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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáArruinado de medio a medio. No hay mejor modo de caracterizar el concierto de Liliana Herrero, Silvia Pérez Cruz y Maria Gadú al que asistí el viernes 25 de febrero en Medio y Medio, anunciado en Búsqueda el día anterior bajo el título “Tres Cantoras” por Javier Alfonso. Las tres solistas montaron un espectáculo en el que compartieron sus canciones (lo cual seguramente requirió un generoso esfuerzo de ensayos) en un ambiente informal alrededor de una mesa bien servida de vino y hasta un intermedio para… ¡un porro! Lamentablemente Herrero parece haber concentrado sus ensayos en estos últimos aspectos más que en las canciones, impresión aparente desde que se presentó y luego confirmada por sus reiterados olvidos de las letras, anunciados por un “¡uy, me olvidé de nuevo!” como para no dejarle dudas a la audiencia de que no estaba escuchando mal.
Herrero también arruinó el lucimiento de las diáfanas voces de Silvia Pérez Cruz y Maria Gadú intercalando su voz, que más que canto fue arenga, en las canciones exquisitamente interpretadas por las otras dos cantoras. Luego de la primera canción pidió más volumen para el guitarrista, el cual estaba perfectamente calibrado por los técnicos, como para disimular el contraste. En un atisbo de vergüenza dijo que pensaba que la siguiente canción la podría cantar con dignidad, pero fue demasiado optimista. Quien revolucionó creativamente el folclore argentino y fue ídolo pudo haber dado un paso al costado para permitir que la audiencia disfrutara del arte de sus colegas sin distracciones, pero continuó irrumpiendo e insistentemente las invitó a terminar el espectáculo. No es el primer famoso que opaca su carrera por no adaptarse o retirarse a tiempo, pero en este caso también acarreó el menoscabo de la actuación de dos nuevas estrellas en un lleno total del prestigioso Parque de Medio y Medio.
Lo más doloroso llegó al final, en el bis, con Cálice, la estremecedora canción que marcó a toda mi generación, en la que Herrero se apropió del desgarrador estribillo “Afasta de mim esse cálice”, que Maria Gadú interpreta con tanta emoción y brillantez, para luego olvidarse, créase o no, del “de vinho tinto de sangue” y reírse al respecto. ¡Qué pena que su furcio no fue pedirle a nuestro Padre: “Aparta de mí este micrófono”! Y así terminó el concierto de la diosa española, el ángel brasilero, y la pregonera argentina.
Mastropiero