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    “Los enojados del Frente Amplio”

    Sr. Director:

    Quisiera referirme a la carta que con idéntico título al de la presente se publica en la última edición de “Búsqueda”. En ella, un lector del semanario asume la responsabilidad de listar los extremos que causan el “enojo” de algunos frenteamplistas. Imposible propósito, el de asignar a su autor, el Sr. Musto, la responsabilidad de representar en sus líneas a todos los enojados de la coalición, la que nuclea a muchos que ya por definición son proclives al enojo. Pero convengamos en que al menos un sector de ellos responde más o menos a las causas enumeradas por Musto.

    En primer lugar el enojo tiene una fecha de comienzo: la de la supuesta mentira del Sr. Raúl Sendic acerca de su presunta licenciatura. Quien escribe estas líneas es también en definitiva un frenteamplista enojado. Solo que mi “enojo” data de algunas décadas atrás y encuentra su fundamento en causas menos frívolas e intrascendentes que la presunta falsedad de un título mediocre, expedido por una Universidad no menos mediocre en alguna de cuyas dependencias luce aún hoy día con inmensas letras visibles desde la ruta la leyenda “Ordene, mi comandante”. Universidad de un país con un solo partido, con una sola dictadura y una sola opinión. Soy, o mejor dicho hace ya mucho tiempo que fui, un frenteamplista enojado. Mi enojo no me lo provocó el bueno de Sendic (hijo), ni la discusión sobre su licenciatura, sino el haber advertido al colapsar el mundo soviético que dejé mi juventud militando en pro de regímenes abyectos como el de la Rumania de los Ceaucescu. Que primero negué y luego defendí el Holodomor como mal necesario y pasajero en pos de la sociedad superior comunista, el hombre nuevo y todas las rimas y leyendas con que se llenó la cabecita de mi generación para que luchara por una forma de organizar al mundo que colapsó por su propia incapacidad de subsistencia y que, al hacerlo, dejó en carne viva la cruda realidad de Estados policíacos, de las hambrunas provocadas por la colectivización, de los odiosos privilegios de una casta que se alzó con el poder y condenó al atraso a las masas proletarias y campesinas, por cuyo bienestar estábamos convencidos de luchar. Mi enojo deriva de nunca haber leído ni escuchado una clara condena a esos regímenes por parte de los sectores que integran el FA, y menos aún hacia sus contemporáneas versiones latinoamericanas: Cuba y Venezuela. Mi enojo data de cuando sobre los escombros del muro del oprobio surgió con evidencia incontrastable de qué lado estaba la verdadera opresión. Son causas bastante más trascendentes para fechar el inicio de un “enojo”, ¿o me equivoco?

    Nuestro Frente Amplio seregnista”… “históricamente frenteamplista. De una forma seregnista”, dice la carta, debería reaccionar frente a afirmaciones inaceptables como el predominio de lo político sobre lo jurídico. Acá sí que con el amigo Musto conocimos dos FA y dos generales Seregni distintos. Con espíritu seregnista, los frenteamplistas, el 9 de febrero de 1973, con Jorge Batlle recientemente procesado por “ataque a la fuerza moral del Ejército” y con lo que quedaba del Estado de derecho uruguayo a punto de ser dinamitado, nos tuvimos que fumar la seregnista consigna de “no balconear el proceso”, esto es sumarnos al golpe militar, no para evitar que terminara de avasallar las instituciones democráticas, sino para tratar de que fuera un golpe de izquierda, de corte peruanista y no de derecha. Invito a enojados y a los que aún no lo son, a que relean ese discurso, en donde mientras los partidos fundacionales llamaban a defender la institucionalidad contra el inminente golpe, nuestro FA con nuestro general a la cabeza sostenía que la contradicción era entre oligarquía y pueblo, es decir un tema de índole económica, entre clases sociales y no esencialmente político, cual es el avasallamiento de las instituciones democráticas por parte de una casta militar que se encaramaba en el poder. Invitaba el general en medio del aquel proceso de desmoronamiento de la institucionalidad democrática, nada menos que a una “interacción fecunda entre pueblo, gobierno y FFAA para comenzar la reconstrucción de la Patria en decadencia”. A no engañarse, señores enojados: ese y no otro es el verdadero cerno frenteamplista y seregnista, desde la fundación misma de la coalición en 1971. Tratamos de abrazarnos a esa consigna en el “Febrero Amargo”, en pos del socialismo y de la revolución antioligárquica, que era lo que verdaderamente nos interesaba, no en pos de la democracia.

