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    “Uruguay está en un tipping point” donde podría “volverse rico en serio”, pero debe sortear desafíos demográficos y tecnológicos

    Un nuevo período de gobierno es “una oportunidad para definir una estrategia de mediano plazo” para el sistema previsional, aunque habrá medidas que se implementarán “en 10 minutos y otras en 10 años”, sostiene especialista del Banco Mundial

    En un trazo grueso, el objetivo de las políticas de cualquier gobierno debería ser que el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita del país crezca, de forma que haya más bienes y servicios para repartir. Para el Uruguay de los próximos años, un desafío será cómo lograr que ese crecimiento económico ocurra cuando, con una población cada vez más envejecida, haya menos trabajadores para producir. Los cambios tecnológicos, si se saben aprovechar, podrían contrarrestar en parte el problema.

    De hecho, según Rafael Rofman, referente del Banco Mundial para el Cono Sur en temas de educación, trabajo, protección social y pobreza, Uruguay “está en un tipping point, ese punto donde podría volverse rico en serio. Lo que necesita es avanzar muy rápido, hacer un switch muy fuerte para aprovechar el espacio que da el bono demográfico y los cambios tecnológicos y así aumentar mucho la productividad. Si logra hacer eso, salta hacia el otro lado”.  

    El desafío en cuestión tiene implicancias para el régimen de seguridad social, que con su déficit creciente se metió en la agenda de los candidatos en carrera para octubre próximo (ver página 46). Para este economista argentino con un doctorado en demografía por la Universidad de California, el nuevo período de gobierno será una oportunidad para definir una estrategia de reforma a mediano plazo. “No es muy importante si es en un año, seis o 30 meses, pero sí que pronto haya una visión clara hacia dónde debería ir el sistema previsional y qué medidas deberían tomarse para ir en esa dirección. Algunas se implementarán en 10 minutos y otras en 10 años”.

    Sobre estos temas habló con Búsqueda en la siguiente entrevista.

    —El déficit de la seguridad social crece y provoca tensiones fiscales ¿Qué tan urgente es reformar el régimen?

    —El sistema funciona bien. Eso no quiere decir que no haya desafíos: están generándose procesos, vinculados básicamente a la demografía y al cambio tecnológico, que irán aumentando la presión sobre la cuestión previsional, la salud, el mercado de trabajo.

    En ese sentido, no es necesario hacer cambios inmediatos, a partir de mañana. Pero en materia previsional cualquier cambio —y sobre todo los bien hechos— es lento, gradual, planificado, y eventualmente lleva décadas. Entonces, lo que es urgente es discutirlos y planificarlos, para poder empezar a implementarlos; si se espera a la crisis para comenzar la discusión, seguramente se llega tarde.

    —¿El inicio de un nuevo período de gobierno favorece ese debate?

    —Un nuevo período de gobierno es una oportunidad para definir una estrategia de mediano plazo. No es muy importante si es en un año, seis o 30 meses, pero sí que pronto haya una visión clara hacia dónde debería ir el sistema previsional y qué medidas deberían tomarse para ir en esa dirección. Algunas se implementarán en 10 minutos y otras en 10 años.

    —Dice que el sistema en general funciona bien. ¿Qué es lo que hay que cambiar y cómo?

    —El sistema cubre casi a la totalidad de los adultos mayores y eso es valioso; tiene niveles de beneficios razonables comparado con otros países de la región que permiten que no haya valores significativos de pobreza en esa población; y es relativamente caro, algo así como 12,5% del Producto del país, sumando también a las cajas. Lo que viene para adelante es que el proceso de envejecimiento continuará, lo mismo que los cambios tecnológicos que implican más inestabilidad y formas distintas de relaciones laborales. Habrá que ajustar los sistemas previsionales a esa nueva realidad.  

    La dinámica de hacerse viejo para una sociedad implica algo muy parecido que lo que significa para un individuo. Para cualquier persona, un objetivo central es hacerse rica —en el sentido de juntar recursos suficientes— antes de hacerse vieja. Las sociedades a las que les ha ido bien son aquellas que primero se hicieron ricas antes de envejecer demográficamente; es muy difícil acumular capital humano, físico y financiero una vez que la sociedad envejeció, porque allí la demanda de consumo es mucho más alta. Entonces, hoy Uruguay está en medio de la transición demográfica y es cuando necesita acumular activos que le permitan después financiar el programa de protección para los adultos mayores, así como los costos de salud que vienen junto con esa transición demográfica y los programas de cuidados para ese sector.

    'La dinámica de hacerse viejo para una sociedad implica algo muy parecido que lo que significa para un individuo. Para cualquier persona, un objetivo central es hacerse rica —en el sentido de juntar recursos suficientes— antes de hacerse vieja. Las sociedades a las que les ha ido bien son aquellas que primero se hicieron ricas antes de envejecer demográficamente; es muy difícil acumular capital humano, físico y financiero una vez que la sociedad envejeció'.

    —¿No llega tarde Uruguay en esa necesaria acumulación de riqueza que señala?

    —Está llegando más temprano que la mayoría de los países de la región si miramos que es el más rico en términos de su PBI per cápita. Pero es importante sostener eso y acumular capital: humano —y la educación y la generación de habilidades para el trabajo del futuro es una parte central—, financiero —ahorro nacional que permita financiar inversiones— e infraestructura y tecnología.

