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    “Que me diga el analista” que acusa al gobierno de optimista cuánto crecerá la economía en el período: “¡¿1% anual?, ¿1,5%?!”

    Con cierta desilusión, la coordinadora de Política Económica del Ministerio de Economía (MEF), Marcela Bensión, señala que el debate público en torno a la ley de Presupuesto está girando en torno a si las proyecciones macro gubernamentales son o no “optimistas”. Sobre eso ella replica: “Que me diga el analista que sostiene eso cuánto entiende que va a crecer la economía uruguaya en el quinquenio: ¡¿1% anual?, ¿1,5% anual?! Realmente creemos que un 2,3% de crecimiento promedio anual (...) es claramente realista y alcanzable”.

    Pero esa cuestión opacó lo que a su entender es más de fondo: la propuesta de una nueva institucionalidad referida al manejo fiscal y de la deuda pública —que compara con una alarma y un perro guardián—, lo que se suma al recorte de gastos, necesario para evitar que las calificadoras de riesgo le quiten al país el grado de inversión no especulativa o investment grade. Dada la herencia recibida y la pandemia, “cambiar la trayectoria de la deuda” sería “un gran avance”, afirma. Y ¿bajará la presión fiscal sobre las empresas y familias? No es posible ahora, responde.

    En el pasado, Bensión (50), hija del exministro colorado Alberto Bensión, hizo análisis trabajando para las filiales locales de ABN-Amro y en Santander, donde conoció al ahora presidente del Banco Central, Diego Labat. Fue él quien la propuso para el cargo en el MEF —en un nivel jerárquico siguiente al del subsecretario—, aunque también conoce a la ministra Azucena Arbeleche de la época de estudiantes de facultad. A continuación una síntesis de la entrevista que mantuvo con Búsqueda en la sede de la secretaría de Estado.

    Es frecuente escuchar como un elogio la continuidad de ciertas políticas en los últimos años en Uruguay. ¿La política económica de la nueva administración es diferente a la de los gobiernos del Frente Amplio?

    —Sí. Destaco dos cosas en las que sí. Primero, pone el foco en la sostenibilidad de las finanzas públicas, lo que para nosotros es clave porque es lo que mantiene la estabilidad de las políticas en general a futuro. No debe haber un economista que discrepe en cuanto a que las finanzas públicas, tal cual se venían manejando, iban a generar un persistente aumento de la deuda que había que parar. Que siguiera aumentando la deuda podría implicar una pérdida del grado inversor, y eso llevaría a destinar más recursos que hoy se dirigen a políticas públicas —Mides, inversión pública, etcétera— a pagar intereses. La defensa de la estabilidad de la deuda es una defensa de esas políticas. Este foco es una clara distinción a como se venía manejando.

    La segunda es la consistencia de las políticas, en particular la fiscal, la monetaria y la salarial. No se puede pretender tener una inflación de entre 3% y 7% si el gasto público crece al 10%, al 15%, al 12% al 18% como lo hizo en algunos años en el pasado. Este reordenamiento del gasto que estamos haciendo busca esa consistencia para, entre otras cosas, bajar gradualmente la inflación. Esto también es muy diferente.

    —Según la encuesta de FocusEconomics divulgada el miércoles 16 por El País, los bancos de inversión y otros analistas prevén —en promedio— una contracción más brusca en 2020 y un menor repunte en 2021 a lo proyectado por el equipo económico. ¿Qué sustentan los números del gobierno?

    —No sé cómo construyen las proyecciones los analistas. Lo que he visto de las encuestas es que las diferencias no son dramáticas y están dentro del margen de error por la incertidumbre que hay. No nos vamos a poner fundamentalistas. Sí decimos con total honestidad intelectual: hicimos pronósticos, los seguimos mes a mes, y algunos indicadores —como la recaudación o el seguro de desempleo— nos dan la pauta de que van en línea con lo proyectado. Eso nos da tranquilidad.

    —En el pasado usted hizo análisis macroeconómico desde el sector privado. ¿Hay un sesgo a ser más optimista cuando se está en el gobierno?