    En su edición del 11 de febrero de 1973 decía el diario “El Popular”: “Nosotros hemos dicho que el problema no es entre el poder civil y el poder militar; que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de este caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo”. Claro que después vino la huelga de junio y julio del mismo año para enfrentar a la dictadura. Pero no nos engañemos. Uruguayos y uruguayas enojados y enojadas: a la dictadura, el FA la enfrentó por ser de derecha, no por ser dictadura. Pero además, ¿puede causar enojo escuchar de boca del expresidente Mujica que lo político prima sobre lo jurídico, cuando es una frase que guarda la más pura coherencia con toda la vida política de su autor, desde que en 1963 se alzó en armas contra un Estado de derecho ejemplar? ¿Y es posible que cause enojo nada más ni nada menos que la actitud por la que en cierta manera se recapacita sobre ese pasado demencial y desemboca en el deseo compartible y humano de no querer viejitos presos?

    “Hay que defenderlo (a Sendic) porque es nuestro”, dice la carta y a Musto le da vergüenza. A mí también me dio vergüenza, pero no la intrascendente defensa de Sendic porque es “nuestro” sino más bien defender a Cuba porque es “nuestra”, aunque sea una cruel dictadura (esta de izquierda y de allí su defensa), con una dinastía de sangre que desde hace 58 años detenta todo el poder, con miles de fusilados en su haber; o a la cantinflesca dupla Chávez-Maduro, porque si bien son gorilas, si bien censuran medios de prensa, encarcelan a opositores y matan a estudiantes en las calles como cualquier gorila, en este caso se trata de “nuestros” gorilas. ¿No encuentra el lector una mejor causa para el enojo en la solidaridad con los gobiernos de Cuba y Venezuela que en la defensa de Sendic, que, después de todo, este Sendic, el hijo, nunca mató a nadie?

    ¿Un doble equipo económico? De acuerdo, lo hubo. Pero el enojo debe definirse hacia cuál de ambas orientaciones se inclina en sus preferencias, si no, no vale. Si la de la línea económica MPPista, la de las leyes inconstitucionales, la de profundizar el modelo y kirchnerizar la economía o a aquella otra que cumple con la deuda externa, la que guarda los equilibrios macroeconómicos, la que exonera de impuestos a las multinacionales que vienen a invertir, en definitiva, la que contradiciendo el espíritu frenteamplista evitó que cayéramos al abismo.

    En algo coincidimos con Musto: “No todos los enojados piensan igual”. Me temo que allí hay de todo, como en botica. Los hay que están enojados por la izquierda, esto es: el FA traicionó el espíritu revolucionario que caracterizó a sus fundadores. Para comprobarlo, no hay como navegar en los sitios web frenteamplistas. Los hay que están enojados por ingenuos (muy, pero muy ingenuos y también algo desmemoriados) como lo reconoce el propio autor de la carta. Los hay enojados por advertir de manera algo inconsciente y no terminar nunca de reconocer que en realidad siempre estuvieron dentro de una enorme equivocación. Y la mayoría debe estar enojada, porque estar enojados es su estado natural para con el poder y el FA lleva ya mucho tiempo detentándolo. Los invito a todos a pensar: ¿qué sería de vuestro enojo en Cuba, en Venezuela o en Corea del Norte? ¿Qué corrientes de pensamiento permitieron y defendieron desde siempre la canalización y la expresión legítima de vuestro enojo?

    Respuestas puede haber varias, pero honesta, una sola. El Estado de derecho, la democracia, esa que tantas veces llamamos peyorativamente “burguesa”, es la que garantiza que vuestro enojo tenga más temprano que tarde legítima representación. A ella nos debemos, y en honor a ella, debemos dejarnos de medias tintas cuando se trata de condenar dictaduras de cualquier signo. A ella y a la economía de mercado (que no al socialismo ni al comunismo, ni los del siglo XX ni los del XXI), la única forma de organizar la vida económica de un país con libertad y tolerancia y en definitiva la única que nos da alguna chance de prosperar. Lo demás, todo lo demás, son un cúmulo de ideas e ideales equivocados que traen consigo el atraso social y la tiranía política. Son demasiadas las evidencias históricas y demasiado dramáticas sus consecuencias como para que el enojo sea causado por el estúpido orgullo de sentirse burlado por las truchadas de Sendic.

    Juan Pedro Arocena

    CI 1.246.439-7