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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa semana pasada mi primo hermano, el Dr. Juan Andrés Ramirez Saravia, escribió en este espacio de Búsqueda una carta denominada “Un blanco decepcionado”.
Su pluma, heredada de sus abuelos, el gran periodista del diario “El Plata” José Antonio Ramírez y el brillante abogado y político Dr. Mauro Saravia Fagalde (también mi abuelo), describieron de manera brillante lo que le pasa al blanco de a pie, al que no pertenece a una estructura o lista y tiene “compromisos” que le inhiben de decir la verdad.
La frase repetida de que no hay que pelearse en público sino que “a escondidas” ha sido una trampa histórica. Exponer nuestras diferencias es la base democrática de un partido liberal como el Blanco (llamado Nacional). Yo, como blanco, no dudo en decir lo que me parece que nos ha hecho tanto daño, como creer que los eslóganes definen a una colectividad. “Por la positiva” no es nada, como no lo fue “Cambiemos todo”. Antagónicos conceptos, pertenecen al sector de Lacalle Pou y ninguno de los dos dio el triunfo a nuestro partido.
Escribí hace un año sobre el grave error en que incurría Lacalle Pou, rodeándose de asesores teóricos que incluso le recomendaron “mandar a su padre a un retiro espiritual”, justo a Lacalle Herrera que se encontraba en una edad y capacidad para aportar mucho. Pero Lacallle Pou se rodeó de dirigentes que habían sido críticos de su padre y parecía que eso a él lo enorgullecía. Es entendible que se creyera que quienes no apoyaban a su padre y sí a él, le quitaban el peso de ser el “hijo de”, pero lo que ocurrió fue que hizo legisladores y les dio cargos a dirigentes que por cierto nada tienen que ver con el Herrerismo y el sector que fundó su padre y lo llevó a ser presidente.
La interna se ganó, pero no era el objetivo fundamental, sino que era ganar el gobierno. Pero adulones y acomodados le dijeron a Lacalle Pou que ya estaba encaminado el camino. Luisito se la creyó, se encerró entre asesores (monjes negros dije yo hace un año en este semanario) y subestimó a Tabaré Vazquez y el Frente Amplio.
Hace unos meses el brillante correligionario Dr. Ignacio de Posadas reflexionaba sobre los legisladores que Lacalle Pou llevó al Parlamento y pienso que la mayoría lejos está del Herrerismo, lo que no es malo sino que es llamativo, siendo el responsable el hijo de Lacalle Herrera y bisnieto de Luis Alberto de Herrera.
Renovación no es borrar a gente importante, más allá de la cédula. De Posadas, Durán Martínez, son ejemplos de brillantes intelectos y referentes en sus áreas, que Lacalle Pou prefirió dejar de lado por los nuevos “fenómenos” que ya nadie se acuerda ni de sus nombres.
Tabaré, leal a sus compañeros, no dudó en designar a María Julia Muñoz, a Marina Arismendi, a Víctor Rossi, a Héctor Lescano, a Danilo Astori, a Fernández Huidobro, etc. Jóvenes no son, pero son su equipo y la gente lo apoyó.
Un líder como Vázquez grita: “¡festejen, uruguayos, festejen!” y miles de compatriotas deliran y festejan. ¿Están locos? ¿Son bobos? ¿O será que sienten cercanía con ese veterano (con todo respeto por el señor presidente)?
En Argentina, hace unos 4 años, yo le presenté a Lacalle Pou a Sergio Massa (aunque después se olvidó) y los destinos fueron muy parecidos. Massa ganó las elecciones legislativas y todo parecía que su camino a la Presidencia en 2016 estaba abierto. Hace unas semanas descarriló y lo han abandonado la mayoría de sus dirigentes, dejándolo fuera de la carrera presidencial.
La Convención del Partido, que siempre fue seno de debates, enfrentamientos verbales duros, muestras de perfiles y liderazgos, fue una reunión de “amigos” (gran ausencia de convencionales), discursos de los “líderes” y la votación de una lista armada por la cúpula. Por suerte un grupo de ediles del interior se animó a presentar una lista alternativa (contra la voluntad de los “líderes”) y lograron obtener una banca en el Directorio.
La idea de que nadie se rebele, de que todo siga igual, de que todo esté quietito, de que el “status quo” no varíe y pierdan posiciones los “acomodados” de siempre, rompe los ojos y por eso en las redes sociales, el pueblo blanco grita y se queja (aún en contra de las críticas de los que están acomodados y piden silencio).
Seguro de que el partido de Saravia será el popular, y defensor de los más necesitados, donde “naides es más que naides”, donde la base sea “honradez administrativa” y donde el pueblo real se sienta identificado con sus candidatos, no con un eslogan. Seremos la gran fuerza política futura del Uruguay.
Los intendentes blancos son ejemplo de eso y en mi caso, que acompaño y voto en Florida al “Pájaro” Enciso, estoy seguro de que el camino está marcado.
Dr. Marcelo Maute Saravia
CI 1.872.800-8