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    “Unidad”, a ponchazo limpio

    N° 1846 - 17 al 23 de Diciembre de 2015

    José Mujica y Danilo Astori, quienes hasta hace solo unos meses fueron presidente y vicepresidente de la República, senador frenteamplista y titular de Economía hoy, respectivamente, volvieron a chocar públicamente en los últimos días sobre las causas de los enormes déficits registrados en Ancap (unos 600 millones de dólares) en los últimos cuatro años. Un choque por vía epistolar, de subido tono, desautorizaciones implícitas incluidas y acusaciones recíprocas de querer “correrse con el poncho”.

    El choque expone una vez más, por si fuera necesario, las tensiones originadas al interior del oficialismo por diferencias políticas e intereses sectoriales contrapuestos que la coalición gobernante da cabida desde su gestación.  

    Esta nueva colisión sorprende y fastidia a los frenteamplistas, que han soportado un año de pugnas y tensiones que han debilitado su adhesión; anima a la oposición que está encontrando espacios para aumentar su protagonismo y marcar presencia en la opinión pública; y no deja de sorprender a un sector de la ciudadanía que advierte, ahora que el ciclo económico favorable está revirtiéndose y el horizonte deja de ser promisorio, que las proclamas de unidad de tiempos electorales no fueron más que un recurso de marketing. También que todas estas diferencias, que no son menores y que surgen a diario, retrasan o impiden avanzar al gobierno en sus objetivos, que desaprovecha las posibilidades que le da la mayoría legislativa propia.

    Todos los grupos del oficialismo invocan el programa de gobierno común, un programa ambiguo que habilita a cada uno a interpretarlo según sus puntos de vista e intereses, que les permite torcerlo hacia sus propios objetivos. Y es cierto que, al menos hasta ahora, negocian sus diferencias y al final llegan a soluciones de compromiso.

    De tal forma el proceso de toma de decisiones y de su ejecución, resulta un forcejeo interminable en el que los sectores políticos más militantes, que son los más ortodoxos y “populistas”, nunca dan por perdida batalla alguna en su causa prosocialista. Ni siquiera cuando no logran su objetivo inmediato. “Gobierno en disputa”, diría acertadamente el ex senador comunista Eduardo Lorier.

    Preocupado por el annus horribilis que vivió en este 2015, en el que las dificultades del gobierno se originaron en acciones de fuerzas frenteamplistas o de sindicalistas asociados, el presidente Tabaré Vázquez se presentó el lunes 7 en la sede del Frente Amplio para exponer sobre lo ya realizado y pedirles a sus correligionarios cerrar filas junto al gobierno. Para ello calificó “la unidad frenteamplista” como la principal herramienta para defender el proyecto político de la izquierda. “Este no es un gobierno de Tabaré. Es un gobierno del Frente Amplio y lo tenemos que apoyar y defender entre todos”, enfatizó.

    Dos días después, en el programa “Santo y Seña” de Canal 4, dijo que no se le pasa por la mente la posibilidad de recurrir a votos de la oposición para aprobar alguna iniciativa si no logra el apoyo de la bancada del FA. “Quiero gobernar con los votos de mi partido, por algo  trabajamos para tener mayorías parlamentarias”, remarcó, reforzando su reclamo de unidad.

    Pero las recomendaciones de Vázquez cayeron en saco roto solo unas horas después, cuando Mujica y Astori, los otros dos referentes del FA, volvieron a enfrascarse en otra fuerte polémica pública.

    En declaraciones a radio Monte Carlo, Mujica responsabilizó al Ministerio de Economía sobre las pérdidas de Ancap, por no haber autorizado al ente monopólico a trasladar a las tarifas un “sobrecosto” de 200 millones de dólares anuales de la cuenta de distribución de combustible, decisión cuyo objetivo fue poder mantener la inflación —fuera del rango oficial desde hace años— de un dígito. A su entender, Ancap, que durante el pasado quinquenio fue presidida por Raúl Sendic, “tuvo que comerse ese choclito”.

    Astori no demoró en contestar. El jueves 17 en declaraciones a Búsqueda, discrepó “absoluta y totalmente” con el enfoque de Mujica, por cuanto “tergiversa la realidad y el verdadero problema”. Señaló que las cuantiosas pérdidas se debieron a que Ancap “incurrió en costos absolutamente excesivos” —aseguró que en cinco años “la masa salarial” del ente “aumentó 50% en términos reales” —y a que llevó adelante una “muy mala política de inversiones”. El enfoque de Mujica, agregó, “le hace mal al país, porque tiende a ocultar la verdadera razón de los problemas de Ancap y en lugar de ayudar a la empresa, la perjudica”.

    Las pérdidas del ente obligarán al gobierno de Vázquez a una importante recapitalización que habremos de pagar todos los uruguayos.

    La controversia no paró ahí ni dejó de subir de tono. El viernes 11 Mujica difundió una carta abierta insistiendo en sus puntos de vista, apuntando a la responsabilidad de Astori por la “mala gestión” de Ancap. Recordó que “los ministros de Economía fueron siempre propuestos por el señor vicepresidente”, lo cual le “obliga a preguntarse (…) por qué no se planteó investigar antes a la empresa” y por qué no lo planteó en el Consejo de Ministros. “No entiendo cómo se ayuda a otros y se elude la propia responsabilidad”, señaló. Aseguró que con el tiempo quedará claro que estos cuestionamientos del astorismo a la gestión de Sendic se deben “a asuntos que no tienen que ver con Ancap”.

    La réplica del ministro no se hizo esperar. Al día siguiente refutó, también por carta, los dichos del ex mandatario. Aclaró que no inició el “lamentable” debate sobre Ancap, de lo que responsabilizó a Sendic, a autoridades del ente y al propio Mujica. Ratificó su visión de los problemas de la empresa y respondió directamente la pregunta del ex presidente. Aseguró que tanto él como el ex ministro Fernando Lorenzo plantearon más de una vez la situación de Ancap y de otras empresas públicas que estaban fuera de control por decisiones de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, a cargo de un equipo alternativo integrado por técnicos del MPP “que no compartían la visión” del MEC y que depende directamente del presidente de la República.

    “Te pido recuerdes una tensa sesión realizada en 2012, durante la cual Fernando y yo hicimos una extensa e intensa argumentación al respecto. Lamentablemente nuestros planteos fueron inútiles. No obtuvimos respuesta ni percibimos la más mínima reacción, ni tuya ni de la OPP”, narró Astori.

    Lo que ninguno dice es que no trasladar a tarifas esas inversiones de dudoso beneficio y esos aumentos salariales seguramente para congraciarse con el sindicato y los trabajadores, y darles un respiro a los consumidores, que votan, implicó postergar un ajuste que inevitablemente sobrevendría algún día. Y eso tendrá que hacerlo ahora el nuevo gobierno, porque la factura, aunque con retraso, siempre llega. Es hora de pagarla.

    De todo esto la ciudadanía toma nota ahora gracias al trabajo de la Comisión Investigadora del Parlamento solicitada por el Partido Nacional y cuya integración el FA tanto dudó en conceder.

    No se trata solo de establecer si hubo dolo, como ha sido preocupación del FA, cabe determinar el acierto o desacierto de la gestión, de las decisiones del directorio y de las gerencias en la implementación de esas decisiones. Y la verdad es que, lo que ha trascendido en esta instancia legislativa despierta enormes dudas y sospechas de las motivaciones reales de decisiones harto discutibles, de tapaderas, amiguismos y de la construcción de carreras políticas en base a recursos públicos.

    Esta vez las culpas no se las pueden cargar a “la derecha”.