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    “Todos estamos expectantes” por ver si la ley de marihuana funciona

    El viernes por la mañana el embajador Juan Fernández Trigo firmó uno de los últimos informes que enviará a las oficinas centrales de la Unión Europea. No se refería a posibles avances en las negociaciones por un tratado de libre comercio (TLC) con el Mercosur, ni a las dificultades que tiene el gobierno uruguayo para sellar un acuerdo con la empresa finlandesa UPM. Tampoco era un resumen del trabajo que desarrolló en los últimos cuatro años y que pronto llegará a su fin. 

    Fernández Trigo escribió un informe “en profundidad” sobre el inicio, el miércoles 19, de la venta de marihuana en farmacias. “Todos estamos expectantes para ver si realmente, por esta vía, el tema de las drogas puede ir encauzándose”, dijo el embajador en una entrevista con Búsqueda. Y agregó que no hay una “campaña internacional” de presión contra el país por este tema, porque es un “experimento” cuyo resultado puede servir de guía al resto de los países.

    El diplomático dijo que las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur darán un paso fundamental antes de fin de año. Ocurrirá, en buena medida, gracias a que los gobiernos del bloque sudamericano tienen mayor “uniformidad” en sus objetivos.

    —Deja el cargo de embajador de la Unión Europea en Uruguay en las próximas semanas después de cuatro años. ¿Percibe que cambió algo en el país en ese período?

    —Un plazo de cuatro años es breve desde una perspectiva histórica, pero sí, he vivido la transición de un gobierno a otro del Frente Amplio. El período de Mujica ha sido, digamos, un período en el cual quizás haya habido una mayor exposición mediática del Uruguay con sus iniciativas. Quizás en la fase del presidente Vázquez haya habido una insistencia en tener menos visibilidad desde el punto de vista mediático, pero quizás con un trabajo más callado y más ordenado de la acción de gobierno. En líneas generales, el país sigue por las mismas coordenadas.

    —¿Y a nivel de los inversores se ve esa continuidad?

    —Veo que hay un reconocimiento de que hay legislación muy favorable para la inversión extranjera, creo que los flujos de inversión no han caído de una forma importante. Hemos armado diversos foros empresariales para mostrar que este país, gracias a su transparencia y su institucionalidad, es una puerta para ingresar al Mercosur.

    —El gobierno uruguayo dice que las negociaciones por el tratado de libre comercio con la Unión Europea están más avanzadas que nunca. ¿Qué expectativas tiene acerca de su concreción?

    —Tenemos esa experiencia frustrante de haber estado casi 18 años negociando y pensar que la cosa estaba cercana. Lo cierto es que desde el año 2004 había habido un parón, que recién se retomó un poco en 2010. Las ofertas se plantearon en 2016 y creo que se han producido una serie de elementos nuevos que facilitan el camino. Creo que el Mercosur ha superado algunas dudas que podía tener, sobre todo tras la elección del presidente Macri en Argentina. Creo que es muy importante el que haya habido una suerte de repensamiento y creo que ahora hay una mayor uniformidad en cuanto a los objetivos y lo que se pretende y se busca. Lo mismo puedo decir de la Unión Europea: hemos superado unos problemitas y ahora tenemos un impulso muy claro a favor de la profundización. Lo cierto es que en uno y otro bloque hay una convicción de que se quiere ir por ahí y de que el proteccionismo y la sustitución de importaciones no lleva a ninguna parte. Por otro lado, hay una especie de pragmatismo, de que es mucho más importante la idea de que saquemos un acuerdo a que ese acuerdo sea el mejor del mundo. Eso se nota en los negociadores de uno y otro lado.

    —En el Mercosur generó mucha desilusión que la oferta europea no incluyera bienes considerados claves como el etanol y la carne.