    —Justamente, por venir del sector privado, una de las cosas que me preocupé fue mirar con lupa cada número que proyectáramos.

    Para el quinquenio estamos previendo un aumento del PBI de 2,3% promedio anual. He escuchado decir que es optimista. Que me diga el analista que sostiene eso cuánto entiende que va a crecer la economía uruguaya en el quinquenio: ¡¿1% anual?, ¿1,5% anual?! Realmente creemos que un 2,3% de crecimiento promedio anual en el quinquenio es una proyección claramente realista y alcanzable. Por eso digo: en el año podrá ser 3,5%, 3,7% o 4%, ¡pero eso está dentro del margen de la incertidumbre! A ver: en las últimas décadas Uruguay creció al 2,9% real anual; el 2,3% está muy por debajo de eso.

    Algunos indicadores preliminares nos dan la pauta de que el crecimiento potencial podría estar en torno de 2,3%, 2,5%. Es eso lo que estamos planteando. Entonces, el que dice que somos optimistas, ¿cuánto cree que es el potencial de crecimiento en cinco años?

    Varios países están dando marcha atrás en el desconfinamiento por la pandemia. Si las cosas se vuelven a complicar en la economía mundial, ¿podría ser necesario recalibrar esas proyecciones? ¿Se podría precisar un ajuste adicional para reencauzar las finanzas como se pretende?

    —Este es un tema que pega en la línea de flotación de lo que es la nueva institucionalidad fiscal, como se la alude en la exposición de motivos de la ley de Presupuesto.

    Hay dos conceptos importantes. Primero, la regla fiscal, que incluye el resultado fiscal estructural y una limitante al tope de gasto. Esto cambia un poco el marco de endeudameinto que tenemos ahora. ¿Qué se busca con ese resultado estructural? Medir mejor la gestión fiscal, depurada o limpia de los efectos cíclicos del crecimiento económico y de otros extraordinarios, como puede ser los gastos asociados a la pandemia. Sobre eso pretenemos que nos midan en el futuro. Si en 2021 viniera un rebrote de la pandemia y el PBI en lugar de crecer 4%, lo hace 3%, 2%, o no crece, como estamos mirando el resultado estructual limpio, no va a impactar.

    Habrá toda una metodología que permite estimar en qué fase del ciclo económico se está y cómo impacta eso en los ingresos fiscales —y también los gastos en algunos casos—. Esa brecha de Producto está estimada en la exposición de motivos, pero en los próximos meses convocaremos a los grupos técnicos externos: el comité de expertos —básicamente, una encuesta anual que nos dé los insumos de expectativas sobre incremento de capital, fuerza de trabajo y productividad de los factores— y el consejo fiscal asesor, que discutirá esa metodología y la elasticidad del crecimiento, para poder depurar lo fiscal del efecto ciclo. Serán analistas del sector privado que no introduzcan sesgos políticos o corporativos.

    Hoy, 2020, básicamente nos vamos a medir con el 4,4% del PBI de resultado estructural del gobierno central-BPS, que es el nuevo perímetro fiscal. Ese es el resultado limpio que no se ve afectado por un rebrote de la pandemia o un menor crecimiento. Lo que sí discutimos extensamente fue que, eventualmente, se podría dar la paradoja de estar cumpliendo siempre con el resultado fiscal estructural y al mismo tiempo la deuda seguir subiendo.

    Ahí viene la otra pata, que es el nuevo marco de endeudamiento. Se establece el límite para los próximos dos años —US$ 3.500 millones para el primero y US$ 2.100 millones para el segundo, que son básicamente el déficit fiscal— y eso es inamovible. Y si el día de mañana viene una pandemia, se debería usar una salvaguarda que prevé un 30% adicional, y si no alcanza, se debería ir al Parlamento a pedir un nuevo tope. Pero de alguna manera se está acotando el endeudamiento.

