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    ¿Qué es mindfulness y para qué sirve en la empresa?

    N° 2011 - 07 al 13 de Marzo de 2019

    La mente del ser humano vive en un constante divagar entre los recuerdos del pasado y las expectativas del futuro, pero no siempre para traer buenos recuerdos que nos dan confianza o metas a futuro que nos alienten a avanzar, sino que nos lleva a la culpa por los errores del pasado y a la ansiedad por la incertidumbre del futuro.

    Esto que vivimos a nivel personal, también lo viven las empresas a nivel organizacional: los aciertos o errores del pasado condicionan las decisiones presentes y las faltas de expectativas del futuro, o nos bloquean o nos llevan a decisiones apresuradas.

    Lo que hace la técnica de mindfulness es ayudarnos a tomar conciencia plena del presente, del “aquí y ahora”, tanto de nuestra realidad como los sentimientos que la acompañan.

    La palabra mindfulness es la traducción al inglés de sati, que en pali —la lengua que hablaba Buda hace dos mil quinientos años—significa “prestar atención para ver las cosas tal como son”. Nos ayuda a que nuestras proyecciones mentales no alteren nuestra percepción de lo que es real.

    A través de ejercicios de relajación y control de la respiración, se va logrando un mayor estado de “conciencia”, que es la capacidad de darnos cuenta de las cosas que nos rodean, e, incluso, observarnos a nosotros mismos y tener así lo que se denomina un sentido de identidad, un poder reconocer quiénes somos.

    Este “sentido de identidad” es lo que Victor Frankl (psiquiatra judío que sobrevivió a los campos de concentración nazis), describe como “el sentido de propósito”, en un famoso libro titulado El Hombre en busca de sentido.

    A nivel corporativo es lo que se conoce como la “misión”, la principal razón de existir que tiene una empresa y que no puede ser otra que dar satisfacción a las necesidades de un grupo de prospectos o clientes. La misión no es, como muchos creen, ganar dinero. Ganar dinero es una necesidad. Y las empresas que más ganan dinero, en un sistema capitalista, es sirviendo al prójimo. No abusando de él.

    Hasta no hace muchos años, se creía que el ser humano, para tomar mejores decisiones, debía despojarlas de todo “sentimiento”, ser lo más racional u objetivo posible. Sin embargo, todos los estudios que viene realizando la neurociencia, demuestran científicamente cómo razón y emoción actúan conjuntamente.

    Es interesante ver lo mucho que hemos avanzado tecnológicamente y lo poco que lo hemos hecho psicológicamente, tanto a nivel personal como organizacional, aunque últimamente cada vez se pone más atención en el desarrollo de las llamadas “habilidades blandas”, que son justamente las referidas a la comunicación, la empatía o la creatividad.

    También se está demostrando a pura ciencia cómo los pensamientos y actitudes negativas influyen directamente en nuestras células, alterándolas y provocando reacciones químicas en nuestro organismo.

    Por ejemplo, el sistema simpático es clave en la reacción de estrés y esta reacción se produce ante lo nuevo, lo desconocido, lo no familiar, lo que no controlamos. El estrés libera una hormona llamada cortisol, que nos hace estar alertas, atentos, despiertos.

    El problema es que el cerebro no distingue la realidad de la ficción y las vive (a nivel corporal) con la misma intensidad. Por ejemplo: si sentimos una explosión y pensamos que nuestro auto explotó y comenzamos a pensar en los costos y problemas que tendremos para repararlo, esos pensamientos disparan reacciones: agitación del ritmo cardíaco, sudoración, etc. Luego resulta que no se trataba de nuestro auto, pero nuestro organismo lo vivió (y sufrió) como tal.

    Si la sensación de amenaza se mantiene durante un tiempo prolongado, las cifras de cortisol pueden llegar a ser un 50% mayores de lo que se considera normal y esos aumentos del cortisol están asociados a cuadros psicológicos como la ansiedad y la depresión, además de provocar un deterioro progresivo del organismo.

    También está probado que las personas mejoran esta situación cuando lo hacen en equipo, o, al menos, cuando se sienten apoyados por otros.

    De ahí que el fomentar en las empresas momentos de distensión, de meditación, de trabajo en equipo y concentrarse en lo que podemos controlar en el presente, no solo trae mejores resultados de negocios, sino la posibilidad de que esos resultados sean sustentables en el tiempo. Porque sin personas sanas y enfocadas, será muy difícil lograrlo. Y el mindfulness, es una interesante herramienta para probar.

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