    —Puedo entender perfectamente que los países del Mercosur echan en falta esos productos. Por otro lado, en toda negociación las cosas más complicadas se resuelven al final y, con frecuencia, siendo conscientes de que hay determinadas cuestiones que son muy importantes, no las vamos a ignorar. A veces también hay que tener claro que esta especie de binomio “productos agrícolas del Mercosur por bienes industriales de Europa” no es tan así. Hay también intereses ofensivos en materia agrícola por parte de Europa: las denominaciones de origen, el vino, el aceite de oliva, los productos lácteos. En los cuales también queremos que haya una comprensión de nuestros intereses. En el tema industrial también hay un interés mutuo de que haya un equilibrio. Aquí nos estamos jugando mucho más que un rubro o un sector, es una oportunidad enorme, sobre todo para el Mercosur que no tiene un enganche con ninguna otra parte del mundo.

    También es una oportunidad de formalizar cosas. Tenemos la sensación de que el proceso de institucionalización dentro de los propios bloques que implica el acuerdo, facilitaría mucho la relación dentro de los bloques.

    —¿Al Mercosur le serviría este tipo de acuerdo para aclarar reglas de juego internas?   

    —Eso nos lo comentan mucho los socios del Mercosur.

    —¿Cómo incide la inestabilidad política de Brasil en la negociación?

    —No tenemos la sensación de que las cosas estén entorpeciéndose. Es más, todo va bastante bien y bastante rápido. Los calendarios que estamos manejando implican que, casi a fin de año, el acuerdo va a estar negociado, y que el peso grande de la negociación esté finalizado para el cierre del 2017.

    —El miércoles 19 comenzó la venta de marihuana en farmacias. ¿Cómo evalúa la aplicación de ese “experimento”, como lo definió José Mujica?

    —Precisamente, como un experimento. Todos estamos expectantes para ver si realmente, por esta vía, el tema de las drogas puede ir encauzándose. No ha habido una campaña internacional contra Uruguay por esto, y creo que es porque todos entendemos que lo que hay que hacer es ver si efectivamente las políticas contra las drogas dan resultado adoptando otros comportamientos y otras actitudes. En el caso del cannabis, no tiene, ni mucho menos, elementos de peligrosidad para la salud; no estoy diciendo que sea saludable, pero desde luego que no tiene el elemento de desestabilización que tienen otras drogas. De lo que se trata es de ver es si esto puede funcionar. Evidentemente se trata de un país y que, a lo mejor, esto tiene que extenderse a todos los demás para que realmente la política contra las drogas cambie. Precisamente por eso es un experimento: vamos a ver si realmente la política da resultados. Hasta ahora hemos estado reprimiendo de una forma que no ha dado grandes resultados. En un país de tres millones, si realmente hubiera que rectificar el rumbo, no sería tan grave.

    —¿La Unión Europea estaría dispuesta a seguir un camino similar?

    —No me atrevería a decir que nosotros vamos a dar ese paso. De lo que se trata es de ver si esto funciona, si el análisis que se hace de que hay que separar las drogas duras de las blandas, quitar a los narcotraficantes este sector del mercado, evitar que la gente que acude a una boca termine contaminándose y entrando en drogas más peligrosas para su salud. No vislumbro que en la Unión Europea vaya a haber un cambio de legislación, teniendo en cuenta, por otro lado, que cada vez se es más tolerante con esto. En muchos países europeos hay un nivel de tolerancia y flexibilidad con la marihuana que es apreciable, aunque no sea el paso de legalizarse y que el Estado, como pasa en Uruguay, sea el regulador.

    —Los críticos de la ley en Uruguay dicen que nadie quiere ser el conejillo de Indias.

    —En la ley está previsto el que haya que registrarse, está previsto el nivel de compra, hay un máximo de plantas para cultivar y marihuana para comprar para que no sea demasiado alto, para que no haya tráfico. Si se llega a la conclusión de que no ha funcionado, tampoco estamos hablando… no hay nada irreversible. El daño, si es que hay alguno, va a ser fácilmente reconducible.

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