elecciones legislativas de octubre implicaría un golpe muy duro para el gobierno que sería difícil de asimilar, la estrategia aparentemente delineada por Macri puede justificarse desde el punto de vista político, más allá que desde lo técnico es virtualmente imposible que logre “ir por todo”. Además, aun en caso de que el gobierno salga airoso de la próxima instancia electoral, seguramente hacia fines de este año habrá ajustes muy significativos en dicha estrategia, especialmente en lo que tiene que ver con el tipo de cambio y la situación fiscal.