Había una vez una familia que tenía un loro muy malhablado, que dejaba a la familia muy mal parada cuando asistían visitas a la casa, razón por la cual solían esconderlo para sacarlo del medio.
Había una vez una familia que tenía un loro muy malhablado, que dejaba a la familia muy mal parada cuando asistían visitas a la casa, razón por la cual solían esconderlo para sacarlo del medio.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn una oportunidad, la dueña de casa vio por la ventana que se acercaban unas amigas, y pescó al loro de un ala y lo metió en la heladera.
Una vez que las amigas se habían ido, la dueña del loro lo sacó de la heladera, pero ni bien lo iba a reubicar en la jaula, ve por otra ventana acercarse a otro grupo de amistades. De un tirón la dueña del pájaro lo cazó con energía y lo metió dentro del horno, que era el lugar que le quedaba más cerca.
Cuando finalmente lo sacaron al loro de su último escondrijo, el pobre se limitó a comentar: “¡Tiempo loco!”.
Lo mismo viene pasando en nuestra benemérita República esquina con vista al mar, líquido elemento al cual el calentamiento global le está causando terribles calenturas, haciéndolo reaccionar con un genio desagradable, digno de mejor causa, generándonos una colección de disgustos y de malos ratos.
Lo bueno del tema es que a los uruguayos no nos cuesta nada hablar del tiempo, y, contrariamente a lo que mucha gente piensa, no vivimos hablando de política y de chusmeríos variados, sino del mismísimo ámbito climato-geográfico que tanto nos angustia, así el día esté primaveralmente cautivante.
No hablemos pues de estos asquerosos climas lluviosos y ventosos, que brindan una materia prima ideal, sino apenas del breve instante del cruce fugaz en un ascensor:
—Buen día.
—Buenas, ¿cómo anda?
—Y qué quiere que le diga, con este viento…
—Bueno, pero estamos en primavera, ¿no?
—Sí, pero con estas pelusitas de los plátanos me vuelvo loco, bueno, hasta luego.
Y que conste que este diálogo, sencillo y sin pretensiones, omite algunas de las temáticas de los últimos días, tales como: “Dice Vázquez Pelo que la alerta roja es un disparate, porque los tornados hay que ir a detectarlos a otras estaciones de otros países, porque acá no hay instrumental. Discúlpeme, ese chanta dirá eso, pero el crack de Agarramis, el de Sarandí, dijo que esta noche el cielo se parte en dos y que va a caer lluvia ácida, y empezará el fin del mundo. ¡Ay, doña Luciana, me parece que usted está viendo demasiadas comedias turcas, no sé de dónde sacó ese disparate!, que por otra parte, el Nube Linderos, que está en el cuatro, en el cinco y por todos lados, y hasta hace publicidad de unos enfermeros, ya no se puede creer lo que son los chivos en este país, bueno, ese dijo que va a nevar esta noche, pero mañana sale el sol”.
Esta es la prueba del nueve de que los uruguayos no estamos tan politizados o tan cholulizados como la gente dice, porque si no fuera así, los diálogos de ascensor deberían ser por ejemplo: “Ay, doña Clementina, qué me cuenta del tránsfuga ese de un tal Mujica, que no es el Pepe, claro, y que dice que ahora no va a votar más con el Frente, y nos va a dejar sin las mayorías esas regias con las que veníamos sacando cuanta ley constitucional o inconstitucional se nos ocurriera. Tiene razón, doña Francisquita, y qué bien que zafó el Bicho Bonomi de las guarangadas del facho este hijo del ditador, y me persigno para que no vuelvan esos sátrapas, pero mire que lo querían censurar, en un país donde no existe la censura, es que la llevan en el alma la ditadura, por ellos que no haiga leyes ni nada, mandan ellos y ta, ¿noverdá?”.
Y sin embargo nuestros diálogos accidentales, de ascensor, de boliche, de parada de ómnibus, siguen monopolizados por el tiempo.
Y para eso, estos maravillosos días de alertas rojas, naranjas, amarillas, violetas y negras, han dado lugar a intercambios tan valiosos como: “¿Vio que entre las chapas de la terminal de ómnibus de Piriápolis rescataron al Pilín, un gatito de la dueña del kiosco de ventas de diarios?, pobrecito, estaba muerto de miedo. Y sí, claro que lo vi, y además pude enterarme de que un 15% de las especies autóctonas de orillas del Canelón Chico se vieron afectadas por los deslaves, perdiéndose así algunos ejemplares de difícil sustitución…”.
Y nadie, en cambio, por tentadora que estuviera la parada del ómnibus, se dignó a omitir un comentario acerca de los 255 milímetros caídos en 30 minutos entre Flores y Florida, sustituyéndolo por alguna referencia a la China Suárez, a la Pampita Ardohaín, la última pareja que quedó afuera en “Showmatch”, y la injusta calificación de esa loca de Moria Casán, que cada vez está más desvergonzada con su desparpajo y su cara de caballo. No, señor. Acá de lo que se habla es del fuerte viento que no deja cruzar la plaza Independencia, el supermercado que se llueve y las imágenes que circulan por las redes sociales, con la expectativa de que pongan las prendas mojadas en oferta y comprarlas a mitad de precio.
Somos un pueblo mucho más atmosférico que político.
Y no lo olviden: lo que mata, es la humedad.