N° 2055 - 16 al 22 de Enero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Quién recordará hoy aquellas anécdotas en cadena desatadas por un tango sencillo, sin vuelo, que sin embargo tuvo su etapa de esplendor?
Por ejemplo, al inolvidable actor cómico Pepe Arias la consagración le demoró bastante: en 1925, cuando ya había caminado varios escenarios, el éxito lo bendijo a raíz del monólogo Uno que se defiende, en la revista teatral Zas Tres, donde decía, con su peculiar estilo gangoso y el respaldo de un tango que se oía a sus espaldas:
—Yo soy el tipo… A mí me cacharon para el tango y yo vengo a defenderme, porque esa atorranta lo ha engrupido al autor. Macanas… Ni soy su amorcito ni la dejé abandonada… Empezando por el que barría la cuadra hasta el comisario, recorrió todo el escalafón de la 39… ¿Qué me recuerda con el alma? Otra macana… Si me recuerda es con la cabeza, más abollada que olla de cuadrilla…
“El tipo” al que se refería Arias era el protagonista de ese tango de oscuro origen montevideano, Julián, con música de Edgardo Donato, pianista que quiso mucho a Uruguay y actuó aquí repetidamente entre mediados de la década de 1910 y fines de la de 1930, y letra de nuestro olvidado compatriota José Luis Panizza:
—Yo tenía un amorcito / que me dejó abandonada / y en mis horas de tristeza, lo recuerdo con el alma… / Era un tigre para el tango / y envidia del cabaré, /pero un día, traicionero, / detrás de otra se me fue. /¿Por qué me dejaste / mi lindo Julián?, / tu nena se muere de pena y afán; / en aquel cuartito nadie más entró / y paso las noches / llorando tu amor…
No hay documentación veraz que pruebe en qué año fue compuesto: los investigadores, con sus hipótesis, viajan de 1918 a 1923 y dicen que en Montevideo solo se tocó instrumental y en Buenos Aires alcanzó cierta celebridad cuando lo estrenó la actriz Iris Marga en la revista ¿Quién dijo miedo?, de Roberto Lino Cayol, en el Maipo, en octubre de 1924. No obstante, se sabe que, poco antes, Osvaldo Fresedo lo grabó sin cantor y enseguida fue la ocasión de llevarlo al disco de Rosita Quiroga, con su habitual conjunto de guitarras.
Los mayores elogios públicos al tango fueron de Marga:
—La partitura me la dio el propio Donato en Montevideo. Me gustó. Cuando lo hice en el teatro por primera vez, la repercusión fue inmediata, al punto que después de cada actuación, al otro día, por la calle la gente me decía: “¡Ahí va la chica de Julián!”, “¡Dale mis recuerdos a Julián!” y hasta “¡Qué nariz había tenido la mina de Julián!”.
Tamaño entusiasmo, que terminaría perdiendo vigor, empujó a Donato a crear una segunda parte del tango original, El hijo de Julián, que solo fue grabado por Francisco Canaro en 1929, y un foxtrot homónimo que nunca llegó al disco: ambos pasaron al olvido rápidamente.
Ah, querido lector, pero no es todo.
Muchas décadas más tarde, tal como han consignado Oscar del Priore e Irene Amuschástegui, el músico Julio Tahier compuso una ópera rantifusa, para presentaciones en teatros, a la que tituló Gotán y cuyo personaje protagónico masculino no es otro que Julián. Y, obviamente, durante la representación de la obra se ejecuta el tango de esta peculiar historia.
Dejando a un lado, por un momento, a estrellas del nivel de Iris Marga, Pepe Arias, Rosita Quiroga y el propio Edgardo Donato, que vivieron distintas peripecias inesperadas por un tema modesto, al paso de los años Julián fue grabado por las orquestas del autor de su música, Federico Berlingheri, Osvaldo Fresedo, y Donato Racciati, la agrupación Los Tabatango, los cuartetos de Beba Pugliese —hija de don Osvaldo—, Gerónimo Bongioni, Los Ases y Roberto Grela, el dúo de bandoneones Maffia-Láurenz y las solistas Blanca Mooney, Libertad Lamarque, Josefina y la uruguaya Nina Miranda.
Revolviendo entre las curiosidades, pudo probarse que esta composición llevó su nombre en homenaje a Julián González, baterista de Donato y que hizo una profunda amistad con el letrista compatriota José Luis Panizza, quien propuso el título del tango.
Es una pena, pero el poeta nacido aquí, entre nosotros, que en realidad era periodista y un muy buen escritor, se perdió en oquedades de la memoria. Dejó una pena honda, que el tiempo también fue difuminando cuando se lo llevó una depresión incontrolable.
Solo tres años después del estreno de Julián, dejando inconcluso su cuarto libro de versos y sin siquiera una carta explicando su acto tan drástico, Panizza se suicidó en plena juventud.