Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn el editorial de Búsqueda del jueves 21 de agosto de 2014, en un tono inusualmente agresivo, se comenta peyorativamente acerca de la “peronización” del movimiento sindical uruguayo, término en boga pero a mi entender mal utilizado.
Es cierto que el sindicalismo en Argentina está muy unido a un partido político, el Partido Justicialista (peronista), por lo menos desde finales de la década de los 40. Pero no es esta una característica exclusiva de ese país. Por el contrario, a nivel mundial es más la regla que la excepción.
En el norte europeo, los sindicatos están integrados a la socialdemocracia, en USA los mismos tienen una manifiesta adhesión al Partido Demócrata, en Brasil por el PT. En Francia e Italia hay varias centrales, cada una de ellas vinculada a un partido político. Esto es así porque la esencia de la actividad sindical está ligada íntimamente a la actividad política.
También es cierto que hay corrupción en los sindicatos de Argentina, pero lamentablemente el problema no es solo con los gremios. También hay sindicalistas honrados en la vecina orilla; Raymundo Ongaro es una figura emblemática y ejemplo para todo el continente.
En Uruguay, el PIT-CNT se declara políticamente independiente, lo cual está muy bien desde un punto de vista teórico. Pero, lamentablemente, esto, que debería ser una fortaleza, se convierte en la práctica en una debilidad.
Cualquiera que haya tenido un mínimo de práctica sindical en nuestro país es testigo del durísimo clima de trabajo en los sindicatos. La militancia sindical se torna muy desgastante, con caóticas asambleas donde se producen permanentes enfrentamientos de distintas fracciones políticas que pugnan por el control del sindicato. Lo importante, que debería ser atender los asuntos puramente gremiales, queda frecuentemente relegado a un segundo plano.
Todo indica que el modelo de sindicato alineado con un determinado partido político puede funcionar mejor que el independiente.
Existe un ejemplo claro en la historia de nuestro propio país. Durante las décadas anteriores al golpe de Estado, cuando se creó la antigua CNT, con la misma filosofía de independencia de los partidos políticos, pero en la práctica estaba dirigida por el Partido Comunista.
Nobleza obliga, se debe reconocer que la central sindical funcionaba en forma más ordenada en esa época.
Diego Delgado
CI 1.183.458-3