Recuadro de la entrevista a Gustavo Zubía
Recuadro de la entrevista a Gustavo Zubía
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—¿Está armado ahora?
—Sí, claro.
—Se habló mucho sobre esa entrevista en la que mostró el arma; hay quienes sostienen que no fue un acto espontáneo.
—Alejandro Camino me preguntó si yo tenía custodia…
—Y usted sacó su arma.
—No. Los pasos son: porte, exhibición, desenfunde, apunte, gatille, y tire. Yo no hago un desenfunde del arma. Yo hago una exhibición sin ingresar ninguno de mis dátiles…
—No, la puso en la mesa.
—Saqué el arma y la puse en la mesa y le expresé a la pregunta de Camino cuál era mi mecanismo de defensa. Mi exhibición fue de tres segundos y luego la guardo. La discusión posterior con Camino estuvo basada en el siguiente eje discursivo: a él no le gustan las personas que tienen armas y frente a eso le manifesté que ingresaba en posiciones de doble discurso. Hay gente a la que no le gustan las armas, pero si entra un chorro a su casa llama a un policía con armas. No matás la vaca, pero te la comés igual.
—Pero no es lo mismo que la población civil ande armada a que los policías tengan armas.
—Yo en ningún momento dije “proletarios del mundo, armaos”, jamás hice esa apología. Si vos te querés cambiar de sexo, no significa que le digas a todo el planeta que cambie de sexo. Mi exposición no es para que todo el mundo se arme. El que sienta que lo quiere hacer tiene que hacer los trámites, como yo lo hice y además me sale una fortuna. Mi postura fue sacar el arma para contestar a la pregunta de cuál era mi protección. Con el gracejo que me caracteriza, porque no soy una persona de términos medios. De ahí que la parafernalia que se hizo la considero de una hipocresía supina y obviamente tiene una segunda intención.
—¿Y usted no sabía que iba a haber una parafernalia desde el momento en que pone un arma arriba de una mesa en una entrevista?
—Se podía armar o no. Pero con argumentos más contundentes. No es un ilícito, no es un abuso. Si el periodista no me hubiera preguntado, no sacaba el arma. Es parte de una respuesta. No te puedo negar que pude intuir que tendría algún repique.
—¿Y ese repique en qué lo beneficia? ¿Quería instalar un debate sobre las armas?
—Quería instalar lo mismo que sucedió con el crimen de La Pasiva, que se pasó 48 veces por la televisión. Mientras la gente no ve la muerte, piensa en la muerte como algo conceptual. Ojos que no ven, corazón que no siente. La exhibición del arma fue para que la gente vea que el fiscal no solo dice que está armado, porque lo he dicho hasta el cansancio. Yo exhibí la forma de vida que tengo. Porque a mi juicio yo tengo que estar armado. He sido agredido, amenazado. En Colón tengo que abrir dos portones antes de entrar a mi casa. La señora que tiene 84 años en Pocitos y cobra una renta, ¿tiene que estar armada? Es decisión de la señora, en principio parece que no, pero como está la cosa…
—¿Una población armada no puede traer problemas colaterales?
—¿Qué solución en este planeta no trae un problema colateral?
—¿Le parece que es una solución entonces, un camino para enfrentar la inseguridad?
—No, la inseguridad no se enfrenta con eso ni ahí. La inseguridad se enfrenta con políticas de Estado. Pero ante la libérrima decisión de un ciudadano de querer armarse, quién sos tú para decirle no.
—Pero un mensaje quiso dar: un exfiscal y ahora dirigente político sacando un arma…
—El mensaje es: cuando el Estado no te protege, vos protegete.