    Obviamente hay que cumplir. Magia no es. Como dijo una colega: vos en tu casa ponés alarma y un perro. Te pueden robar igual, pero pusiste la alarma y el perro. La nueva institucionalidad fiscal es un poco eso: blindar… tenés un comité externo que estará mirando, vas a hacer análisis de riesgo y sensibilidad. Vamos a hacer testeos de si el PBI crece un punto menos, qué pasa si el tipo de cambio sube 2% o 5%... Son testeos que hasta ahora no se han hecho. ¡Hay un avance enorme y estamos limpiando el resultado fiscal para que justamente se vea la gestión! Va a haber una rendición de cuentas semestral y eventualmente se irá a una frecuencia menor; hasta ahora era la oficina de Deuda la que cada tres meses actualizaba el resultado esperado del gobierno. ¡Esa es la actualización que había! Son avances que quedaron de lado y la discusión se enfocó en si somos o no optimistas. Hay una alarma y un perro que se compraron. Sí, después hay que esperar que no te roben, estamos de acuerdo. Y seguramente habrá que hacer cosas adicionales, pero se avanzó mucho.

    —Un ratio de deuda-PBI en torno a 67% hacia el final del período de gobierno, como proyecta el equipo económico, ¿es suficiente para mantener el investment grade?

    —Sería una pregunta para las calificadoras… Su opinión la dan cuando emiten sus evaluaciones; si será suficiente o no lo dirán la próxima vez que nos pongan la nota. Esa es la realidad.

    Entonces, no es seguro…

    —Cambiar la trayectoria de la deuda, que venía siendo ascendente, en un momento complicado para el mundo y para el país, y con un déficit fiscal alto recibido, es un gran avance. Realmente lo cree todo el equipo económico. Y por supuesto nos tenemos fe.

    Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda

    —El exministro Danilo Astori afirmó la semana pasada en Búsqueda que es “imposible” que se cumplan las metas fijadas por el equipo económico. ¿Qué responde a eso?

    —La ministra fue clara al responder señalando cómo se heredaron las finanzas públicas. El propio Astori había reconocido que la situación fiscal estaba lejos de ser óptima. Es evidente que recibimos un número fiscal insostenible, que nos llevaba camino a la pérdida del grado inversor si no cambiábamos la trayectoria.

    Se plantea una falsa oposición de que la sostenibilidad de las finanzas públicas va en contra del estado de bienestar. ¡No! Acá se está hablando de reoptimizar el gasto que era superfluo o no imprescindible, para atender prioridadas claramente mucho más críticas. El estado de bienestar uruguayo es prioritario y está en el ADN de los uruguayos. La ministra lo ha dicho hasta el cansancio: el dinero para la salud y para los sectores vulnerables va a estar.

    —El gobierno dice que uno de los propósitos centrales de este proyecto de Presupuesto es darle mejores condiciones al sector privado para que invierta y genere empleo. ¿Cómo se materializa eso? ¿Habrá a mediano plazo alivios generales de la carga tributaria y tarifaria?

    —Para crear empleo necesitamos inversión, y pretendemos que sea del sector privado.

    Está bien. Lo que se preguntan los empresarios, en particular los chicos, es si en algún momento se aliviará la carga fiscal.

    —No hubo aumento de impuestos. Ese es un mensaje al sector privado bien importante y dinamizador. Eso es parte de la generación de empleo.

    Después, hay una serie de incentivos que ya se hicieron y se siguen haciendo, y ahí hay una resignación fiscal clara en pos de mayor crecimiento y empleo.

    Los empresarios pueden entender que la situación fiscal no habilita a una baja impositiva; no subir impuestos ya es una apuesta muy a favor del sector privado.

    Entendemos que la carga fiscal sin lugar a dudas es alta. Pero en este momento, con el eje en la sostenibilidad de las finanzas públicas y de la creación de empleo, lo que se puede hacer desde la política económica es incentivar las inversiones nuevas y no seguir cargando a los empresarios que ya están hoy funcionando. Por supuesto, no hay nada escrito en piedra y por algo existen las Rendiciones de Cuentas; ojalá pueda haber margen para reducir carga impositiva. Hoy sobre la mesa lo que está es esto.

    • Recuadros de la entrevista

    El “conflicto” entre los salarios y el “desempleado” que “no tiene voz”

    Las “barreras” de Alberto Bensión

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