    Uruguay está en un tipping point, ese punto donde podría volverse rico en serio. Lo que necesita es avanzar muy rápido, hacer un switch muy fuerte para aprovechar el espacio que da el bono demográfico y los cambios tecnológicos y así aumentar mucho la productividad. Si logra hacer eso, salta hacia el otro lado.

    El objetivo de política definido en términos muy macro debe ser que al final del día el Producto per cápita crezca, lo que quiere decir que habrá más bienes y servicios por persona para repartir. El riesgo del envejecimiento es que se tengan menos trabajadores y no se pueda aumentar el PBI por habitante; la ventaja de la tecnología es que permite incrementar la productividad y compensa lo otro. El truco está en tener estrategias que macheen ambas cosas. Hay que repensar, por ejemplo, cómo se vincula el mercado de trabajo y el sistema previsional: en nuestros países venimos de un modelo muy tradicional formado en la primera mitad del siglo XX, con ideas muy duras sobre cómo es el ciclo de vida de una persona –un hombre que a los 20 años empieza a trabajar, que lo hace prácticamente siempre en el mismo lugar, que se casa con una mujer que es ama de casa, luego se jubila, muere y ella cobra una pensión— que se ha vuelto mucho menos predecible. Hay que reconocer esto para permitir y promover que una persona con 60 y algo de años, que está bien de salud, que tiene una capacidad de productividad importante, siga produciendo. De hecho, en Uruguay la edad de jubilación promedio es de 63 años, pese a que la mínima exigida es 60.

    También se podría facilitar más el retiro parcial.

    —¿Incorporar un esquema de cuentas nocionales, como propone el candidato del Partido Colorado, Ernesto Talvi, puede ser un alternativa para Uruguay?

    —No conozco en detalle la propuesta.

    Lo que hoy tenemos en la mayoría de los países de América Latina es una regla que define cuánto se cobrará al momento de jubilarse en porcentaje de algún salario de referencia. El esquema de cuentas nocionales es algo parecido a eso, pero contabilizando en una cuenta personal virtual a cierto valor cada año de aporte, asociado, por ejemplo, a la evolución del PBI. La ventaja de esto es que es posible ir dando de manera más o menos automática los beneficios del crecimiento de la economía; el riesgo mayor es que la decisión de cuál es la rentabilidad es política. Y entonces, según cada sociedad, cuánto se les cree o no a quienes van a tomar esa decisión por los próximos 30 años. Uruguay en ese sentido está en una posición envidiable porque tiene instituciones muy sólidas. En otros países de la región, al proponer eso, dirían: “estás completamente loco”.

    Por otro lado, en teoría la cuenta nocional es actuarialmente perfecta: a la persona se le paga exactamente en función de lo que aportó. Lo que no permite es hacer políticas redistributivas, aunque se podría por fuera del sistema.

    'Uruguay está en un tipping point, ese punto donde podría volverse rico en serio. Lo que necesita es avanzar muy rápido, hacer un switch muy fuerte para aprovechar el espacio que da el bono demográfico y los cambios tecnológicos y así aumentar mucho la productividad. Si logra hacer eso, salta hacia el otro lado'.

    En suma, las cuentas nocionales son un mecanismo alternativo para calcular la tasa de remplazo. Al final del día, no es mejor ni peor.

    —Las cajas especiales de seguridad social son parte del problema. ¿Qué hacer con eso?

    —Si mañana algún banco en Uruguay cierra, la caja pierde ingresos; o si abre un banco, recibe un montón de plata nueva. Quiero decir: las cajas están muy expuestas a idas y vueltas de corto plazo, porque son relativamente chicas y no comparten riesgos con el resto de la sociedad. La manera de arreglar esto es unificando el modelo –lo que tiene desafíos políticos e institucionales importantes— o estableciendo mecanismos similares a un reaseguro; una regla por la cual una le transfiere fondos a la otra si el origen del déficit se produce por movimientos de una persona de una actividad a otra. No tiene sentido que sea un problema para la sociedad uruguaya que alguien deje de trabajar en un banco y pase a hacerlo a un comercio por el mismo salario y sigue pagando lo que debe pagar, pero de pronto hay un problema fiscal porque la caja bancaria tiene déficit. ¡El señor está aportando a algún lado!, ¡la plata está! Lo que no está funcionando bien es reconocer mejor esos derechos cruzados. Ahí hay que encontrar un punto de equilibrio para que al final del día dé lo mismo a dónde se aportó.

    —¿Hay algo para arreglar en el régimen de AFAP?  

    —Allí el problema muy serio que todo el mundo registra es la ausencia de competencia en la fase de pago de las pasividades.

    Es muy difícil encontrar solución porque el problema tiene que ver con el mecanismo de indexación de las pasividades vinculado a los salarios, y para una aseguradora privada es muy difícil entrar en este mercado porque no tiene cómo calzarse. Una solución que he escuchado como una propuesta es que el Estado emita bonos que cubran ese descalce, pero en realidad el riesgo, en lugar de recaer sobre el Banco de Seguros, pasa al Ministerio de Economía.

    Esto solo se va a solucionar si en algún momento se empieza a generar un mercado de capitales privado que tenga activos que se calcen. Es muy difícil, pero es algo que hay que pensarlo.

     

    Recuadros de la entrevista

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